<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768</id><updated>2011-09-01T14:36:46.271+02:00</updated><title type='text'>Escuela de Padres de ASUC</title><subtitle type='html'>Jesús García Gallardo</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>16</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-3952756698803322849</id><published>2011-06-20T18:17:00.009+02:00</published><updated>2011-06-20T18:39:16.111+02:00</updated><title type='text'>Aburrimiento, mala conducta, autoestima y hábitos de estudio</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-AHYvrKTkiV4/Tf92zubohkI/AAAAAAAAAYw/fyBpTBqOBa4/s1600/bored%2Bkids.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 160px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5620341490991007298" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-AHYvrKTkiV4/Tf92zubohkI/AAAAAAAAAYw/fyBpTBqOBa4/s200/bored%2Bkids.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;En la última sesión de nuestra Escuela de Padres de este presente curso 2010/2011 retomamos esos temas que nos habían quedado pendientes de la anterior sesión. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;El primero de ellos fue el del &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal"&gt;aburrimiento vital&lt;/b&gt; del que en ocasiones parecen ser prisioneros nuestros hijos. Es una percepción generalizada la de que nuestros hijos no saben gestionar su tiempo libre. Es como si les resultara incómodo ‘tener espacios en blanco en su agenda’. Espacios que, evidentemente, no quieren llenar con tarea o con actividades útiles como ordenar su cuarto, pero que les suponen una pesada carga. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Momentos del día como la sobremesa (la hora de la siesta), el final del día, cuando ya ha terminado todo lo que estaba programado (extraescolares, hacer la tarea, bajar al parque…), o épocas de vacaciones, pueden volverse insoportables por el miedo de nuestros hijos a perder/desaprovechar su tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Esta situación desagradable para ellos se traduce en nervios y llamadas de atención, ya que la mejor manera de combatir el aburrimiento es &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;compartir&lt;/i&gt; el tiempo con los demás, aunque sea a base de disputas, riñas y castigos. Por eso debemos ser conscientes que cuando un hijo empieza a dar la lata y a machacar con el tema del aburrimiento, en el fondo lo que está haciendo es solucionar el problema iniciando un ‘juego de interactuación’. Es decir, molestar a los demás se convierte de manera más o menos inconsciente en una ocupación entretenida, que si bien no le satisface plenamente, si sirve para llenar el espacio en blanco de su agenda, y con suerte, puede que los padres o hermanos cedan ante la insistencia y generen una actividad verdaderamente entretenida (“vamos a jugar a…”, “vamos a bajar a la plazoleta”, “puedes coger un rato el videojuego”…).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Como en tantos otros temas, en este tampoco hay una receta mágica que nos solucione el problema, pero si hay un par estrategias que se pueden intentar explorar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: Calibri;font-family:Calibri;" &gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;-&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;Actividad comodín&lt;/u&gt;: Nuestros hijos, como cualquier niño, tienen unos gustos y preferencias bien definidos, y existen actividades que se podrían considerar sus favoritas (leer, dibujar, escuchar música, hacer puzles…). Una posible línea de actuación consiste en descubrir cuáles son las preferidas de nuestro hijo y usarlas como herramienta para frenar esos momentos de aburrimiento. Para que esta estrategia resulte funcional, sería necesario, no solo conocer los gustos de nuestro hijo, sino controlar de alguna manera el uso de la actividad que funciona como comodín. Si la actividad comodín de nuestro hijo es la lectura, pero se pasa el día y la noche leyendo, es normal que ante un episodio de aburrimiento no resulte efectiva la propuesta “¿por qué no lees un rato?”. No se trata de impedir el uso de la actividad, pero sí de evitar que se queme el recurso por sobreexplotación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: Calibri;font-family:Calibri;" &gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;-&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;Banco de recursos&lt;/u&gt;: Podríamos considerarlo como un complemento de la estrategia anterior, ya que también parte de la preferencia de nuestro hijo por determinada actividad y de la sugerencia que como padres hacemos para que la realice en un momento determinado. Pero en este caso, lo interesante es realizar una búsqueda previa de recursos de interés. Por ejemplo, si sé que a mi hijo le fascina el espacio, poco a poco, puedo ir recopilando diferentes recursos novedosos y llegado el momento fatal del aburrimiento ofrecer ese documental, esa revista, esa página web… como respuesta a su demanda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: Calibri;font-family:Calibri;" &gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;-&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;Compartir el tiempo&lt;/u&gt;: Antes señalábamos que detrás de las llamadas de atención está la idea: ‘hacer cosas juntos mitiga el aburrimiento’ (aunque lo que hagamos juntos sea discutir). Pues bien, una vez más surge el mismo planteamiento que ya hemos formulado otras veces: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;el día a día está lleno de oportunidades&lt;/i&gt;. Como padres, podemos convertir el aburrimiento de nuestros hijos en una fuente de momentos familiares. Partimos de la base de que no siempre es posible dedicar todo el tiempo que nos gustaría a nuestros hijos, pero muchas veces, tenemos una estructuración de nuestro tiempo excesivamente rígida, y con un simple reajuste horario, podemos disponer de algo de tiempo libre para compartir con nuestros hijos y disfrutar de esos momentos en familia que en otras ocasiones no son posibles por uno u otro motivo. Especialmente en vacaciones, pero también en un día ordinario, podemos hacer un esfuerzo por ser más flexibles y adelantar o atrasar determinadas actividades de nuestro quehacer diario para disponer de un momento de expansión familiar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;span style="mso-fareast-font-family: Calibri;font-family:Calibri;" &gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;-&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;Flexibilidad&lt;/u&gt;: También es habitual que no hagamos uso de determinadas actividades por ser fieles a unos principios básicos que hemos establecido. Por ejemplo, nuestro hijo no puede jugar a los videojuegos cada vez que se aburre porque tiene unos horarios para eso. Esa estrategia es positiva, pero a veces, podemos jugar la baza de la flexibilidad y ya que nuestro hijo tiene un horario en el que puede practicar esas actividades, podemos ‘negociar’ con él la redistribución de ese tiempo. “No puedes hacerlo ahora y después, pero puedes hacer uso ahora del tiempo que dispones para esa actividad y después hacer otra cosa”. No es una solución como tal, pero como padres, también necesitamos estrategias que nos ayuden a rebajar la tensión que produce el aburrimiento de nuestro hijo, y la flexibilidad, nos ayuda a poner un parche en el momento necesario, sin renunciar a la regulación que hacemos de determinadas actividades (tele, videojuegos, bajar al parque, ir a jugar a casa de los primos…) ya que mantenemos el porcentaje de tiempo aunque reajustemos el momento del día o de la semana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Todas estas estrategias, no son más que alternativas para defendernos de los estragos del aburrimiento, por eso sería interesante que nuestra actuación no fuera interpretada como una respuesta a sus llamadas de atención, sino que en la medida de nuestras posibilidades, nos esforcemos por &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;anticiparnos a nuestros hijos&lt;/i&gt;, y en cuanto detectemos los primeros síntomas de ese aburrimiento descontrolado, pongamos en marcha la estrategia. Si esperamos a que la cosa se desmadre para intervenir, el mensaje que estamos transmitiendo a nuestro hijo es el de que si se porta mal le damos lo que quiere, y ese mensaje es el peor que podemos enviar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;De la mano de estas estrategias de contención o de intervención primaria, debemos desarrollar un trabajo mucho más lento y callado para enseñar a nuestros hijos que &lt;u&gt;aburrirse no es malo&lt;/u&gt;, que &lt;u&gt;no siempre tenemos que estar activos&lt;/u&gt; y que &lt;u&gt;ellos disponen de recursos para combatir el aburrimiento sin depender de nadie&lt;/u&gt;. Las dos primeras ideas son difíciles de interiorizar para nuestros hijos, ya que su cerebro ‘funciona a mil revoluciones por minuto’ y lograr clamarlo no es tarea fácil. Realizar ejercicios de relajación y meditación en familia puede resultar muy productivo a largo plazo. En lo que respecta a la tercera idea, es cuestión de tiempo que lleguen a ella por sí mismos, pero como padres podemos fomentar su interiorización haciéndoles patente día a día todas las cosas que ellos hacen por si solos para distraerse/divertirse.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Otro de los temas que abordamos en la sesión fue él de cómo intervenir ante la &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal"&gt;Mala Conducta&lt;/b&gt; de nuestro hijo. Muchas veces nos sentimos impotentes ante nuestro hijo al ver la resignación con que acepta un castigo. Es como si nada de lo que se le puede quitar o poner tuviera efecto sobre él. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Realmente hay muy pocas cosas que ejerzan una atracción suficiente sobre nuestro hijo como para que supongan un castigo efectivo. Por regla general ellos necesitan más el castigo moral, que el castigo material. Esto está muy en la línea de lo que hemos comentado en otras ocasiones de la motivación intrínseca. Nuestros hijos funcionan de dentro hacia afuera, no al revés, por eso es muy difícil que un castigo de algo de fuera tenga un efecto ‘milagroso’ sobre ellos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Como padres, podemos buscar aquellos elementos que si son verdaderamente especiales para nuestros hijos (determinada actividad extraescolar, un juego concreto, ir a un cumpleaños de un amigo…), que a buen seguro los hay. Pero es fundamental que no hagamos un uso abusivo de ese recurso. Si detectamos algo especial para nuestro hijo sobre lo que el castigo si tiene efecto, y a continuación empezamos a amenazar siempre con eso, incluso a aplicar castigos sobre eso, pronto nuestro hijo acabará habituándose al sistema y resignándose una vez más. Por lo tanto, cuando detectemos ese algo sobre el que poder ejercer un castigo efectivo a nuestro hijo, debemos considerarlo un arma estratégica, y usarla solo cuando realmente la situación lo requiera.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Frente a los castigos, la otra alternativa de actuación dada la capacidad de comprensión y argumentación de nuestros hijos, es el diálogo. A priori debería ser una estrategia más sencilla y efectiva, pero aquí surge otro problema: las discusiones se eternizan, toman derroteros que no podíamos ni imaginar y al final acaban sacándonos de quicio o haciéndonos creer que nuestro hijo tiene más razón que nosotros. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Merece la pena replantear la manera en que debatimos con nuestros hijos. Muchas veces, caemos en el error de convertir lo que empezó como dialogo en un&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;sermón, ante el cual nuestros hijos nos oyen como el que escucha pasar el tren. Otras veces en vez de dialogar, discutimos al más puro estilo de los programas de televisión, alzando la voz para imponer nuestro punto de vista. Tanto por un camino como el otro, es muy difícil que lleguemos a buen puerto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;La estrategia de dialogo con nuestros hijos debe estar basada en dos principios básicos: primero, &lt;u&gt;que él hable más que yo&lt;/u&gt;, y segundo, &lt;u&gt;que nunca me arrebate las riendas de la conversación&lt;/u&gt;.&lt;u&gt; &lt;/u&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Estos principios básicos se logran con la estrategia del preguntón. Se trata de una conversación en la que nuestro hijo debe analizar su comportamiento para reconocer que ha sido incorrecto, y justificarse por haber actuado mal. Por lo tanto, es él el que debe hacer examen de conciencia, es él el que tiene que explicar cosas, es él el que tiene que encontrar respuestas… nuestro papel será el de realizar las cuestiones oportunas, por un lado para conducirlo a la reflexión que nos interesa conseguir, y por otro para que la conversación se mantenga en los parámetros que a nosotros como padres nos interesa mantener.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;No es sencillo (nadie dijo que nada de esto lo fuera), pero lo que al principio puede parecer imposible, con un poco de práctica y de voluntad por nuestra parte puede acabar dando resultados muy positivos. Lo que nunca debemos de olvidar es que por muy habilidosa que sea la dialéctica de nuestro hijo y por muchas estratagemas que use para llevarse el gato al agua, nosotros somos adultos, somos maduros, tenemos más experiencia que él y somos capaces de ver las cosas con más perspectiva (especialmente cuando tenemos claro desde el principio a donde queremos que llegue la conversación). Es una cuestión de fe en nosotros mismos y en nuestras capacidades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Un tercer tema que iniciamos fue el de la &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal"&gt;Autoestima&lt;/b&gt; de nuestros hijos. Por regla general solemos encontrarnos una autoestima frágil, es decir, no es que la tengan baja, sino que se les ‘resquebraja’ con mucha facilidad. Ante las primeras dificultades abandonan una actividad (ya sea escolar o no) al grito de “no soy capaz”, “yo no sé hacerlo bien” o “soy muy torpe”. Este tipo de pensamientos, vienen a demostrar que nuestros hijos son tremendamente exigentes, autocríticos y perfeccionistas (evidentemente, no en todos los aspectos de su p&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-nseMxinSUhk/Tf91oXmXkXI/AAAAAAAAAYo/JGd3EebT3bA/s1600/self%2Besteem.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 170px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5620340196371829106" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-nseMxinSUhk/Tf91oXmXkXI/AAAAAAAAAYo/JGd3EebT3bA/s200/self%2Besteem.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;ersona).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Desde pequeños, nuestros hijos se han criado entre mensajes (directos o indirectos) que resaltaban lo buenos que son, lo bien que hacen las cosas, lo especiales que son, lo adelantados que están… y eso a la larga se acaba convirtiendo en un lastre, ya que en la mayoría de los casos, interiorizan unas expectativas que les hacen interpretar como fracaso todo lo que esté por debajo de esa excelencia. Así que prefieren no hacer algo, antes que hacerlo de forma mediocre no cumpliendo las expectativas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Insisto en que esas expectativas, esa exigencia, nada tienen que ver con que nosotros le pidamos más o menos nota en sus exámenes o que verbalizamos el famoso “tú lo puedes hacer mejor”. Se trata de un goteo que desde muy pequeños están recibiendo en casa, con familiares o amigos, en los primeros cursos académicos, en sus actividades extraescolares… son miles de comentarios (sin maldad ninguna y sin pretensiones de nada) que desde muy chiquititos han ido oyendo y acumulando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Aclarado eso, lo que queda es plantearnos qué hacer ante la baja tolerancia a la frustración que muestran nuestros hijos y la fragilidad de su autoestima. Como en otros asuntos, ni hay recetas mágicas, ni lo que hagamos tendrá un efecto inmediato. Pero hay que insistir en una idea: la autoestima, es una construcción social y por lo tanto está vinculada a las relaciones sociales. En la medida en que nuestras relaciones sociales son mejores, más estables y de mejor calidad, se convierten en reguladoras de la autoestima, haciéndonos sentir mejor y más seguros de nosotros mismos. Por lo tanto, para ayudar a nuestros hijos en este sentido, lo mejor que podemos hacer es facilitarle un amplio abanico de contextos sociales de relación, en los que entre en contacto con diferentes personas y pueda así establecer los vínculos que necesita para desarrollarse satisfactoriamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Una dificultad añadida a este tema, es el concepto de amistad que tiene nuestros hijos. Para ellos, no es fácil entablar relaciones, no solo porque les cueste trabajo identificarse con otros niños, sino porque además, tienen un concepto muy elevado de la amistad. Tienden a entender la amistad como la entienden los adolescentes (fidelidad, intimidad, emotividad, autenticidad…) y normalmente, los niños no tienen ese concepto, sino que entienden la amistad como algo mucho más espontaneo y efímero. Por ello, nuestros hijos pueden llegar a tener verdaderos conflictos relacionados con los amigos, cuando sienten que estos les están fallando, o no están cumpliendo con las altísimas expectativas que tenían de ellos. Frente a esto cabe recordar el comentario que ya incluimos en una sesión anterior de la escuela de padres sobre los grados de relación (amigo, compañero, conocido…) y la importancia de recordárselos a nuestros hijos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Por último, volvimos a debatir sobre el futuro académico que espera a nuestros hijos en relación con los &lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal"&gt;Hábitos de Estudio&lt;/b&gt;. A muchos padres les preocupa que la facilidad con que sus hijos aprueban con nota en primaria sin coger un libro les pase factura al llegar a secundaria y más adelante. Por ello, se enfrascan en intentar inculcar a sus hijos hábitos de estudio. El temor, no es infundado. Sabemos que hay un índice considerable de niños y niñas con Altas Capacidades que presentan fracaso escolar (especialmente a partir de la secundaria).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Sin embargo, hay que dejar claro un asunto: &lt;u&gt;cuando un niño o una niña con Altas Capacidades fracasa en la escuela, no estamos hablando de un fracaso académico, sino de un fracaso personal&lt;/u&gt;. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Nuestros hijos tienen capacidad y recursos suficientes para superar los contenidos académicos de la enseñanza obligatoria y mucho más allá, y para ello, no les hace falta más hábito de estudio que el que ellos mismos van a ir desarrollando en función de lo que necesiten en cada una de sus etapas académicas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Para lo que nuestros hijos no son sobredotados, es para enfrentarse a los conflictos sociales propios de la adolescencia, a la falta de motivación, al sentimiento de vacío o de pérdida de tiempo, a la soledad y la incomprensión, a los desengaños… eso es lo que como padres debe estar siempre en nuestro horizonte, ahí es donde debe estar nuestro foco de preocupaciones para que con nuestro esfuerzo de hoy, tenga la edad que tenga nuestro hijo, contribuyamos a un correcto desarrollo de su personalidad y cimentemos una buena relación familiar, que nos permita seguir ayudándolo en el futuro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Hasta aquí, parte de lo que dio de sí la última sesión de nuestra Escuela de Padres 2010/2011. Como siempre, destacar que fueron muchos más los temas que se trataron y más enriquecedor&lt;/span&gt;&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt; el diálogo que se estableció in situ. Os animo a que en el próximo curso seamos muchos más los que nos reunamos cada sesión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 10pt" class="MsoNormal" align="left"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Nos queda todo un verano por delante para disfrutar de nuestros hijos, no desaprovechéis las oportunidades que se nos presenten para seguir educándolo y creciendo juntos. Para cualquier duda o comentario podéis poneros en contacto conmigo a través del correo &lt;span style="font-family:'Times New Roman';"&gt;&lt;a href="mailto:jesusgarciagallardo@gmail.com"&gt;jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-3952756698803322849?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/3952756698803322849/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2011/06/aburrimiento-mala-conducta-autoestima-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/3952756698803322849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/3952756698803322849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2011/06/aburrimiento-mala-conducta-autoestima-y.html' title='Aburrimiento, mala conducta, autoestima y hábitos de estudio'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-AHYvrKTkiV4/Tf92zubohkI/AAAAAAAAAYw/fyBpTBqOBa4/s72-c/bored%2Bkids.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-7449101987659529114</id><published>2011-04-13T15:19:00.009+02:00</published><updated>2011-04-25T19:34:14.822+02:00</updated><title type='text'>Nuestros hijos y la amistad</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-wGRoUYQjVZ8/TbRso1wWw8I/AAAAAAAAAXo/s3ifXDHu2ag/s1600/friendship.jpg"&gt;&lt;img style="WIDTH: 259px; HEIGHT: 195px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599219685608833986" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-wGRoUYQjVZ8/TbRso1wWw8I/AAAAAAAAAXo/s3ifXDHu2ag/s320/friendship.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El primer dilema que se nos plantea en el tema de la amistad es &lt;b&gt;¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a tener amigos?&lt;/b&gt; Parece algo raro, pero es habitual que los niños con altas capacidades intelectuales tengan problemas a la hora de establecer relaciones de amistad con otros niños.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Hay casos en los que la causa se sitúa en el comienzo mismo de la relación, por la timidez o la dificultad que tienen en muchas ocasiones para acercarse con naturalidad a los otros. Ante esta primera barrera, además de la habitual dosis de paciencia con la que nos cargamos cada mañana, solo cabe añadir que eso es algo normal en estos niños y que se va pasando con el tiempo, es decir, no es preocupante. En la vida se va a ver inmerso en grupos y más grupos humanos (el cole, las actividades extraescolares, las reuniones de familia o amigos…). Es cuestión de tiempo que se vaya abriendo al mundo exterior &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;y perdiendo el miedo a introducirse plenamente en estos grupos. Como padres lo único que tenemos que hacer es respetar su ritmo y facilitarle contextos en los que existan grupos donde nuestro hijo pueda empezar a dar esos primeros pasos, por ejemplo: invitando a compañeros a casa, apuntándolo en todas las actividades y excursiones que haga falta...&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;En otros casos el problema suele llegar después, cuando ya salvada la barrera inicial de la vergüenza, se produce un ‘rechazo’ por parte del grupo debido a la forma de ser de nuestro hijo. Los niños sobredotados son líderes natos. Tienen una serie de características como su perspectiva a la hora de ver las cosas, su capacidad resolutiva, sus razonamiento lógico, su vocabulario, su capacidad verbal, su habilidad normativa para organizar y pautar las cosas, su creatividad, etc. que les hacen sentir la necesidad de manejar a los grupos en los que están inmersos, ya que están más capacitados para ser líderes que el resto. Sin embargo, poseer las características de un líder no implica que se sepa desarrollar el liderazgo. Y es ahí donde surge el problema. Tienen la CAPACIDAD, pero carecen de la HABILIDAD. Por eso son tan importantes las habilidades sociales para nuestros hijos, ya que no hay nada menos carismático que uno que quiere ser el líder y no para de "mangonear" a los demás. Como padres, debemos prepararlos desde pequeños para esa convivencia con los iguales, enseñándoles cosas tan esenciales como que no siempre se puede ganar en los juegos; que no siempre se puede jugar a lo que uno quiere; que si te niegas a hacer lo que a mí me gusta es muy probable que yo después me niegue a hacer lo que te gusta a ti; que las normas de un juego no pueden ir variando a mi antojo; que las cosas no se consiguen con cabezonería y pataletas; que además de hablar hay que escuchar a los demás… y todo un rosario de ideas básicas que son tan importantes para la familia como para los grupos de iguales, pero que a veces, por ‘comodidad’ (para evitar la enésima polémica del día) o por ‘saturación’ (no puedo estar en misa y repicando), pasamos por alto. Las habilidades sociales son la base para encauzar su capacidad de liderazgo y convertirlos en líderes populares y carismáticos, y esas habilidades sociales también se trabajan en el día a día desde casa.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Y por último, como no, también está el caso en el que es nuestro hijo el que rechaza a los grupos. Los niños con altas capacidades intelectuales suelen ser exigentes, especialmente con los demás. Tienen unas altas expectativas sobre las personas que forman parte de su círculo, y por eso es muy fácil que se enfaden o se sientan defraudados con ellas. Además, su manera de interpretar el mundo les hace muy difícil encontrar personas que encajen en el perfil de lo que ellos pueden llegar a considerar un ‘amigo de verdad’, ya que lo que ellos esperan o entienden por amistad es una elaboración mucho más madura que la que pueden hacer los niños de su edad. A medida que van cumpliendo años pueden llegar a establecer relaciones más equilibradas con compañeros mayores que ellos. Pero eso llega con los años, ya que de pequeños es muy difícil encontrar a alguien mayor que quiera ser su amigo. Como padres lo mejor que podemos hacer es desmitificar la amistad (cosa que no resulta nada fácil), quitarle importancia al concepto amigo y resaltar el valor de otras ideas como las de compañeros, colegas o conocidos, que sin llegar a ese nivel de perfección del amigo, nos pueden aportar muchas cosas buenas e interesantes. Con ellos, nuestro hijo puede aprender a ser más flexible a la hora de relacionarse; es decir, un ‘compañero’ puede ser una relación interesante para compartir las cosas del cole y las ‘aventuras’ que allí se viven pero no tiene por qué ser mi pareja ideal para jugar. Quizás ese papel lo desempeñan los ‘conocidos’ con los que coincido en la plazoleta. Y puede que haya un ‘colega’ con el que no juego, pero al que le cuento esas cosas que me preocupan y de las que necesito hablar (o puede que ese papel lo tengamos que desempeñar durante muchos años los padres o hermanos). Esta flexibilidad hace que las relaciones sean menos exigentes que la del amigo, y de este modo hay menos riesgo de que nuestro hijo viva con una sensación de insatisfacción social. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Esta insatisfacción que le producen los ‘amigos’ que no llegan a serlo, pueden llevarlos a relacionarse con aquellos que, como él, se mueven ‘al margen de la ley’; es decir, los que no están integrados en ningún grupo tienden a agruparse entre ellos. Y ahí surge otra de las grandes cuestiones asociadas a la amistad: &lt;b&gt;¿podemos, como padres, influir en el tipo de amigos que tiene nuestro hijo?&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;En primer lugar, como adultos deberíamos ser analíticos y observar la situación con perspectiva. Nuestro hijo tiene necesidad de establecer relaciones sociales con otros niños, y si a su ya limitado abanico le recortamos más varillas, va a acabar echándose aire con la mano. A la hora de decidir si un ‘amigo’ le conviene o no, debemos tener en cuenta las consecuencias reales de esa amistad. Si le afectan a su salud, a su estado de ánimo, a su rendimiento, a su comportamiento en familia o en el cole, a su equilibrio emocional… entonces debemos actuar. Pero si simplemente no me gusta ese ‘amigo’ pero no soy capaz de encontrar una justificación lógica, entonces debería preguntarme si no se trata de una proyección de mis prejuicios como persona y de mis miedos como padre.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Evidentemente, en el segundo caso lo mejor es no interferir sino dejar que la relación se desarrolle con normalidad. Eso sí, conviene no perder el seguimiento y la supervisión paterna de esa amistad, ya que de esa manera estaremos más tranquilos y al mismo tiempo estaremos alerta por si la cosa se torciera (ya que el ‘amigo’ no nos ofrecía mucha confianza)&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-F6iRkWVE694/TbRtXGu_a-I/AAAAAAAAAXw/iYxNfMCTDZM/s1600/amistad.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 201px; FLOAT: right; HEIGHT: 179px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5599220480440495074" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-F6iRkWVE694/TbRtXGu_a-I/AAAAAAAAAXw/iYxNfMCTDZM/s320/amistad.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;. Pero es importante no olvidar esto: &lt;i&gt;Nuestro hijo no tiene especial facilidad para establecer relaciones de amistad con otros niños.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-tmMIPE-8tQA/TbRsovGm7OI/AAAAAAAAAXg/p-Fhwruic4o/s1600/amistad.jpg"&gt;&lt;/a&gt; Este ‘amigo’ no me parece la mejor influencia para nuestro hijo, pero con todos sus defectos es el único que no ha rechazado (por el motivo que sea) a nuestro hijo, lo que automáticamente lo convierte en mucho mejor persona que todos los demás. Y por lo tanto merecedor de una oportunidad para seguir siendo ‘amigo’ de nuestro hijo.&lt;/i&gt; Además, no tenemos por qué ser negativos, y podemos en vez de ver al otro como una influencia negativa, ver que nuestro hijo puede convertirse en la influencia positiva que necesitaba su ‘amigo’.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Sin embargo, en el otro caso el tema es mucho más serio. Cuando un relación de amistad repercute en nuestro hijo negativamente debemos actuar pero, ojo, con mucha cautela. Sabemos que la prohibición por la prohibición de poco vale con estos niños, &lt;u&gt;tienen que entender las cosas, verlas por sí mismos y convencerse de que algo está fallando y hay que enmendarlo&lt;/u&gt;. Si no es por ese camino, es muy difícil que podamos llegar a influir en sus amistades. Para ello, lo más eficaz es facilitarle nuevos contextos de interacción en los que pueda llegar a conocer a otras personas con otras actitudes y otras maneras de ser diferentes y más saludables desde nuestro punto de vista de adultos. Ejemplo de estos contextos pueden ser: actividades extraescolares y talleres (en las que ya hay un nexo de unión al tratarse de una afición o gusto común por la música, el atletismo, la astronomía o la actividad que sea), grupos de niños y jóvenes (por ejemplo scouts o actividades proyectadas por asociaciones como la nuestra), reuniones de familia o amigos (en la que los padres son los que quedan pero sirve de excusa para reunir a varios chicos de una edad similar y coinciden de manera frecuente en contextos diferentes como un cumpleaños, una excursión, la casa de alguno de ellos, la feria…)… Se trata de ser creativo, de ver las posibilidades de cada caso y de propiciar esos contextos, de manera que nuestro hijo se vea inmerso en ellos y poco a poco empiece a establecer vínculos con otras personas que lo alejen de las influencias negativas. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Si nuestro hijo es receptivo a esta técnica y admite el participar de estos nuevos contextos, debemos tener presente dos normas: la primera es que &lt;i&gt;las medidas que pongamos en marcha nunca son inmediatas, necesitan su tiempo y no debemos forzarlas demasiado&lt;/i&gt;. La segunda es que &lt;i&gt;no hay que comparar nunca a los nuevos ‘amigos’ con los antiguos&lt;/i&gt;. Nuestros hijos son listos y disfrutan de la rebeldía y del reto a los adultos, por lo tanto si detectan que nuestra intención es alejarlos de unos en favor de los otros, pueden reaccionar reforzando sus vínculos con aquellos amigos de los que los queríamos separar.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Pero ¿qué pasa si nuestro hijo no se muestra dispuesto a participar de estos nuevos contextos? En ese caso, aunque no es lo deseable, tenemos que forzar las cosas. Para ello, según la gravedad y la edad de nuestro hijo, se abre un extenso catálogo de posibilidades para hacer que contacte con nuevos grupos. Estas posibilidades van desde obligarlo a apuntarse en alguna actividad, argumentando la importancia de la actividad en sí misma (‘te obligo a apuntarte a la escuela de idiomas porque es muy importante para tu formación’ o ‘te obligo a apuntarte en una actividad deportiva porque es bueno para tu salud’), hasta las medidas más radicales como pueden ser el cambio de centro educativo (resetear el sistema: rompiendo con todas sus relaciones anteriores lo obligamos a empezar a construirlas de nuevo). Eso sí, la premisa de no justificar nuestra actuación por causa de los ‘amigos’ que suponían una influencia negativa sigue en pie. Cuanto más hablemos de esos ‘amigos’ (lo malos que son y lo poco que nos gustan) más interés y más poder de atracción les damos sobre nuestro hijo.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;En relación con este tema de las amistades, fueron surgiendo a lo largo de la sesión algunas ideas que también merece la pena reflejar aquí:&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'; font-size-adjust: none; font-stretch: normal"&gt;- &lt;/span&gt;&lt;u&gt;Las palabrotas&lt;/u&gt;: ¿Es malo que las digan? ¿cómo podemos frenárselas? Evidentemente no está bonito que nuestros hijos digan palabrotas, especialmente si todavía son pequeños. Pero no podemos perder la perspectiva de que las palabrotas están en la calle y por lo tanto es normal que las oigan e incluso que las usen. Sobre todo porque son palabras tabú, que están vetadas por los adultos, y como tal se convierten en palabras muy atractivas para cualquier niño. Ahora bien, ¿qué es lo que realmente nos debe preocupar de las palabrotas? Son palabras que nosotros le hemos dicho que no diga, así que lo realmente importante es que no las diga delante de nosotros o en contextos inapropiados (como por ejemplo el cole). Si nuestro hijo coquetea con las palabrotas en la calle, pero luego no las dice en casa, ni al abuelo, ni en el cole, ni en las actividades de la tarde… nuestro hijo nos respeta y sabe respetar a los demás, y eso es lo que verdaderamente nos debe importar. No debemos olvidar que nosotros también hemos sido niños y que cuando teníamos la edad de nuestros hijos, también nos daba morbo decir esas palabras prohibidas por los mayores, por lo tanto es demasiado pretencioso intentar que nuestro hijo no diga las palabrotas que dicen (decimos o hemos dicho) todos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;-&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'; font-size-adjust: none; font-stretch: normal"&gt; &lt;/span&gt;&lt;u&gt;La soledad&lt;/u&gt;: Hablamos de amigos, pero hay muchas ocasiones en las que nuestros hijos se quedan solos ¿qué hay que hacer ante eso? En principio, no hay que hacer nada. Siempre insistimos en una misma idea: nuestros hijos son muy diferentes al común de los niños de su edad. Dentro de esas características (muchas de ellas propias del mundo adulto) está el gusto por la soledad. No es que sean huraños, sino que igual que necesitan de las relaciones sociales, también necesitan de sus ‘momentos personales’, y eso no es malo. La soledad, cuando es buscada y deseada, es algo muy positivo para ellos; por tanto, antes de preocuparnos, debemos averiguar si esos momentos de soledad son libres o forzados. En caso de ser forzados podemos poner en marcha el mecanismo del que hablábamos antes: facilitar contextos y experiencias comunes con otros niños.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;-&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'; font-size-adjust: none; font-stretch: normal"&gt; &lt;/span&gt;&lt;u&gt;El esfuerzo&lt;/u&gt;: ¿Cómo podemos conseguir que nuestros hijos valoren el esfuerzo? Sinceramente, no se puede conseguir. A los padres nos parece terrible que nuestros hijos se acostumbren a conseguir las cosas sin esfuerzo, pero eso es algo maravilloso. El ser humano valora el esfuerzo, porque el común de los mortales necesita esforzarse para conseguir las cosas; pero ellos, de momento, no lo necesitan. Por lo tanto, cómo van a valorar algo que ellos no necesitan. La pregunta siguiente es: ¿qué pasará el día que tengan que esforzarse para conseguir algo? ¿serán capaces de hacerlo o fracasarán en el intento? Si no se han esforzado es porque no les ha hecho falta, el día que lo necesiten por supuesto que lo van a hacer. La única manera en que uno puede aprender a esforzarse es esforzándose, por lo tanto es algo que aprenderán a hacer cuando lo necesiten. Hasta entonces, lo que han aprendido a hacer es a encontrar otros caminos para conseguir las cosas (sin esfuerzo) y a renunciar a cosas que les gustan por no haberse esforzado (esos famosos castigos que a veces nos empeñamos a poner los padres a un hijo que no quiere estudiar cuando tanto él como nosotros sabemos que sin estudiar saca un 10). Encontrar caminos más fáciles y ser capaz de renunciar a cosas son virtudes tan importantes o más que el esfuerzo (por lo menos en el caso de nuestros hijos). &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Una imagen gráfica sobre el esfuerzo puede ser la de un autobús en el que tenemos que montarnos cada mañana.Si llego tarde a la parada tendré que correr (esforzarme) para que no se me vaya el bus, pero si llego temprano sería absurdo ir corriendo (¿para qué serviría ese esfuerzo inútil?). Y aun así, hay algunas veces que sé que podría alcanzar el autobús corriendo, pero también sé que puedo coger un taxi o esperar al siguiente…&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;De los temas que se habían propuesto para tratar en esta sesión de la Escuela de Padres solo nos dio tiempo a abordar este de las amistades, ya que resultó muy interesante. Quedaron pendientes, el tema del ‘Aburrimiento vital’ que a veces parece asaltar a nuestros hijos y el de ¿Cómo reforzar su Autoconcepto y su Autoestima de manera saludable? Estos temas serán los que tratemos inicialmente en la próxima sesión del viernes 27 de Mayo, que tendrá lugar como siempre en el aula 20-&lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;B de la Facultad de Ciencias de la Educación a partir de las 17:30 horas. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify" class="MsoNormal"&gt;Si alguno de vosotros quiere plantear alguna otra temática de interés, puede hacerlo añadiendo un comentario a continuación.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-7449101987659529114?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/7449101987659529114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2011/04/nuestros-hijos-y-la-amistad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/7449101987659529114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/7449101987659529114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2011/04/nuestros-hijos-y-la-amistad.html' title='Nuestros hijos y la amistad'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-wGRoUYQjVZ8/TbRso1wWw8I/AAAAAAAAAXo/s3ifXDHu2ag/s72-c/friendship.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-6613007758588396612</id><published>2011-01-31T20:34:00.007+01:00</published><updated>2011-01-31T21:00:23.413+01:00</updated><title type='text'>Poner límites</title><content type='html'>Retomamos nuestra Escuela de Padres con uno de los temas que quizás más nos preocupan: &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;¿cómo evitar que nuestros hijos&lt;em&gt; se nos suban a las barbas&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;Partimos de la base de que nuestros hijos son retadores natos, que para ellos cualquier conversación es una ocasión para salirse con la suya y “ganarnos la partida”. Por ello, es normal que a veces tengamos la sensación de que están esperando cualquier oportunidad para provocar un conflicto padre-hijo, aunque el motivo de dicho conflicto sea un asunto sin la más mínima importancia, o incluso algo que nada tiene que ver con la conversación original, pero que ha ido degenerando y pasando por varios temas hasta convertirse en una disputa en toda regla.&lt;br /&gt;Ante esta “actitud retadora” de nuestros hijos, debemos tener claras dos cosas: la primera es que esto es &lt;strong&gt;algo normal&lt;/strong&gt; en los niños que tienen altas capacidades; por lo tanto, no debemos alarmarnos ni creernos que existe algún tipo de desajuste en &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcTROInBQI/AAAAAAAAAWk/d_Z8iLatO_o/s1600/angry+child.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5568440650839819522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 84px; CURSOR: hand; HEIGHT: 126px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcTROInBQI/AAAAAAAAAWk/d_Z8iLatO_o/s200/angry%2Bchild.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;nuestra familia. La segunda, es que aunque sepamos y aceptemos que es algo que entra dentro de la normalidad, &lt;strong&gt;no podemos permitir que afecte a nuestra dinámica familiar&lt;/strong&gt; y a nuestra propia salud mental como padres, así que tenemos que plantearnos una estrategia de actuación frente a esos retos.&lt;br /&gt;Estrategias para poner límites a la “actitud retadora” hay muchas. Ninguna es por naturaleza mejor que la otra, ya que no existen recetas mágicas universales que siempre funcionen en todos los casos. Cada familia es diferente y cada niño también. Por eso, lo más interesante es ir probando diferentes medidas hasta dar con la que nos resulte más efectiva.&lt;br /&gt;Algunas de esas estrategias o medidas para poner límite a nuestro hijo y así evitar esas discusiones eternas en las que acaban sacándonos de quicio, pueden ser:&lt;br /&gt;- La &lt;strong&gt;ignorancia&lt;/strong&gt;. Si llega un punto en el que creo que la conversación ya no puede ser reconducida, desde la madurez que me da ser el adulto debo hacer un esfuerzo por serenarme, en lugar de perder los nervios. Una vez sereno, tengo que hacer saber a mi hijo, de buenas maneras, que la conversación no puede seguir por la razón que sea (‘estamos demasiado nerviosos’, ‘estas levantado la voz’, ‘nos hemos desviado del tema’…) y, desde ese momento, debo tener suficiente sangre fría para desconectar de lo que diga mi hijo e ignorar sus provocaciones. Puede servir de ayuda el repetir una frase una y otra vez para que vea que nos mantenemos firmes (‘no voy a seguir discutiendo’, ‘vete a tu cuarto’, ‘estoy ocupado’…). Se trata de dejar claro que ya no vamos a entrar al trapo y para ello es fundamental expresarnos con el mayor desinterés posible, sin mostrar nervios o pérdida de paciencia, porque en ese caso la medida no será efectiva.&lt;br /&gt;- Como complemento a esta estrategia de “ignorar a nuestro hijo”, debemos aplicar otra, la de &lt;strong&gt;retomar la conversación&lt;/strong&gt; cuando ambos estamos serenos y en condiciones de afrontarla sin estrés. No importa cuánto tiempo necesitemos, no tiene por qué ser algo inmediato, pueden &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcTqpDpPzI/AAAAAAAAAWs/Bl2iZGlSUMk/s1600/dialoguing.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5568441087563480882" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 128px; CURSOR: hand; HEIGHT: 70px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcTqpDpPzI/AAAAAAAAAWs/Bl2iZGlSUMk/s200/dialoguing.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;incluso haber transcurrido días desde que cortamos la discusión. El caso es que seamos capaces de retomarla, no desde el punto conflictivo en el que decidimos frenarla, sino desde el punto que a nosotros como adultos nos parece interesante. Antes de retomarla, también debemos tener en cuenta qué es lo que nos interesa aclarar de ese tema, para que no se nos vuelva a ir de las manos y podamos plantear la conversación yendo directo a lo que nos interesa. Además, también es interesante hacer examen de conciencia y analizar los motivos que llevaron a cortar la discusión, reconociendo los errores propios y manifestando los de nuestro hijo, no como un ataque, sino como algo que impide que os comuniquéis con normalidad.&lt;br /&gt;- La &lt;strong&gt;radicalidad&lt;/strong&gt;. Otra manera de fijar los límites a nuestro hijo es ser más radical y no dejarle pasar una. No se trata de estar todo el día riñéndole y gritándole, simplemente es cuestión de estar atento a cómo nos plantea las cosas, a cómo actúa. Normalmente, los padres solemos percibir cuándo nuestros hijos están más alterados, más provocadores. Se puede decir que los vemos venir, y a pesar de eso muchas veces nos sorprenden y nos acaban descontrolando. En este caso se trataría justo de saber reaccionar ante esas señales que percibimos y que nos alertan de los posibles conflictos. Si sé que mi hijo está “como una moto”, es muy probable que a lo largo del día acabe surgiendo una discusión, una polémica, una provocación… en ese caso puedo actuar de manera preventiva y seguirle la corriente “como a los locos” (cuando el tema sea indiferente) o mostrar, con firmeza, que no vamos a discutir con él (cuando las provocaciones sean más directas). Esta estrategia se fundamenta en nuestra madurez, que nos hace capaces de ver las cosas con perspectiva y anticiparnos a situaciones conflictivas no deseadas.&lt;br /&gt;- El &lt;strong&gt;ataque&lt;/strong&gt;. Cuando se miden a nosotros, nuestros hijos usan todos los recursos de los que disponen. Especialmente aquellos que ya saben que resultan efectivos. Conocen nuestros puntos débiles y saben usarlos a su favor. El chantaje emocional, la comparación con los hermanos, los dolores físicos… hay multitud de elementos que pueden usar para ablandarnos el corazón y librarse de una regañina o salirse con la suya y conseguir algo que inicialmente les habíamos negado.&lt;br /&gt;Un ejemplo de esto es cuando nuestros hijos reaccionan victimizándose en extremo ante un error. Si meten la pata, lo normal es que se les riña, pero si antes de que le riñamos ellos empiezan a “auto flagelarse” (‘soy tonto’, ‘siempre meto la pata’, ‘no sé portarme bien’…) es muy fácil que nosotros adoptemos la postura del consuelo y del cariño, para evitar que ellos mismos se dañen su autoestima. De esta forma, nuestros hijos no sólo se han ahorrado la reprimenda original, sino que, además, han conseguido una dosis extra de cariños y atenciones.&lt;br /&gt;Tenemos que ser más listos que ellos (“más sabe el diablo por viejo…”) y darnos cuenta de las intenciones de sus actos. Es evidente que debemos frenar esa autocrítica exagerada, pero no con “mimitos”, sino con la firmeza de que esa también es una conducta que, como padres, no vamos a consentir (‘es verdad, has actuado mal, los dos lo sabemos, ya no hace falta que lo repitas más’).&lt;br /&gt;Si nuestros hijos pueden usar el recurso de buscar los puntos débiles, ¿por qué no usarlo nosotros también? Dicen que “la mejor defensa es un buen ataque” y también nuestros hijos tienen puntos débiles, cosas (ya sean físicas o no) que les afectan y que como padres debemos conocer. A veces es tan simple como verbalizar nuestro enfado o tristeza y con eso nuestros hijos dan un paso atrás. Otras veces hay alguna actividad por la que sienten especial predilección y puede usarse como premio o castigo ("te la mereces o no").&lt;br /&gt;Se trata de detectar cuáles son esas cosas que pueden sernos útiles y valorar cómo repercuten sobre ellos, para saber en qué momento usarlas, con qué intensidad. A veces resulta muy difícil dar con ellas, porque nuestro hijo parece apático ante cualquier comentario, regañina o castigo, pero la clave vuelve a estar, una vez más, en nuestra condición de adultos. Tenemos que ser capaces de ver las cosas con perspectiva, de tener memoria de lo que ocurre en torno a nuestro hijo y de tener paciencia para ir probando hasta dar con el elemento apropiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Usemos la estrategia que usemos para “controlar” a nuestros hijos, siempre debemos tener en cuenta dos puntos fundamentales:&lt;br /&gt;1. Tenemos que ser &lt;strong&gt;fieles a la&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;estrategia elegida&lt;/strong&gt;. Cualquier actuación que emprendamos necesita de un tiempo para probar su eficacia. Si optamos por ignorar a nuestro hijo, y a los cinco minutos ya no aguantamos más y decidimos ponerle un castigo, no puedo decir que la estrategia de ignorar no haya funcionado, simplemente es que me ha faltado paciencia para aplicarla.&lt;br /&gt;Si nuestra forma de actuar sigue siempre una pauta, a la larga esto ayuda a nuestro hijo a conocer dónde están los límites y cuándo papá y mamá no van a entrar más en el juego. Si por el contrario cada vez actuamos de una manera diferente, nuestro hijo percibe que no existe un límite real, sino que unos días las cosas son de un modo y al siguiente son de otro. Esto le incita a seguir retándonos.&lt;br /&gt;2. &lt;strong&gt;No podemos culpabilizarnos&lt;/strong&gt;. Si queremos educar a nuestros hijos, tenemos que hacer uso de estrategias que a veces nos pueden parecer poco agradables. A todos nos gustaría que nuestra familia fuera una eterna sonrisa en la que nunca nadie tuviera que levantar la voz, pero un niño (y más con las características que tienen nuestros hijos) necesita también la firmeza y los límites que fijan sus padres y nunca debemos culparnos por ello. Todo lo contrario, deberíamos sentirnos orgullosos de estar cumpliendo nuestro deber como padres a pesar de lo doloroso que eso resulta a veces.&lt;br /&gt;Si pusiéramos en una balanza por un lado los buenos momentos y las cosas agradables que la familia aporta a nuestro hijo, y por el otro los momentos menos buenos, a buen seguro que ganaría por goleada lo positivo, y la prueba de ello es que nuestros hijos nos quieren muchísimo.&lt;br /&gt;En relación a este último punto, también es habitual que nos asalte la duda (la culpa) de que estamos descuidando a nuestros otros hijos en favor del hermano que demanda más atención. Realmente estamos prestando más atención a unos que a otros, pero no porque descuidemos a ninguno, sino porque, como es lógico, atendemos más al que más nos necesita. Cuando cualquiera de nuestros hijos pasa por un momento difícil y nos necesita, sabemos estar ahí. No hemos abandonado a ninguno de ellos, lo que ocurre es que como es lógico estamos más pendientes del que más nos necesita.&lt;br /&gt;Estableciendo una comparativa, es lo mismo que nos gustaría que hiciera la escuela. Sabemos que nuestro hijo necesita una atención especial y eso no está reñido con que se atienda debidamente al resto de compañeros de su clase, solo que la atención que necesita nuestro hijo es diferente.&lt;br /&gt;Esta atención que demanda nuestro hijo en casa, a veces también nos hace plantearnos si nuestro &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcUR3sp1aI/AAAAAAAAAW0/guSsqIyqt7Q/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5568441761508480418" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 112px; CURSOR: hand; HEIGHT: 103px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcUR3sp1aI/AAAAAAAAAW0/guSsqIyqt7Q/s200/images.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;hijo es excesivamente dependiente de nosotros. Como cualquier niño, nuestro hijo es dependiente de sus padres, eso es lo más normal y lo más bonito del mundo. Lo que ocurre es que en el caso de nuestro hijo, sus características personales hacen que para ellos sea muy difícil encontrar en otros contextos todo lo que necesitan. Sin embargo, en casa sí somos capaces de atender y satisfacer sus necesidades, por eso nuestra relación puede llegar a ser muy estrecha. Pero, ¿acaso no hacemos bien dándole a nuestro hijo lo que sabemos que necesita? ¿No sería mucho peor negarle lo que sabemos que está en nuestra mano darle por el simple hecho de que nos da miedo que se vuelva dependiente? Si nuestro hijo se apoya en nosotros es porque está en una fase de su vida en la que nos necesita y por lo tanto hacemos bien atendiéndole. Ya tendrá tiempo de romper los lazos familiares y crear nuevos vínculos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos fueron algunos de los temas que se abordaron durante la sesión pero, como siempre, hubo muchas más cuestiones que no han quedado reflejadas aquí. Lo verdaderamente enriquecedor es el debate que se entabla en el aula, por eso os invito a todos a asistir a la próxima sesión que tendrá lugar el día 25 de marzo en horario de 17:30 a 20:00 aproximadamente. Para esa ocasión, os invito a añadir un comentario a continuación proponiendo el tema o los temas que más os interesaría abordar. &lt;a name="_GoBack"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-6613007758588396612?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/6613007758588396612/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2011/01/poner-limites.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6613007758588396612'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6613007758588396612'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2011/01/poner-limites.html' title='Poner límites'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/TUcTROInBQI/AAAAAAAAAWk/d_Z8iLatO_o/s72-c/angry%2Bchild.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-2867546944097476258</id><published>2010-05-14T10:37:00.003+02:00</published><updated>2010-05-14T10:59:21.352+02:00</updated><title type='text'>Relaciones de hermanos</title><content type='html'>El tema con el que empezamos la sexta sesión de nuestra Escuela de Padres fue la Relación de nuestro hijo sobredotado con su/s hermanos/s. Si ya resulta difícil entender a nuestro hijo y educarlo correctamente, cuando además entra en juego la figura de los hermanos, la cosa tiende a complicarse bastante, ya que la relación de los hermanos suele ser una fuente inagotable de conflictos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con respecto a este tema, lo primero que hay que aclarar es que los niños con sobredotación NO son malos hermanos, sino más bien todo lo contrario. Aunque a primera vista pueda parecer que la relación que mantienen es tortuosa, generalmente se trata de una relación afectiva muy profunda, ya que, como hemos analizado en otras ocasiones, los niños con sobredotación tienen una sensibilidad especial, suelen tener una gran capacidad para ponerse en el lugar del otro y además, tienen la 'necesidad' de mantener relaciones afectivas con los demás. Por todo esto, nuestro hijo sobredotado se siente tremendamente apegado a su/s hermanos/s, existiendo entre ellos un vínculo muy especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, ese vínculo tan especial (si nuestro hijo es especial, todo lo suyo debe serlo) conlleva algunas 'peculiaridades':&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Soy igual que mi hermano&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;: 'Ponerse al nivel del otro'. El niño con sobredotación tiene tendencia a igualarse con su hermano (realmente le pasa a todos los niños, pero la sobredotación también afecta a la intensidad y la manera de expresarlo). Para un niño, un hermano es un igual, y como tal es lógico que quiera ser tratado sin diferencias. Sea el mayor o el pequeño, para él un hermano es un espejo en el que mirarse, por eso es muy común que actúe realizando conductas más propias de la edad del hermano. Cuando el que imita es el pequeño, no nos supone ningún conflicto, porque realmente es bueno que un niño chico aprenda cosas de su hermano mayor. Sin embargo, el problema surge cuando es el mayor quien parece estar empeñado en 'copiar' a su hermano pequeño. &lt;br /&gt;En primer lugar, hay que aclarar que esta conducta se extingue con los años, es decir, llegará un momento que a nuestro hijo dejará de interesarle imitar a su hermano chico y como por arte de magia, dejará de hacerlo. &lt;br /&gt;En segundo lugar, es importante que seamos conscientes que la mayoría de las veces que nuestro hijo 'copia' al pequeño, lo hace porque le divierte. Nuestro hijo lo pasa bien jugando con su hermano y entendiéndose con él a niveles que a nosotros se nos escapan. Incluso cuando se pone a su altura para hacerlo rabiar, están desarrollando su relación, y prueba de ello es como no dejan de buscarse uno al otro. &lt;br /&gt;En tercer lugar, es normal que a veces nuestro hijo sienta celos de su hermano, es lo más natural del mundo. En esas ocasiones, actuar como un niño chico cumple la función de llamada de atención. Ya hemos dicho en más de una ocasión que necesitan sentirse atendidos y queridos, y a veces, comportándose como un niño pequeño consigue que estemos más pendientes de él que de su hermano (aunque sea para reñirle por ser tan infantil).&lt;br /&gt;Como padres, una buena actitud sería intentar discernir si la conducta 'infantil' de nuestro hijo tiene como objetivo a su hermano o a nosotros, para poder actuar en consecuencia. Si forma parte de la relación con su hermano (están jugando, divirtiéndose, haciéndose rabiar...) debemos dejarlos que la desarrollen con normalidad, solamente preocupándonos de que no sobrepasen los límites de lo permisible. Si tenemos claro que lo que pretende nuestro hijo es llamar nuestra atención (aunque sea para que le riñamos), debemos plantearnos hasta que punto lo que está haciendo es algo digno de intervenir, ya que si no reviste gravedad, puede ser más rentable ignorarlo hasta que comprenda que ese mecanismo no funciona para llamar nuestra atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Soy diferente de mi hermano&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;: 'Convertirse en el 2º padre'. También resulta común, que mientras en algunas cosas trata de igualarse con su hermano (pequeño), en otras quiera actuar como 'tutor' o incluso como 'padre' de este, diciéndole lo que puede y no puede hacer, riñéndole... No se trata de un intento de manipular a su hermano, sino que lo que pretende es 'educarlo' del mismo modo que nosotros como padres lo educamos a él. Quiere tanto a su hermano, se preocupa tanto por él, que su intención es 'tutorizarlo' para que no le pase nada malo, para que aprenda a hacer las cosas. El problema es que tiene muy buenas intenciones, pero no tan buenas habilidades para desarrollar esa función, por lo que se acaba convirtiendo en un nuevo conflicto entre hermanos. &lt;br /&gt;Como padres, comprender las intenciones de nuestro hijo nos puede ayudar a darle un nuevo enfoque a la situación. Cuando nuestro hijo está 'ejerciendo de 2º padre' con su hermano, podemos censurar su manera de hacerlo, pero las intenciones no dejan de ser buenas en la mayoría de los casos. Por lo tanto, podríamos explicarle cómo sería correcto hacerlo sin que el otro se sienta manipulado. Enseñarle como tiene que explicarle las cosas, como puede 'tutorizarlo'. De esta manera, estamos ayudando a nuestro hijo a desarrollar sus habilidades sociales, y al mismo tiempo puede que consigamos reducir el número de conflictos entre él y su hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier caso, en el día a día podemos trasmitir a nuestros hijos que a pesar de ser iguales (porque son mis hijos, porque los quiero mucho, porque somos una familia...) existen entre ellos ciertas diferencias asociadas a la edad. Como padres, sabemos que hay cosas que un niño pequeño aún no puede hacer, y otras que un niño más mayorcito ya no debe hacer, sin embargo, cuando aplicamos esta idea, normalmente (salvo que la situación lo demande) no solemos verbalizarla. Hacer patente esta idea cada vez que se nos presente la oportunidad puede ayudar a nuestros hijos a entender y asumir estas diferencias asociadas a la edad. Por ejemplo, si le digo al mayor que vaya a comprar el pan, puedo recalcar 'como tu ya eres mayor ¿podrías ir a comprar el pan?, porque tu hermanos es pequeño y todavía no puede' o si el pequeño no recoge los juguetes 'que sepas que te ayudo porque todavía eres pequeño, porque cuando tengas la edad de tu hermano estas cosas las tienes que hacer solo'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras ideas que surgieron durante la sesión asociadas al análisis de la relación de los hermanos son las siguientes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;LOS CASTIGOS&lt;/span&gt;. Poner un castigo no es malo, es una herramienta educativa como cualquier otra. Ahora bien, hay que saber aplicarla. En primer lugar cuantos menos lo usemos más eficaz será el día que pongamos un castigo, porque para nuestro hijo será algo a lo que no está acostumbrado y le resultará más desagradable. Lo ideal sería sustituir los castigos, por el refuerzo, es decir, no recalco tanto lo que haces mal (castigo) sino que me fijo más en lo que haces bien (refuerzo). Para ello, podemos servirnos de sistemas de puntos y premios en los que cada día valoremos las cosas que hizo bien nuestro hijo, contribuyendo de este modo a fortalecer su autoestima. Igual de válido es desarrollar el sistema de refuerzos sin apoyarse en formatos de puntos diarios, pero estos nos ayudan a llevar un control más directo y a que no se nos olvide lo que estamos haciendo.&lt;br /&gt;También es fundamental tener en cuenta, que cuando castigamos a nuestro hijo estamos castigándolo a él, y solo él debe pagar las consecuencias. Si castigo a mi hijo sin jugar con la consola y a la consola juega con su hermano, estoy castigando al hermano a no jugar tampoco. O si castigo a mi hijo sin ir a la playa, nos acabamos de quedar sin playa toda la familia. En teoría, un buen castigo es el que se aplica inmediatamente y sobre aspectos relacionados directamente con el motivo por el que se impone. &lt;br /&gt;Por último, y en relación con lo que acabamos de comentar, es importante no aplicar castigos cuya repercusión afecte a otras áreas de nuestro hijo. Como padres sabemos dónde le duele más a nuestro hijo y cuando le ponemos un castigo atacamos a lo que sabemos que tiene efecto, ahora bien, hay ciertas cosas que debemos respetar. Si castigamos a nuestro hijo sin ir a un cumpleaños o a su actividad extraescolar favorita, lo estamos apartando de las relaciones sociales que tanta falta le hacen y esos 'daños colaterales' también debemos tenerlos en cuenta a la hora de poner un castigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;SER GRACIOSO&lt;/span&gt;. Nuestros hijos se sienten muy atraídos por el sentido del humor. Les encanta hacer reír a los demás, y a veces llega a obsesionarles el ser graciosos. La explicación es bien sencilla. La risa es la expresión de la emoción más positiva: la alegría. Ser capaz de provocar alegría a los demás, es una sensación maravillosa para nuestros hijos, no solo por la parte 'sentimental' del asunto, sino porque cuando eres gracioso, te conviertes con mucha facilidad en el centro de atención y aumenta considerablemente el número de relaciones sociales. Por todo esto, es normal que a nuestros hijos les atraiga la idea de ser graciosos, el problema es que a veces (no siempre) son capaces de intentar ser graciosos a toda costa, pasando del 'se ríen conmigo al se ríen de mí'. Esto también es un problema de habilidades sociales, por lo tanto, tiende a desaparecer cuando nuestro hijo descubre o desarrolla nuevas maneras de relacionarse con los demás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;REFUERZO ACADÉMICO EN CASA&lt;/span&gt;. Sabemos que a nivel de contenidos nuestros hijos no necesitan ningún tipo de refuerzo. Adquieren los conocimientos sin necesidad de hacer tanta tarea ni de estudiar tanto tiempo. Por tanto, si realmente queremos aportar algo a nuestros hijos a nivel académico desde casa, en lugar de obligarlos a hacer tarea o a estudiar, lo que debemos es fijarnos en aquellas 'disciplinas' en las que nuestro hijo tiene más dificultades, que suelen ser las actividades relacionadas con la psicomotricidad fina: escribir, colorear, recortar... si en casa 'creamos' situaciones en las que nuestro hijo realiza estas actividades de manera divertida, estaremos consiguiendo tres cosas: por un lado, que refuerce y mejore en esos aspecto que a veces le pueden suponer un problema en el aula. Por otro lado, que rompa con la imagen negativa de este tipo de actividades al convertirlas en algo lúdico (y que además paulatinamente se le irá dando cada vez mejor). Y por último, que desarrolle actividades de ocio familiar mucho más creativas y artísticas que los clásicos juguetes o las videoconsolas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-weight:bold;"&gt;OBSESIÓN POR DISTRAERSE&lt;/span&gt;.  Es muy habitual escuchar a nuestro hijo expresiones del tipo: 'estoy aburrido, ¿qué hago?'. Ya hemos insistido en otras ocasiones que nuestros hijos funcionan a un ritmo más rápido que el nuestro, por lo tanto, es normal que necesiten algo que hacer, una ocupación, una distracción. Los ratos que nuestro hijo se pasa sin nada que hacer, para él son una autentica pérdida de tiempo (con la de cosas que hay en el mundo, verse cruzado de brazos es frustrante). En este caso como padres, lo único que podemos hacer es ofrecer a nuestro hijo las opciones que estén en nuestra mano. No sirve de nada 'venderles la moto' de que todo el tiempo no puede estar haciendo cosas y que a veces no hay nada que hacer y es necesario aburrirse. Ese mensaje no lo entenderán nuestros hijos hasta que no tengan la edad suficiente. Así que como decía, lo único que podemos hacer es ofrecerle las alternativas posibles. Si estamos ocupados, podemos ofrecerles (en la medida que lo permitan las posibilidades) que nos ayuden (con las cosas de la casa por ejemplo). Si estamos más libres podemos proponerles la realización de alguna actividad de nuestro agrado o interés (te voy a enseñar cómo se dobla la ropa para guardarla). No se trata de ser los bufones de nuestro hijo, ni de dejar lo que estamos haciendo para divertirlos, sino de percibir las oportunidades del día a día. Por ejemplo, si está aburrido, es más fácil que se preste a participar en alguna de las tareas de 'refuerzo académico' que mencionábamos en el punto anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La próxima sesión de la Escuela de Padres será el viernes 11 de Junio a las 17:30, como siempre en el aula 20-B de la Facultad de Ciencias de la Educación. Esta es la última sesión del curso, por lo tanto en ella retomaremos varios de los temas tratados durante el año a modo de 'evaluación final' antes de irnos de vacaciones. Os invito a repasar antes de este último día las entradas del blog referentes al resto de sesiones que hemos tenido este curso de manera que tengamos una visión general de todos los temas que hemos tratado durante el año. Del mismo modo, y a pesar de la escasa participación registrada, vuelvo a brindaros la posibilidad de proponer lo que queráis añadiendo un comentario a continuación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cualquier duda o consulta disponéis del Foro de ASUC o podéis mandar un correo a jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-2867546944097476258?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/2867546944097476258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/05/relaciones-de-hermanos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/2867546944097476258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/2867546944097476258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/05/relaciones-de-hermanos.html' title='Relaciones de hermanos'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-3264185319990063477</id><published>2010-04-24T11:00:00.003+02:00</published><updated>2010-04-24T11:36:07.482+02:00</updated><title type='text'>"Adolescentes precoces"</title><content type='html'>&lt;p&gt;Empezamos el tercer trimestre con un tema delicado: la&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;strong&gt;lucha de poder&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; que nuestros hijos mantienen con nosotros. En primer lugar hay que aclarar que no se trata de un rasgo único ni distintivo de los niños con sobredotación. Todo hijo siente la necesidad biológica de &lt;strong&gt;enfrentarse&lt;/strong&gt; a sus padres, de superarlos. Es el camino de la evolución personal hacia la madurez. Mientras que, normalmente, el momento vital en el que un hijo se enfrenta a sus padres es durante la adolescencia, en nuestro caso (y eso sí es peculiar en nuestros hijos) eso ocurre mucho antes. El motivo es que, en los niños con sobredotación, las características psicológicas que justifican las actitudes rebeldes de los adolescentes están presentes desde la más tierna infancia, por lo que se podría decir que nuestros hijos son &lt;em&gt;adolescentes precoces&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero llama la atención que nuestros hijos suelen ser más incontrolables (más adolescentes precoces) cuando se encuentran en el &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;ambiente familiar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. Es muy común que en otros ambientes sea un niño que se sabe comportar (todo lo bien que se puede comportar un niño), que respeta a los demás y que no actúa de manera agresiva. Entonces, ¿Por qué se muestra tan rebelde en casa? La respuesta es bien sencilla: en casa, es decir, en su entorno familiar, se unen al menos tres factores determinantes:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. &lt;strong&gt; Con mi familia no tengo por qué aparentar&lt;/strong&gt;. Si fuera de casa nuestro hijo diera rienda suelta a sus impulsos, correría el riesgo de ser rechazado por los demás (nadie quiere como amigo al protestón que siempre quiere llevar la razón). Que se comporte de forma más correcta en otros entornos donde no estamos nosotros presentes, nos indica la capacidad de adaptación que tiene nuestro hijo, que es capaz de ajustar su manera de actuar al entorno con el que está interactuando. En el ámbito familiar nuestro hijo se siente suficientemente integrado y respaldado para expresarse con libertad, sin necesidad de reprimir sus impulsos, ya que por muy feas que se pongan las cosas, sabe que sus padres siempre van a ser sus padres; un amigo puede dejar de serlo, pero unos padres son para toda la vida. No es que en la calle se porte mejor, es que en casa tiene la suficiente confianza como para expresar las cosas tal y como las siente, sin necesidad de ser 'políticamente correcto'.&lt;br /&gt;2. &lt;strong&gt;Quiero ser el protagonista&lt;/strong&gt;. La mayoría de las cosas que hace nuestro hijo estando nosotros presentes tienen por objetivo llamar nuestra atención. En otras ocasiones hemos hablado de lo importante que es para nuestros hijos sentir que le prestamos el máximo de atención posible y de cómo, a veces, generar una discusión o motivar una regañina no son ni más ni menos que estrategias para conseguir que dejemos de hacer lo que estamos haciendo y le prestemos toda nuestra atención.&lt;br /&gt;3. &lt;strong&gt;Los padres representan la máxima autoridad&lt;/strong&gt; para un niño. Aunque a veces nos pueda parecer que los maestros (especialmente los tutores) son para nuestros hijos el más alto nivel de jerarquía de la autoridad, desde el punto de vista de los hijos, sus padres son siempre el estamento superior. Evidentemente, las relaciones que se establecen son diferentes, y de ahí el equivoco, pero el 'poder' del maestro se limita a un ámbito concreto, a una parcela limitada de sus vidas, mientras que la sombra de los padres es más alargada. Los padres ejercen control (o influencia) sobre todos los aspectos de la vida de un niño. No hay nada que puedan decidir que no esté sujeto al derecho a veto que tienen los padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo esto, debemos entender que los retos a los que nos somete nuestro hijo (por muy difícil de manejar que sea) forman parte de la normalidad. Una vez asumido esto, el problema al que nos enfrentamos es cómo actuar ante estos retos. Como todos sabemos, no existen recetas mágicas. No hay un único mecanismo que poner en marcha, sino que tenemos que fabricar nuestras propias estrategias, que estarán en función de las características de nuestro hijo, de nuestras propias características como padres y de la situación concreta que se haya producido. Ahora bien, lo que sí tenemos que tener presente es que la mejor forma de enfrentarnos a esta lucha de poder es el &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;autocontrol&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Somos adultos, somos maduros, somos el espejo en el que se miran nuestros hijos, por lo tanto no podemos ser histéricos compulsivos que a la primera de cambio perdemos los papeles. No se trata de ser pacientes en el sentido de esperar indefinidamente aguantando el chaparrón de nuestro hijo. Se trata de ser conscientes de que nuestro hijo nos está poniendo a prueba (aunque sea de manera inconsciente), de saber que estamos librando un mano a mano en el que no se trata de ganar a toda costa, sino de ver las cosas con perspectiva, a largo plazo. Si ante una 'provocación' de mi hijo zanjo el tema con un grito y un castigo, estoy ganando la batalla, pero no la guerra. Mi hijo me ha sacado de quicio, con una única acción ha conseguido sobrepasar mis límites, a hecho que mi talante educativo y dialogante se diluya, que el adulto maduro y sensato no sea capaz de controlar la situación ni de controlarse a sí mismo. En una situación así, mi hijo ha conseguido ser él el que domina, el que ejerce influencia sobre mi, el que tiene el poder.&lt;br /&gt;Por eso, frente a un reto planteado por mi hijo es fundamental mantener el autocontrol para poder controlar la discusión. Para esto, lo mejor es ser siempre consciente de lo que está pasando: mi hijo me está retando y es normal que lo haga; yo soy el adulto y, por lo tanto, el que debe aportar la sensatez. Lo que busca es llamar mi atención, aunque sea de modo negativo. Instintivamente quiere superarme, ser más listo-poderoso que yo... Si soy capaz de planteármelo así, de mentalizarme que no se trata de discusiones aisladas sino que es un proceso complejo y natural, puedo tener la suficiente perspectiva para ver las cosas desde otro punto de vista, con la superioridad que da el ser adulto y saber lo que está pasando. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;De este modo puedo ser &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;paciente y condescendiente&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; con mi hijo, no para consentirlo, sino para 'enfrentarme' a él con la actitud propia de una relación jerárquica en la que no discutimos de igual a igual, sino que yo siempre veo las cosas desde un punto de vista más elevado, más a largo plazo. Lo que importa no es el tema sobre el que estamos discutiendo (que pueden ser cosas sin la menor importancia real) lo importante es la discusión en si misma y si somos o no capaces de manejarla. Y para eso debemos mantener la cabeza fría y no perder la perspectiva de quien es el adulto. Para no dejarnos llevar por la tensión de una discusión  nos pueden ayudar &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;herramientas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; como:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Buscar un &lt;strong&gt;'juez o arbitro'&lt;/strong&gt;. Alguien o algo que sea objetivo y que pueda aportar el punto de vista o la información necesarias para llegar a conclusiones. Por ejemplo, otra persona que no estuviera presente en la discusión inicial o la información que nos puedan aportar  libros o Internet.&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt; Aplazar&lt;/strong&gt; la conversación. Hasta que las dos partes recuperen la serenidad no merece la pena seguir discutiendo, porque estamos nerviosos. No se trata de 'me voy' o 'te vas', sino de justificar que con tanta tensión no merece la pena seguir hablando, que luego retomamos el tema.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Reconocer errores y aciertos&lt;/strong&gt; (tanto los propios como los de mi hijo). Suele rebajar mucho la tensión otorgar alguna parte de razón en los argumentos del otro y más aún reconocer algún fallo en los planteamientos personales.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Desviar el tema&lt;/strong&gt; hacia aquellos aspectos que nos interesan realmente. La discusión se me va de las manos porque mi hijo es quien la dirige, él 'ataca' y yo me 'defiendo'. Podemos cambiar las tornas planteando a mi hijo un análisis de la situación más allá del tema que se está discutiendo en ese momento. Por ejemplo: “a mi no me importa quién tiene razón lo que me preocupa es que... llevas tres días seguidos discutiendo conmigo por cualquier cosa/últimamente te peleas mucho con tu hermano/siempre que empezamos a hablar me acabas gritando...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente, existen momentos en los que no podemos permitirnos el lujo de discutir con nuestros hijos (nuestra vida lleva un ritmo que no podemos controlar a nuestro antojo). Ahí no nos queda más remedio que recurrir a la imposición directa e inmediata. Pero como ya hemos comentado en otras ocasiones, se trata de detectar las oportunidades. Cuando no puedo, no puedo y punto. Es irreprochable, nadie me puede censurar que en un momento determinado haga uso de un grito o un castigo. Ahora bien, cuando las circunstancias me lo permiten, debo ser capaz de darme cuenta de la oportunidad y desarrollar toda esa gama de estrategias que voy creando con la finalidad de educar a mi hijo para que llegue a ser un adulto maduro.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Como siempre, en la sesión de la Escuela de Padres, al margen del tema principal se abordaron &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;otros muchos temas de interés&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. Estas son algunas de las ideas que se plantearon:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt; ¿Debería mi hijo ser más prudente y callarse muchas de las cosas que piensa?&lt;/strong&gt; Evidentemente forma parte de las habilidades sociales saber qué cosas se deben decir con más tacto, o incluso evitar decirlas, pero eso es algo que todos hemos aprendido con los años. Nadie nace siendo un experto en relaciones sociales, sino que es la experiencia la que nos dicta con qué debemos ser más prudentes al hablar. Por nuestra parte, como padres, siempre debemos insistir a nuestro hijo en la importancia de no herir a los demás con nuestras palabras, ya que existen formas de decir lo que pensamos sin ofender ni molestar a nadie. Pero, bajo ningún concepto deberíamos decir a nuestro hijo que no diga lo que piensa. Que lo diga de manera correcta, pero que lo diga, porque, de lo contrario, lo que le estamos diciendo es que no sea sincero, que no exprese sus opiniones, que no defienda sus derechos, que renuncie a sus ideas... en definitiva, que no sea él mismo.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Mi hijo no estudia, nunca va a tener hábito de estudio.&lt;/strong&gt; No es que no estudien, es que lo hacen de otra manera. Del mismo modo que nuestros hijos no necesitan hacer las 20 cuentas de sumar que le manda el maestro al resto de la clase (porque ellos ya saben), tampoco necesitan estudiar al estilo tradicional. Es curioso que, como padres, enseguida nos damos cuenta que en el colegio nuestro hijo necesita adaptaciones, porque su aprendizaje se desarrolla de otra manera; sin embargo, en casa queremos que estudie como lo hace 'todo el mundo'... ¿qué pasa? ¿es que para estudiar nuestro hijo no necesita las adaptaciones? Si su aprendizaje es diferente su forma de 'estudiar' también debe serlo y eso debemos entenderlo y respetarlo. Lo fundamental en este caso es que aprendamos a confiar en nuestro hijo y que si él nos dice que ya se sabe la lección, lo aceptemos. Motivos más que de sobra tenemos para confiar en nuestros hijos a nivel académico, ya que las notas respaldan su forma de 'estudiar'. Ahora bien, si en algún momento se produjera alguna bajada de notas significativa sería mi momento (una vez más la oportunidad) para hablar con él sobre el tema y proponerle (o exigirle) otro sistema alternativo de estudio. Pero mientras los resultados sean positivos, deberíamos esforzarnos en confiar en nuestros hijos. Ellos lo van a agradecer.&lt;br /&gt;Además, en relación con esto, está el tema del fracaso y la frustración. Nos preocupa que nuestro hijo sea un mal perdedor cuando jugamos con él y que no acepte el fracaso, pero en cambio, en el ámbito escolar, no lo dejamos cometer ni un solo tropezón y nos esforzamos día tras día en que lleve la tarea hecha y que re-estudie lo que ya se sabe antes del examen. Si queremos que nuestro hijo aprenda a tolerar la frustración y a aceptar la derrota (el fracaso), no le vendría mal tropezarse de vez en cuando y tener que esforzarse para enmendar sus errores (examen con menos nota de la deseada, bronca del profesor por no traer la tarea...).&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;"¿Obligaciones? -No, gracias"&lt;/strong&gt;. Qué difícil es conseguir que nuestros hijos hagan algo en casa. Que recojan sus cosas, que ayuden a poner la mesa... Normalmente el problema reside en el planteamiento. Nuestros hijos son rebeldes por naturaleza y detestan las imposiciones. Si en lugar de pretender que hagan cosas en casa porque se lo decimos nosotros, somos capaces de “pedirles ayuda” para realizar determinadas tareas, es muy probable que se muestren más dispuestos. Especialmente resultará efectivo, si las tareas domésticas se presentan como un trabajo en equipo, ya que no debemos olvidar que a nuestro hijo le gusta estar con nosotros, que le prestemos atención y que hagamos cosas juntos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La próxima sesión de la Escuela de Padres será el viernes 7 de Mayo a las 17:30, como siempre en el aula 20-B de la Facultad de Ciencias de la Educación. En este caso, vamos a probar algo nuevo. En lugar de determinar de antemano el tema a tratar en la sesión, os invito a añadir un comentario a continuación de esta entrada del blog proponiendo el tema que os gustaría abordar. Seguro que hay cosas que os interesan o preocupan y aún no hemos planteado. No importa que no seas de los que asisten normalmente; sería una buena manera de aportar tu granito de arena sugerirnos un tema de análisis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cualquier duda o consulta disponéis del Foro de ASUC o podéis mandar un correo a &lt;a href="mailto:jesusgarciagallardo@gmail.com"&gt;jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-3264185319990063477?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/3264185319990063477/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/04/adolescentes-precoces.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/3264185319990063477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/3264185319990063477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/04/adolescentes-precoces.html' title='&quot;Adolescentes precoces&quot;'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-6409052948434180794</id><published>2010-04-04T23:50:00.001+02:00</published><updated>2010-04-04T23:53:00.250+02:00</updated><title type='text'>Entender a un hijo</title><content type='html'>En la última sesión del trimestre quisimos analizar la capacidad que tenemos para entender a nuestros hijos y para hacernos entender por ellos. En general, creemos que la conexión que existe entre nosotros y nuestros hijos es buena, pero hay una par de puntos de interés que vale la pena analizar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El principal factor que nos puede hacer dudar de la comprensión que tenemos de nuestros hijos y su mundo es el dichoso &lt;strong&gt;síndrome de disincronía&lt;/strong&gt; (conductas intelectuales propias de adultos frente a niveles de maduración infantiles). Podemos llegar a creer que no entendemos a nuestro hijo cuando   su manera de actuar cambiante nos deja fuera de juego. Tan pronto tengo que hacer un esfuerzo para razonar con él como un adulto, como me veo riñéndole por una tontería propia de un bebé; esto no sólo es frustrante, sino que nos hace caer en un pozo de sensaciones en el que la idea de fondo siempre es la misma: 'cada vez entiendo menos a mi hijo'.