En la pasada sesión de la Escuela iniciamos el trabajo sobre los objetivos que, como padres, nos marcamos en la educación de nuestros hijos. Fueron muchas las ideas que se comentaron y muy diversos los posibles objetivos que se plantearon, pero de todo lo que se habló podríamos destacar como primera conclusión relevante la siguiente: para poder alcanzar cualquier objetivo con nuestro hijo debemos empezar analizando nuestra propia labor como padres. O lo que es lo mismo, si queremos conseguir resultados, las actuaciones se deben producir en nuestra manera de pensar y actuar. No sirve de nada aumentar nuestro nivel de exigencia sobre nuestros hijos si nuestro comportamiento como padres no favorece su correcto desarrollo.
Uno de los objetivos que todos los asistentes consideramos básico es conseguir que nuestro hijo sea autónomo en la realización de tareas relacionadas con la higiene personal, en las rutinas del día a día (levantarse para ir al cole, sentarse a la mesa a la hora de comer...). En este sentido volvemos a incidir sobre algunos asuntos que ya hemos comentado en anteriores ocasiones. Tenemos que hacer un esfuerzo por aprender a ver el mundo con los ojos de nuestros hijos. En la mayoría de los casos, las tareas rutinarias son obligaciones impuestas desde fuera, no necesidades que nuestro hijo percibe como algo suyo, algo personal. Llegan a ver este tipo de cosas como algo que hay que hacer porque papá y mamá quieren que lo haga, no porque realmente sean importantes o necesarias. Se podría decir que cuando lo hacen nos están haciendo un favor. Si nuestros hijos tienen esa forma de entender las tareas del día a día, en gran parte es porque nunca han experimentado qué ocurre cuando esas tareas no se realizan y eso pasa porque cuando dejan de hacerlas, siempre aparecen papá o mamá al rescate para hacer lo que ellos no han hecho. De este modo estamos fomentando la sensación de que no deben preocuparse por esas cosas tan aburridas, porque al final siempre salen adelante y no hay repercusiones negativas. Debemos dejar de poner el parche antes de que salga la herida. Si queremos que nuestros hijos sean autónomos ¿no deberíamos empezar a dejar que se ocupen solos de sus obligaciones?
Como ya comentamos en anteriores sesiones, se trata de empezar poco a poco a dejarlos solos frente a lo que es su responsabilidad. Desglosar las tareas cotidianas que queremos que hagan en pequeñas acciones nos puede ayudar a ir avanzando paso a paso en el camino de la autonomía.
El segundo objetivo sobre el que estuvimos debatiendo fue que nuestro hijo aprenda el valor del esfuerzo, que entienda que las cosas no son gratuitas y que hay que ganárselas. Todos estábamos de acuerdo en la importancia del esfuerzo, pero parece que resulta difícil fomentar en nuestro hijo ese valor cuando lo que está ocurriendo a su alrededor es que cada vez con más frecuencia se obtienen recompensas inmerecidas (ejemplo: te compro el último videojuego a pesar de las malas notas, o peor aún, te compro cualquier capricho para que te calles y dejes de protestar).
Frente a una realidad como esta debemos tener claro que no podemos dudar. Estamos educando y si empezamos a cuestionar nuestros propios valores, mal empezamos. Como padres (como educadores) debemos ser coherentes y mantener firmes nuestros criterios. Sabemos de sobra lo que a nuestros hijos les indignan las injusticias. Cuando a su alrededor ven que a otros niños no se les exige igual que a ellos se sentirán contrariados, pero en ese momento debemos ser capaces de apelar a su lógica y su moral. Ellos saben que lo correcto es esforzarse para conseguir las cosas y saben que la que lo está haciendo mal es la otra familia y no la suya; por tanto, debemos ser sinceros con nuestro hijo y explicarle por qué actuamos de esa forma, por qué es importante que se gane las cosas. Si le argumentamos y razonamos nuestra negativa a un capricho (ya sea por ser tonto, excesivamente caro o inmerecido), nuestro hijo, como niño que es, tendrá un primer momento de disgusto, pero acabará entendiendo por qué lo hacemos, y eso es lo más importante: que nuestro hijo entienda por qué hacemos las cosas, que vea nuestra coherencia como padres (educadores).
Del mismo modo que debemos argumentar y razonar a nuestro hijo las limitaciones ("no te dejo porque…", "no te lo compro porque…") también debemos argumentar con el mismo énfasis las recompensas ("esto te lo compro porque…", "sí puedes hacer eso porque…"). De esta forma nos aseguramos de que entiendan con claridad nuestros criterios.
También puede resultar útil, cuando nuestro hijo se compare con los amigos a los que se lo dan todo sin esfuerzo, recordarle las cosas que sí tiene o de las que sí ha disfrutado, de manera que entienda que no es que a él se le niega todo por sistema, sino que las cosas llegan cuando tienen que llegar y que él es capaz de conseguir con su esfuerzo cualquier cosa que se proponga.
El tercer objetivo sobre el que reflexionamos hacía referencia a que nuestro hijo se tome la vida menos en serio, con menos gravedad, que sea menos dramático. En este punto, volvemos a remitirnos a sesiones anteriores, cuando hablábamos de la importancia de saber escuchar a nuestros hijos para ayudarlos a desahogarse. Ideas como:
- dejarlo contar las cosas a su modo sin interrumpirlo (por muy extraña que nos parezca la historia o muy extremo su punto de vista),
- no quitarle importancia a sus asuntos como si fueran tonterías (en todo caso hay que hacerlo de forma argumentada y con razones de peso),
- plantearle cuestiones que le ayuden a verbalizar el problema para encontrar una solución (también nosotros podemos adoptar el papel de preguntar una y otra vez ‘por qué’),
- retomar el tema cuando nuestro hijo ya lo haya olvidado (para analizar desde la distancia y la tranquilidad si realmente era tan importante y merecía la pena pasar ese mal rato)
Son técnicas que debemos tener siempre presentes a la hora de ayudar a nuestro hijo en un momento de tensión, así como la infinita paciencia para dedicarle el tiempo que necesite en un momento de crisis, porque esa es la única manera de que se sienta comprendido y querido por encima de todo. Si nuestro hijo es lo más importante del mundo ¿por qué no vamos a dedicarle todo el tiempo que necesite en un momento tan delicado para él?
El último de los objetivos sobre los que nos dio tiempo a conversar fue uno que constantemente iba apareciendo de forma secundaria en todos los demás. Queremos que nuestros hijos se respeten a sí mismos, que tengan una sana autoestima. Para esto, hay dos pilares fundamentales: el testimonio vital de los padres, y la familia como santuario.
Como padres (como educadores) somos la referencia principal de nuestro hijo. Es imposible fomentar en ellos la autoestima, el respeto por sí mismos y el querer a su propia persona, si nosotros no lo hacemos con nosotros mismos. Nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras inseguridades… forman parte de nuestra personalidad, de lo que somos y, por lo tanto, de lo que trasmitimos. Eso no quiere decir que forzosamente estemos perjudicando a nuestros hijos, sino que para ser buenos padres (educadores) debemos ser buenas personas, y una buena persona tiene que cuidarse, tiene que confiar en sí misma y tiene que quererse mucho. Ahora bien, nadie es perfecto, todos estamos en un proceso continuo de crecimiento personal y eso también deben saberlo nuestros hijos. Cuanto antes rompamos con la idea de "padres todopoderosos", menor será el conflicto de nuestros hijos al descubrir que somos humanos. Además, compartir con los hijos nuestras debilidades aporta un elemento más de unión y de identificación. Juntos podemos analizar ciertos problemas de unos y otros y juntos podemos encontrar soluciones. De algún modo también mostramos a nuestro hijo que no somos perfectos, pero que nos esforzamos por mejorarnos como personas, por ser más felices.
En cuanto a la familia como santuario, debemos tener claro que la autoestima es algo personal, pero que no podemos construir sin interacción social. Es decir, mi autoestima depende de mis relaciones sociales. Sabemos que, por su sensibilidad, nuestros hijos están especialmente expuestos al desanimo y que en su entorno encuentran con mucha facilidad motivos para la tristeza. Es por esto que resulta fundamental que el clima familiar sea agradable. Por muy duro que haya sido el día para nuestro hijo, debe saber que al llegar a casa le espera un entorno en el que se siente seguro, protegido y sobre todo querido. La familia debe ser la "parada en boxes" donde nuestro hijo se recargue para los avatares de la vida. Pero ojo, favorecer el buen clima familiar no significa dejar que nuestro hijo sea el rey de la casa. No olvidemos la coherencia y los valores fundamentales de la educación de los que hablábamos antes. Se trata de darle su lugar en la familia, de hacerlo sentirse importante, de mostrarle que se cuenta con él para las cosas que se hacen en casa y que existe una confianza plena en él.
