En la quinta sesión de nuestra Escuela de Padres tratamos de dar respuesta a una pregunta: ¿Cuáles son los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos?
El objetivo era el de definir y delimitar las cosas que afectan negativamente a nuestro hijo, para buscar una manera de actuar ante cada de ellas. Muchos fueron los temas que detectamos como fuentes de conflicto, tantos, que tan sólo pudimos analizar en profundidad dos de ellos. De ese análisis extrajimos las siguientes pautas educativas:
- La relación entre hermanos: ya habíamos comentado en otra ocasión, que la relación entre los hermanos en una fuente inagotable de conflictos. Por regla general, el origen del problema suele estar en la comparación. En función de su edad y de otras características, solemos tratar a cada uno de nuestros hijos de manera diferente. Parece lo más lógico, pero no podemos olvidar que en casa se mezclan dos mundos, el mundo adulto (representado por los papás) y el mundo de los niños. La lógica de ambos mundos no tiene por que ser la misma, de hecho rara vez coincide.
Dentro de casa, frente a los padres que representan la autoridad, los hermanos se perciben entre ellos como iguales. Es por esa percepción por lo que les resulta molesto que existan reglas ‘ventajosas’ para uno de ellos, normalmente para el menor. Solemos ser más permisivos y condescendientes con los hijos pequeños, porque son pequeños, pero eso supone un agravio comparativo para sus hermanos mayores. La culpa no es sólo de los hijos, ya que los padres frecuentemente hacemos comentarios y actuamos de manera que se refuerza la idea de la igualdad entre hermanos, pero luego ‘favorecemos’ al chico.
Para evitar ser cómplices de esta ‘igualdad engañosa’ que luego se vuelve contra nosotros, debemos esforzarnos como padres en diferenciar claramente lo que supone ser el mayor y ser el pequeño. Es decir, cuando no dejamos hacer algo a nuestros hijos pequeños por ser todavía pequeños, debemos recalcarlo y hacerlo público, de manera que nuestro hijo mayor se dé cuenta de que ser pequeño tiene sus inconvenientes. Cosas que él puede hacer por ser el hermano mayor, al pequeño no se le permiten. Si logramos que nuestro hijo mayor se dé cuenta en la práctica de que al pequeño también se le ‘discrimina’ por razón de edad, luego podemos recordárselo como contrapartida cuando él intente hacer algo impropio de sus años.
Ahora bien, es importante que el mayor tome conciencia de esta diferencia de trato en función de la edad de manera práctica. Por mucho que lo digamos, las palabras se las lleva el viento, tiene que ver y experimentar directamente cómo al pequeño se le impide hacer ciertas cosas y cómo se le dice ‘NO porque eres demasiado pequeño’. Esa es la manera de que luego pueda aceptar un ‘NO porque eres demasiado grande’.
Además, debemos cuidar mucho la coherencia de nuestros actos, no podemos decir hoy que no y mañana que si aleatoriamente. Como padres, debemos ponernos de acuerdo en qué le está vetado al pequeño y qué al grande, porque si los límites no están bien definidos, a los ojos de nuestros hijos estaremos actuando de manera injusta y la medida dejará de tener valor. Así mismo, esta diferencia debe alcanzar a todos los aspectos de la vida familiar ya que no tendría sentido que para algunas cosas estemos hablando de grande-pequeño y para otras no.
- Las autoexigencias y el perfeccionismo: otro aspecto que afecta a nuestros hijos es el nivel de exigencia al que se someten a sí mismos. Tienden a ser muy perfeccionistas con lo que les interesa y si no consiguen que las cosas salgan como ellos quieren se agobian. Lo conflictivo de este asunto es que su agobio puede llegar a ser excesivo, convirtiéndose para ellos en un gran ‘sufrimiento’. La manera que tenemos como padres de actuar frente a esto es la de trasmitir día a día a nuestro hijo que los errores forman parte de la vida, que las cosas no siempre tienen que estar perfectas y que se puede ser muy feliz aunque algunas cosas no estén exactamente como nos gustaría. La manera de trasmitir esto a nuestros hijos es creyéndonoslo primero nosotros. Si en nuestra vida diaria somos menos exigentes con las cosas menos importantes y no respondemos con ansiedad ante los errores, estaremos ofreciendo a nuestros hijos un patrón de cómo afrontar la vida de manera más saludable.
Otra manera para incidir sobre esto es la de volvernos preguntones. Se trata de darle la vuelta a la tortilla, nuestros hijos son expertos en preguntarlo todo y a nosotros nos toca siempre contestar. Cuando vemos que nuestro hijo se agobia con algo, que se está viendo superado por las circunstancias a causa de su excesiva autoexigencia, podemos usar la técnica de preguntarle todo lo que se nos ocurra al respecto (¿por qué te agobia tanto esto?, ¿qué has intentado hacer para resolver el problema?, ¿de verdad tienes prisa por acabar lo que estás haciendo?, ¿qué puedo hacer para ayudarte?...). La clave es tener agilidad mental para adaptar nuestra batería de preguntas a las respuestas que nos vaya dando y a su estado anímico. Al hacer preguntas, le ayudamos a darse cuenta de cosas de las que quizás no se haya dado cuenta por culpa del agobio. También le mostramos nuestra disposición para ayudarle y nuestro interés por su preocupación.
Por último, en este mismo sentido, podemos trabajar con nuestro hijo el tema de la autoexigencia desde el punto de vista del calendario, ayudándole a planificar bien su tiempo. Sentarnos con él cuando está tranquilo y hablar sobre sus planes a corto plazo, las cosas que le gustaría hacer, cómo va a organizar su tiempo para no agobiarse… es otro punto más de unión con nuestro hijo y una buena herramienta preventiva. Estas charlas organizativas nos brindan además una información muy útil para evaluar la evolución de nuestros hijos y para ayudarlos a ir mejorando, ya que si luego se agobian porque se ven saturados, podemos analizar en qué falló nuestra planificación inicial y aprender de esta forma a repartir mejor nuestro tiempo.
La próxima sesión de la Escuela de Padres será a la vuelta de semana santa. El día aún está por determinar, pero se avisará con tiempo, junto con el calendario de las sesiones de Habilidades Sociales para el tercer trimestre.
Lo que sí podemos adelantar es que en la siguiente sesión seguiremos trabajando sobre los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos, y para ello recordamos la pregunta inicial para seguir reflexionando en casa: ¿Cuáles son los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos?
Además de esta cuestión, como vamos a tardar al menos tres o cuatro semanas en volver a reunirnos, os propongo otra actividad para realizarla en casa. En cualquier proceso educativo hay que marcarse unos objetivos, que son las cosas que pretendemos lograr con nuestras acciones como educadores. Los padres somos los primeros y principales educadores de los hijos y, aunque no solemos planteárnoslo formalmente, todos tenemos en nuestra cabeza los objetivos que nos gustaría alcanzar en la educación de nuestros hijos.
Os propongo que intentéis poner por escrito las metas que os gustaría alcanzar, lo que queréis conseguir al educar a vuestros hijos. No se trata de escribir el manifiesto del padre perfecto, sino de volcar realmente vuestras inquietudes y deseos sobre el papel. Al fin y al cabo, hablar de objetivos no es más que responder a la pregunta ¿qué es lo que queremos conseguir como padres?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada