Uno de los temas sobre los que profundizamos en la última reunión fue el de las injusticias. Cuando los acontecimientos no se adaptan a lo que nuestros hijos consideran ‘lógico’ se sienten engañados, traicionados e incomprendidos, lo que genera en ellos un profundo malestar. Nuestros hijos necesitan entender cómo funciona el mundo y por eso, a edades muy tempranas ya tienen muy definida su propia escala de valores y su patrón de normas sociales. Pero como son niños, hay multitud de factores que se les escapan teniendo habitualmente una visión incompleta o idealizada de cómo debe ser el mundo. Es precisamente aquí donde se producen los conflictos, ya que ellos confían plenamente en su idea de cómo deben ser las cosas y cuando la realidad no se ajusta a sus expectativas lo viven como una ruptura de la norma, de lo que está bien. No tiene sentido para ellos que no se cumpla lo que es lógico.
En un caso así, en el que el agobio surge a causa de una ‘injusticia’ (entre comillas porque no siempre son injusticias reales), lo primero que tenemos que hacer es intentar aclarar las cosas. Tenemos que pedir a nuestro hijo que se calme para poder explicarnos la situación en toda su dimensión. El simple hecho de que sea capaz de calmarse y de contar qué es lo que ha pasado (sin montar una escenita) ya supone un gran paso adelante porque de ese modo le estaremos enseñando a afrontar los acontecimientos con mayor serenidad y a buscar el desahogo hacia fuera (contándole a otras personas lo que le pasa) y no hacia dentro (alimentando su ira y su angustia).
Cuando nuestro hijo nos cuente con tranquilidad lo ocurrido será el momento de determinar hasta qué punto la injusticia es real o no o, dicho de otro modo, hasta qué punto nuestro hijo tiene razón. A veces, lo que a ellos les parece la mayor de las injusticias no es más que una diferencia de criterios o puntos de vista. En tal caso, lo que debemos hacer como padres es tratar de mostrar a nuestro hijo un enfoque completo de la situación, de modo que comprenda por qué ha pasado lo que ha pasado y, sobre todo, por qué las otras personas implicadas han actuado de esa manera. Esto último es importante, ya que hay que evitar que piensen que la gente actúa deliberadamente para hacerles daño o molestarles.
Pero, muchas veces, lo que a nuestro hijo le parece una injusticia realmente lo es -el problema es que vivimos en una sociedad que no siempre es justa. En estos casos no podemos justificar las actuaciones de los otros implicados (no debemos quitarle la razón a nuestro hijo cuando es evidente que la tiene), sino que lo que tenemos que intentar es que sea capaz de asumir que las reglas del juego no siempre funcionan correctamente. Debemos enseñarles que la sociedad la conforman las personas, y las personas se equivocan, por tanto vivimos en un mundo imperfecto.
Nuestro esfuerzo debe estar más encaminado al largo que al corto plazo. Las reacciones de angustia por las injusticias son difíciles de controlar, por eso nuestra meta debe ser que aprendan a aceptar que siempre van a encontrar en su vida cosas que no les gusten y eso no puede hundirlos.
Otro de los temas abordados, más directamente relacionado con nosotros que con nuestros hijos, es el de la interpretación que hacemos de las cosas que les pasan. A veces caemos en el error de buscar un por qué a todo lo que tiene algo que ver con nuestros hijos y eso nos lleva a encontrar respuestas muy elaboradas pero no siempre correctas. Podemos analizar todo lo que hace nuestro hijo desde la óptica de la sobredotación, pero a veces la explicación a las cosas que le pasan a nuestro hijo es tan sencilla como que nuestro hijo es un niño y actúa con la inocencia propia de su edad.
Por ejemplo, en la reunión del viernes discutimos largo y tendido sobre el motivo por el que nuestros hijos parecen tener un resorte en el brazo que se dispara en cuanto le hacen una pregunta. Formulamos cantidad de posibles explicaciones (ganas de destacar, ganarse al adulto, demostrar su conocimiento…) pero en la mayoría de los casos, nuestros hijos levantan la mano en clase (o en cualquier sitio donde les den la oportunidad) porque son niños. Esa es la explicación. Si alguien lanza una pregunta a un grupo y yo sé la respuesta, lo normal es que la conteste. Pues eso sumado al clima escolar, en el que se premia el aprendizaje y los conocimientos, hacen que nuestro hijo quiera contestar a todas las preguntas sencillamente porque sabe la respuesta.
Otro ejemplo real. Nuestro hijo no quiere dormir en su habitación desde que llegó el hermanito que duerme en el dormitorio con nosotros. Podemos pensar en celos, terrores nocturnos, ansiedad de separación… Sin embargo la explicación que da nuestro hijo es que no quiere dormir solo, quiere dormir con su familia. Es normal que si todos duermen en la misma habitación él no quiera estar fuera de su familia.
En definitiva, cuando buscamos la explicación a algo relacionado con nuestro hijo debemos empezar por analizar las explicaciones más sencillas, y en el caso de que no sirvan, entonces iremos a otras posibles causas. Pero, de entrada, debemos tener más empatía con nuestros hijos y para ello tenemos que perder el miedo a preguntarles por sus cosas y mantener conversaciones ‘adultas’ con ellos. No se trata de renunciar a nuestros roles de padre e hijo, sino de aprovechar sus características (saben hablar y explicar su postura) para solucionar los problemas.
Por último, el tercer gran tema que se trato en la reunión fue el de cómo, cuándo y cuánto contarle a nuestro hijo del tema de la sobredotación. Partimos de la idea de que desde muy pequeños nuestros hijos ya perciben que no son como los demás. Ellos se sienten raros y necesitan saber que no les pasa nada malo, por lo que decirles que son sobredotados y que eso no es algo negativo es importante. Ahora bien, tampoco se trata de contarle de sopetón la historia ni de recordárselo todos los días. Como padres debemos saber cuándo nuestro hijo necesita mantener una conversación sobre el tema. A veces nos lo va a pedir directamente, formulándonos preguntas más o menos relacionadas con el tema. Otras veces la petición no será verbal, sino que nos lo hará saber por su estado de ánimo o su rendimiento; en ese caso seremos nosotros los que busquemos la conversación. De un modo u otro, lo importante es que nuestro hijo se acepte a sí mismo y que se valore positivamente, por lo que sus dudas sobre lo que significa ser sobredotado no deben ser un factor más que juegue en su contra.
En cualquier caso, también debemos cuidar que de un extremo no se pase al otro, es decir, que nuestro hijo empiece a alardear de su ‘inteligencia’ frente a los demás niños. Esto también es una mala interpretación de lo que significa ser sobredotado, por ello también tenemos como padres que aclararle esa duda.
Por último, recordar que la próxima sesión tendrá lugar el viernes 15 de Mayo, y en ella empezaremos a trabajar sobre los objetivos que nos marcamos como padres en la educación de nuestros hijos. Lo ideal es que cada uno llevemos de casa nuestra lista de objetivos (lo que quiero conseguir) para poder dedicarnos de pleno a trabajar sobre ellos.
martes 28 de abril de 2009
Tres asuntos: la injusticia, nuestra interpretación de la realidad de nuestros hijos y cómo tratar con ellos su condición
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