Además de esto, es importante recordar que no debemos perder los estribos con nuestros hijos. Más vale echarle 3 o 4 pequeñas regañinas controladas que una única bronca sin control. Es cuestión de no esperar al límite. Mejor bajar el nivel de permisividad y actuar cuando aún no estamos enfadados del todo.
Junto con estos temas, fueron saliendo a lo largo de la sesión otros que quedan aquí recogidos:
- Nuestros hijos no tienen maldad: a menudo se llevan grandes desengaños porque confían en la bondad de todo el mundo. Esto va generando pequeños conflictos y lo pasan mal. Sin embargo, no podemos olvidar que son niños, y que emocionalmente aún no tienen madurez suficiente para afrontar ciertas cosas. Por sus características (por su sensibilidad), si vivieran desconfiando de todos y pensando que la gente es mala y actúa deliberadamente para hacer daño, estarían constantemente tristes y no querrían relacionarse con nadie. Conviene más un hijo inocentón que no ve la maldad en un compañero de clase que le ha dado una patada haciendo gimnasia, que un hijo sumido perpetuamente en la amargura de que el mundo en el que vive es malo.
- Nuestros hijos se acaban resignando: para poder participar de ciertas actividades con los demás, pueden llegar a asumir papeles poco atractivos en el grupo (por ejemplo: siempre acaba siendo el portero porque nadie quiere que juegue en su equipo de fútbol). Podemos pensar que eso es cruel y que nuestro hijo no merece ese trato, pero la vida es difícil, y no siempre podemos conseguir las cosas que queremos. Desde el punto de vista social es importante que nuestros hijos aprendan que saber resignarse forma parte de la vida, y si en el colegio ya han empezado de forma espontánea a ‘adaptarse al medio’ ese es un camino que ya tienen recorrido.
- Lo que intentamos enseñar en casa choca frontalmente con lo que se vive en la calle: muchas veces podemos equivocarnos al ser muy radicales con las cosas que tratamos de enseñar a nuestro hijo, por ejemplo: no se pega. Pero por encima de todo debemos tener presente que la educación es un transmisión de valores y lo que enseñamos a nuestro hijo es un reflejo de esos valores. La paz y la no violencia son indiscutiblemente un valor fundamental que debemos inculcar a nuestros hijos. A veces, en el proceso podemos cometer pequeños errores, de forma que nuestro hijo tenga tan interiorizado que no se pega que ni siquiera se defiende cuando otros le atacan. De los errores se aprende. Podemos cambiar el planteamiento de la idea sin cambiar el fondo de la misma. Si en lugar de no se pega decimos a nuestro hijo que no empiece peleas pero que no deje que nunca nadie le pegue, seguimos en el campo de la paz y la no violencia pero además introducimos la idea de la autoprotección y por añadidura la autoestima. Si el mundo está loco, la culpa no la tiene nuestra escala de valores y nuestro hijo se merece recibir una educación plena y correcta.
La próxima sesión de la Escuela será el día 12 de Junio. En ella seguiremos trabajando sobre nuestros objetivos como padres (educadores). Espero que sigáis trayendo más posibles objetivos pensados de casa, porque es gracias a vuestra participación como podemos seguir trabajando.
Por último os recuerdo que la página web tiene un foro (http://www.asucadiz.es/foro/) que lleva varias semanas funcionando en el que existe un apartado para plantear dudas. Me consta que son muchas las cosas que os pasan por la cabeza, ya que cuando nos vemos a la entrada y salida del taller de Habilidades Sociales siempre hay alguna preguntilla que hacer. Os invito a usar el foro como recurso para plantearme a mí o a los demás padres las dudas que tengáis. De esta forma, no solo podré atenderos con más tiempo que los jueves, sino que además, otros papás pueden verse beneficiados al leer vuestras consultas. A fin de cuentas todos estamos en el mismo barco.



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