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, realmente sí entendemos lo que hace nuestro hijo y por qué lo hace. Sabemos que posee una serie de características que justifican esas conductas, así que debemos desterrar el pensamiento del 'no lo entiendo'. Sabemos por qué actúa indistintamente como un adulto o como un niño pequeño; ahora lo que tenemos que hacer es mentalizarnos de que ésa es su realidad y aprender a convivir con ella de la manera más saludable posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las claves puede estar en las expectativas (o exigencias, según se mire). Si nos desorientan tanto los cambios de nivel de nuestro hijo (madurez-infantilismo) es porque cuando nos relacionamos con otras personas, de manera inconsciente tendemos a evaluarlas, a analizarlas para saber cómo son y así clasificarlas en nuestro esquema mental. Si alguien te pregunta sin previo aviso con quién dejarías a tus hijos para que los cuidara mientras tu no estás, inmediatamente te vendrán a la cabeza algunos nombres (los que has clasificado en tu mente como capaces, como responsables); sin embargo, hay otras personas con quien no dejarías a tu hijo aunque se ofrecieran voluntarias, porque tus expectativas sobre ellas son negativas. Pues eso mismo ocurre con nuestros hijos. En nuestra relación diaria vamos construyendo nuestro análisis mental, y por lo tanto vamos generando unas expectativas sobre él; entonces, de repente nuestro hijo empieza a actuar de manera infantil y todo nuestro esquema mental se derrumba en cuestión de segundos. Es en ese momento cuando surgen los pensamientos de 'yo no entiendo a mi hijo', porque acabo de perder toda la construcción mental que me había hecho sobre él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso es fundamental que seamos capaces de&lt;strong&gt; incluir su disincronía en nuestras expectativas&lt;/strong&gt;. Como padres sabemos que nuestro hijo posee esa característica que le hace bailar entre un nivel muy alto y muy bajo de madurez; por lo tanto tenemos que ser plenamente conscientes de ello y no dejarnos sorprender por sus cambios de nivel, ya que esperamos que éstos ocurran. Evidentemente no son plato de buen gusto, y nos costará reaccionar ante ellos, pero la clave está en conocer a nuestro hijo. Si yo sé que mi hijo tiende a expresar sus emociones llorando, no me puede extrañar que estando alegremente en el parque de pronto se ponga a llorar, porque sé que es propio de él. Del mismo modo, si sé que mi hijo se mueve en dos niveles (madurez-infantilismo) no debería sorprenderme que salte de un registro al otro, porque sé que él se expresa a través de ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si somos capaces de asumir esto, seguramente reaccionaremos de manera más controlada ante los cambios de nivel de nuestro hijo, con lo que al estar más serenos, al ser más dueños de la situación, podremos dominar el momento para interactuar con nuestro hijo, de modo que poco a poco le vayamos enseñando las formas correctas de actuar y de este modo le ayudaremos mejor a conocerse y a evolucionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro asunto interesante cuando hablamos de entender a nuestro hijo es el de la &lt;strong&gt;identificación que podemos llegar a sentir con su punto de vista&lt;/strong&gt;. Nuestros hijos son fabulosos argumentadores. Se les da estupendamente bien convencer a los demás de que las cosas son como ellos dicen y, por supuesto que nosotros, por muy padres que seamos, no estamos a salvo de esta capacidad de nuestros hijos. Especialmente porque jugamos con la desventaja de que nosotros queremos entender a nuestros hijos, empatizar con ellos, y eso nos sitúa en una posición en la que es muy fácil que nos lleven a su terreno. Cuando las discusiones tratan sobre asuntos domésticos, solemos ser más inflexibles, porque en ellos la autoridad somos nosotros y tenemos muy claro cómo son las cosas y cómo deben ser. Sin embargo, cuando el ámbito de la conversación nos lleva más allá de casa (las injusticias del mundo, el cole, las actividades extra-escolares, los niños del patio...) podemos llegar a experimentar una sensación muy amarga, porque entendemos que los argumentos de nuestro hijo son razonables, sentimos que tienen razón y caemos en la tentación de verlos como victimas de las injusticias, tal y como se ven ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entender a nuestros hijos es fundamental para ellos y para nosotros, pero convertir nuestro punto de vista en el suyo no es en absoluto útil para ninguno de los dos. Desde nuestra posición de padres tenemos el privilegio de que nuestros hijos nos cuente algunas cosas en busca del consuelo y el apoyo que no encuentran en otro sitio (incluso a veces lo que buscan en que le solucionemos la papeleta con el poder que nos confiere ser padres y ser adultos). Mostrarnos comprensivos con él y su problema, llegar a entender realmente su punto de vista es muy importante para nuestro hijo y para fortalecer su relación con nosotros, pero si nos quedamos en eso estamos haciendo una labor incompleta. Una cosa es entender lo que le ha pasado a nuestro hijo y otra muy distinta vivirlo como él lo vive, con la misma carga de frustración, de agobio, de enfado... Lógicamente nos tienen que afectar las cosas de nuestros hijos, pero no cegarnos. Somos adultos y sabemos ver las cosas a largo plazo, tenemos la experiencia suficiente para saber afrontar los problemas de manera más saludable. Yo entiendo a mi hijo, pero también entiendo el mundo en el que vivimos y lo complejas que llegan a ser las relaciones sociales, y eso no se me puede olvidar cuando estoy 'entendiendo' a mi hijo. Si me identifico tanto con mi hijo que me limito a ver las cosas desde su punto de vista y a sufrirlas como él las sufre, corro el riesgo de no poder enseñarle a mi hijo nada en esa situación, de no poder sacar partido de las cosas que le pasan para que aprenda una lección de ellas. Ya lo comentábamos en otra ocasión: todo lo que le ocurre a mi hijo (positivo o negativo) es una oportunidad educativa. Si yo me quedo en el papel de sufridor al lado de mi hijo, quizás llegue a consolarlo, pero poco más. Sin embargo, si hago valer mi posición de adulto y soy capaz de ver un poco más allá, puedo convertir el problema en una oportunidad y sacar provecho de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un ejemplo claro de esto se presentó durante la sesión. Un niño con muy buenas notas en los exámenes (nueves y dieces) al recibir el boletín descubre que la nota final es un 6, supuestamente por mal comportamiento. Evidentemente, el niño se indigna, es una injusticia, se siente maltratado por el maestro... Como padres, podemos entender a nuestro hijo, incluso podemos llegar a pensar que la bajada de la nota ha sido exagerada, que nuestro hijo se va a sentir tremendamente desmotivado, pero frente a esta situación aparentemente perjudicial podemos ver una oportunidad. Nuestro hijo va al cole a aprender, no solo a sumar y restar, sino también a relacionarse, a convivir, a comportarse... de modo que de esta historia podemos sacar una lectura positiva, si no nos vence la pasión por nuestro hijo y mantenemos la perspectiva de un adulto y de un proceso educativo a largo plazo. Mi actitud frente a esta situación puede evolucionar desde ese primer momento de comprensión y apoyo a mi hijo, a una segunda etapa en la que convenzo a mi hijo de la importancia de saber comportarse en los sitios, de cómo en el próximo trimestre tiene que esforzarse para que no le quiten puntos, no necesariamente justificando al maestro; si hace falta lo podemos poner como el malo de la película, pero sabiendo que es él el que pone la nota. Por lo tanto tengo que transmitir a mi hijo el mensaje de que es a él al que tiene que convencer para que le ponga mejor nota, sería como una especie de reto. Si finalmente nuestro hijo supera el reto y, además de seguir sacando buenas notas en los exámenes, se esfuerza en que no le resten puntos por mal comportamiento y la nota del boletín mejora, habremos conseguido algo muy positivo de un acontecimiento aparentemente negativo. Es una cuestión de perspectiva, de ver las cosas a largo plazo y de entender cada suceso como una oportunidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además del tema principal del día, se abordaron multitud de cuestiones que fueron surgiendo a lo largo de la sesión, aunque algunas de ellas ya fueron tratadas en sesiones anteriores. Presentamos aquí una breve referencia a ellas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-        &lt;strong&gt;Cosas en común con los demás&lt;/strong&gt;: muchas veces, nuestros hijos no participan en ciertos juegos o actividades muy populares entre otros niños porque su timidez, su vergüenza o su miedo al ridículo, les hacen que las rechacen. Prefieren la seguridad de aquellas actividades que saben que se les dan bien o aquellas en las que al menos no van a destacar por abajo. Frente a esto, podemos ayudar a nuestro hijo invitándolo a participar en esas actividades gradualmente. Por ejemplo, si la bicicleta se le resiste, es normal que no quiera montar en bici delante de otros niños porque se podrían burlar de él y ya sabemos lo sensibles que son nuestros hijos. En cambio, si organizamos una actividad con bicis en familia, o con otros niños que no sepan montar (aunque sean menores que el nuestro) eliminamos el factor vergüenza y le estamos dando pie a que se suelte en una actividad que más adelante puede llegar a compartir sin miedo con otros niños de su edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-        &lt;strong&gt;Saber perder&lt;/strong&gt;: como ya hemos comentado otras veces, solo existe una receta para aprender a perder: a perder se aprende perdiendo. Si queremos que nuestro hijo afronte la frustración, debemos enfrentarlo a ella. Ya está bien de dejarlo ganar o de permitirle que cambie constantemente las reglas de los juegos para alzarse con la victoria. Si se enfada, que se enfade, tarde o temprano volverá a pedirnos que juguemos con él, porque las ganas de jugar serán más fuertes que el enfado por haber perdido. Otra ayuda interesante para favorecer el proceso de aprender a perder es la participación en actividades extra-escolares deportivas. Estas actividades suelen trabajar en dos dimensiones, la colaboración (al tratar se un equipo) y la competición (donde no todos pueden ganar). Además si la actividad es la apropiada es un hervidero de nuevas relaciones y amistades y una manera divertida de hacer ejercicio físico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-        &lt;strong&gt;Llamadas de atención dolorosas&lt;/strong&gt;: la mejor manera de ejercer control sobre unos padres es a través del dolor. Cuando un hijo está enfermo es muy difícil (por no decir imposible) mirar para otro lado. Nuestros hijos lo saben y lo usan. Existen muchos casos en los que son simples teatros para tenernos encima suya, otras veces, su sugestión les puede llevara a somatizar algún tipo de patología leve (dolores de cabeza, nauseas, enuresis...). El problema es que si caemos en la trampa lo que hacemos es fomentar la conducta. Si le duele la cabeza o la barriga a menudo, hay que llevarlo al médico, y si no tiene nada, tenemos que dejar de atenderlo, porque mientras que siga funcionando, seguirá haciéndolo. Podemos mandarlo a la cama si le duele algo y nosotros seguir a lo nuestro, a ver cuanto tarda en quererse levantar al verse sólo y aburrido en su cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-        ¿Nuestros hijos &lt;strong&gt;se portan mal en clase&lt;/strong&gt;?: no. La respuesta es así de sencilla. No es que se porten mal, es que están desatendidos y cualquier niño desatendido busca atención. El colegio no está diseñado para atender a sus necesidades y por tanto nuestros hijos pueden parecer entrometidos, preguntones, inquietos, cotillas, charlatanes, pedantes... pero el problema no es de ellos, es de la escuela, lo que pasa es que los que sufren las consecuencias sí son ellos. Sin embargo, como decíamos antes, en el cole también se aprende a convivir y a relacionarse, por lo tanto, es importante que nuestros hijos desarrollen su capacidad de adaptación. La escuela puede llegar a ser un medio hostil, pero si nuestro hijo aprende a adaptarse a él estará preparándose para entrar en otro medio mucho más duro, el mundo adulto. Eso si, aclarar que adaptarse al medio no es lo mismo que renunciar a ser tú mismo. Significa que me conozco a mi mismo y la sociedad lo suficientemente bien como para saber donde puedo expresarme con más libertad y donde debo evitar ciertas cosas. Esa es la adaptación que necesitan desarrollar nuestros hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-        &lt;strong&gt;Dependencia familiar&lt;/strong&gt;: a veces nos puede dar la sensación de que nuestros hijos no son capaces de dar un paso sin nosotros, que están tan solos que nos necesitan constantemente y que eso no es bueno para ellos. No se trata de una dependencia tal y como la podemos entender normalmente. Nuestros hijos lo que necesitan es compañía, y normalmente la encuentran en nosotros, pero eso no quiere decir que sean dependientes. Es normal que en casa traten de llamar nuestra atención, porque somos los que estamos allí. Sin embargo, el fin de semana pasado tuvimos la oportunidad de vivir en primera persona el mejor ejemplo de que no es una cuestión de dependencia de papa y mama. En la excursión que realizamos a Córdoba, si fueran niños dependientes habrían estado cada uno pegado su familia, sin embargo, en este contexto la compañía que buscaban era otra, la de sus amigos, y de repente los padres ya no eran la figura de interés. Así que no se trata de dependencia, sino de gusto por sentirse acompañado, y eso además de ser bueno, derrumba el mito de que nuestros hijos son solitarios y huraños. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esto damos por finalizado el 2º trimestre de nuestra Escuela de Padres. Nuestra próxima cita será el viernes 16 de Abril a las 17:30, como siempre en el aula 20-B de la Facultad de Ciencias de la Educación. En esta ocasión el tema con el que iniciaremos la sesión será: &lt;strong&gt;LA LUCHA DE PODER QUE NUESTRO HIJO MANTIENE CON NOSOTROS&lt;/strong&gt;. Trataremos de analizar por qué se produce y cómo podemos controlarlo. Para ello sería interesante que trajéramos de casa pensados diferentes ejemplos de cómo nuestro hijo nos reta y se enfrenta a nuestra autoridad, desde la confrontación directa hasta las formas más sutiles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cualquier duda o consulta disponéis del Foro de ASUC o podéis mandar un correo a &lt;a href="mailto:jesusgarciagallardo@gmail.com"&gt;jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-6409052948434180794?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/6409052948434180794/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/04/entender-un-hijo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6409052948434180794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6409052948434180794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/04/entender-un-hijo.html' title='Entender a un hijo'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-6608413168272037552</id><published>2010-01-29T08:29:00.005+01:00</published><updated>2010-01-29T08:59:29.040+01:00</updated><title type='text'>Esos "problemillas" del día a día: despistes, retos, introversión y el cole.</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Después de haber dedicado las primeras sesiones de este curso a analizarnos a nosotros mismos como padres, ahora llega el momento de ir a las cosas del día a día, a esas que más nos preocupan porque nos hacen quedarnos sin respuesta. En la tercera sesión de &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:personname productid="la Escuela" st="on"&gt;la Escuela&lt;/st1:personname&gt; de Padres volvimos a hacer una exploración de los temas que más nos preocupan, deteniéndonos en aquellos que suscitaron un mayor interés común.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l0 level1 lfo1" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;1.&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Tienen los niños superdotados problemas de &lt;strong&gt;déficit de atención&lt;/strong&gt;? La respuesta es rotunda: &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;no&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. La sobredotación no está de ningún modo asociada a los problemas de atención. Entonces ¿por qué son tan despistados y se distraen con tanta facilidad? Es cierto que pueden parecer poco atentos y que aparentemente les cuesta concentrarse, pero se trata más bien de un problema de interés, de motivación. Cuando están realizando una actividad que les gusta son capaces de invertir horas en ella, mostrando una total atención y concentración, sin que les suponga ningún esfuerzo. El problema viene cuando nuestro hijo se enfrenta a una actividad que no es de su agrado y que requiere por su parte un mínimo (ni siquiera tiene que ser mucho) de atención. Si no le gusta algo se aburre haciéndolo, y si se aburre es muy fácil que se distraiga con cualquier cosa, porque lo que sí debemos tener presente es que nuestro hijo tiene una capacidad creativa que le permite &lt;em&gt;fabricar&lt;/em&gt; sus propias distracciones, sin necesidad de que éstas sean realmente distraídas. Así que es muy fácil que nos dé la sensación de que no es capaz de centrarse en nada, que es un niño sin capacidad de concentración, pero el problema no es de atención, es de &lt;strong&gt;motivación&lt;/strong&gt;.&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S2KUGCD18bI/AAAAAAAAASo/eDy0HdwkvZI/s1600-h/daydreaming.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 95px; FLOAT: right; HEIGHT: 143px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5432066931915354546" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S2KUGCD18bI/AAAAAAAAASo/eDy0HdwkvZI/s200/daydreaming.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Muy en relación con esta imagen de niño despistado está el problema de que no nos escucha cuando le hablamos. Hay que llamarlo veinte veces para que venga, hay que repetirle las cosas otras tantas para que las haga, incluso parece que es incapaz de retener una instrucción sencilla sin decirnos al menos una vez ‘¿qué es lo que me habías dicho?’. Esto, aunque nos lo parezca, tampoco es un problema de déficit de atención. El origen vuelve a estar en el ritmo al que funciona su mente: hasta cuando parece que nuestro hijo está relajado sin hacer nada, tiene un millón de ideas y de proyectos fraguándose en su cabeza. Esto influye de manera decisiva en el interés con el que nuestro hijo nos atiende cuando (desde su punto de vista) lo que le estamos diciendo no es algo de una importancia tal que requiera que él abandone momentáneamente &lt;em&gt;su mundo&lt;/em&gt;. Nos escucha, pero prestándonos el mínimo de atención, ya que su mayor interés sigue pendiente de lo que sea que ocupa su mente en ese momento. De esta forma, es normal que se le olvide lo que le hemos dicho, o que incluso ni siquiera se dé cuenta que lo que le habíamos dicho era un simple ‘ven’, y ahí se queda tan tranquilo. Pero frente a esto, tenemos miles de ejemplos que nos demuestran que nuestro hijo ni es sordo, ni tiene problemas de atención, ya que cuando está escuchando algo a lo que él cree que debe prestarle atención, es capaz de recordar hasta los más mínimos detalles, llegando incluso a sorprendernos recordarnos cosas que nosotros habíamos dicho o acordándose, sin problemas, de las lecciones completas de Conocimiento del Medio sin haber mirado el libro ni por fuera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Por tanto, no es una cuestión de atención, sino de motivación. Si somos capaces de despertar el interés de nuestros hijos por algo, la atención está más que garantizada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l0 level1 lfo1" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;2.&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Otro tema que preocupa es el constante &lt;strong&gt;reto&lt;/strong&gt; al que nos someten nuestros hijos, que en ocasiones llega a una lucha abierta de igual a igual en la que los papeles de padres e hijos se desdibujan. Discutir con nuestro hijo no es malo, ya lo hemos comentado otras veces, es un recurso educativo que nos va a aportar más positivo que negativo siempre y cuando sepamos mantener el control de la situación. Ahora bien, cómo puedo controlarla. Lo primero que tengo que tener claro es cuales son las reglas de juego, es decir, todo no vale y eso a mí no se me puede olvidar&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S2KUtfdz-CI/AAAAAAAAASw/wsP2MbrJyT4/s1600-h/angry.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 143px; FLOAT: right; HEIGHT: 95px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5432067609823803426" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S2KUtfdz-CI/AAAAAAAAASw/wsP2MbrJyT4/s200/angry.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; a la hora de ponerme a discutir. Por ejemplo, evidentemente no vale que mi hijo me falte al respeto, y yo lo tengo que tener suficientemente claro como para frenar en seco la discusión en el momento en el que se sobrepasan esos límites. No podemos olvidar nuestra posición de privilegio. Somos los adultos, los padres, la autoridad y en nuestra mano está siempre la última decisión, así que si detectamos que el enfrentamiento con nuestro hijo se está escapando de nuestras manos, lo mejor es &lt;strong&gt;hacer valer nuestra posición&lt;/strong&gt; para zanjar el tema, ojo, no imponiendo nuestra postura (no queremos convertirnos en dictadores) sino aplazando la conversación para otro momento en el que la tensión sea más baja. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;En segundo lugar, para evitar que las discusiones con mi hijo se conviertan en una guerra, tengo que ser capaz de dar mi brazo a torcer cuando esto sea razonablemente posible. Si yo discuto con la intención de ganar siempre y sin condiciones, estoy enseñando a mi hijo a ser intolerante e inflexible y así es como él se va a comportar frente a nosotros. Volvemos a apelar a nuestra condición de adultos, somos lo suficientemente mayores como para ser capaces de controlar la tensión del enfrentamiento y no dejar de reconocer aquellos aspectos en los que nuestro hijo lleva razón. Si nosotros somos capaces de auto-controlarnos en el transcurso de la discusión, no dejándonos llevar por la ‘cólera’ y reconociéndole los aspectos en los que lleva razón (aunque sólo sea en parte) es más probable que nuestro hijo tampoco se descontrole, ya que todo se resume a un reto, si nosotros sacamos las armas pesadas ellos intentaran respondernos de igual a igual, en cambio, si somos más objetivos y nos mantenemos serenos a nuestro hijo le costará mucho más trabajo encontrar una excusa para levantarnos la voz o faltarnos al respeto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Y en tercer lugar y muy en relación con lo dicho antes, debemos ser capaces de&lt;strong&gt; reconocer nuestros errores&lt;/strong&gt;. Tendemos a pensar que nuestros hijos son terriblemente orgullosos, porque es casi imposible que reconozcan que no tienen razón, o más aún, que se han equivocado. Pero, ¿cuántas veces somos capaces nosotros de reconocerle a ellos que los equivocados éramos nosotros? Muchas veces, al hilo de una discusión, nos damos cuenta de algo que no debíamos haber dicho o, al menos, no haberlo dicho así. Sin embargo, como se trata de un enfrentamiento, nos mantenemos en nuestra posición sin dar un paso atrás; como mucho &lt;em&gt;re-explicamos&lt;/em&gt; lo que hemos dicho para intentar matizarlo, pero sin llegar a reconocer el error. Si somos maduros y no perdemos esa cualidad al discutir con nuestros hijos, debemos ser capaces de admitir los fallos, incluso llegando a pedir disculpas, porque no estoy discutiendo con un rival al que tengo que ganar a toda cosa, estoy hablando con mi hijo, y la finalidad de las discusiones que pueda tener con él no es que me haga caso o que me respete, la finalidad es educarlo y cada vez que discuto con él aprende a discutir y a enfrentarse a los demás. Así que si yo no soy maduro y no sé admitir mis errores, cómo los va a reconocer él que está aprendiendo de mí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Al fin y al cabo, la única clave para evitar que nuestros hijos se nos suban a las barbas es no perder nunca nuestra posición de padres (&lt;strong&gt;autoridad&lt;/strong&gt;) y sobre todo de adultos maduros (&lt;strong&gt;autocontrol&lt;/strong&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l0 level1 lfo1" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;3.&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Especialmente delicada es nuestra relación con el &lt;strong&gt;sistema educativo&lt;/strong&gt;. Pocos son los casos en los que el colegio atiende debidamente las necesidades de los niños con sobredotación. En los coles hay un desconocimiento preocupante y frecuentemente lo que intentan es mirar para otro lado y echar balones fuera. Como es natural, esto genera un gran desasosiego en nosotros (incluso más que en nuestros hijos) siendo uno de los motivos principales de ansiedad para los padres, al ser precisamente el sistema educativo (que es el que debía entendernos y apoyarnos) el que más nos desampara y abandona.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Esto es una realidad y no podemos negarla ni cambiarla radicalmente, por mucho que nos gustaría hacerlo o que sepamos que tenemos derecho a ello. Frente a esta realidad lo único ‘saludable’ que podemos hacer es asumirla para aprender a vivir con ella y así poder sacarle algún partido. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Pero, ¿qué significa eso de asumirla? Se trata de&lt;strong&gt; concienciarnos&lt;/strong&gt; de que lo que hay es lo que hay. Que con mucha suerte vamos a poder &lt;strong&gt;modificar ligeramente&lt;/strong&gt; algunas cositas, pero que la situación se va a mantener prácticamente igual. Si asumimos esto, es cierto que las cosas no van a mejorar en lo que respecta al trato que la escuela da a nuestros hijos, pero sí vamos a descargarnos del estrés que nos produce. Si parto de la idea de que el colegio no va a atender a nuestro hijo debidamente, cuando efectivamente no lo haga, ni me voy a sorprender, ni me voy a indignar. Si sé que el tutor no va a tener en cuenta las características especiales de nuestro hijo, cuando actúe como si no las tuviera, no me va a extrañar… Se trata de no seguir confiando en la escuela, por muy duro que parezca. No esperamos nada de ella, porque de quien nada se espera no te puede defraudar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Eso sí, que no espere milagros por parte del cole no significa que no esté pendiente de lo que pasa en él, lo que ocurre es que ahora en lugar de asistir a los desaciertos de la escuela como un sufridor externo, aunque parezca mentira, puedo asumir un papel más activo. Ahora cuando mi hijo me cuente algo ‘malo’ que ha pasado en clase, como ya no me sorprende porque me he concienciado que no van a hacer las cosas bien, en vez de enfadarme y estresarme, puedo cambiar mi punto de vista y en lugar de verlo como un problema verlo como una &lt;strong&gt;oportunidad&lt;/strong&gt;. Una oportunidad de entablar una dialogo con mi hijo sobre lo que ha pasado, sobre cómo actuó él, sobre qué puede hacer si vuelve a ocurrir algo parecido… y también por qué no, sobre lo injusta que es la sociedad en la que estamos obligados a vivir porque formamos parte de ella. Si estoy descompuesto porque han tratado mal a mi hijo difícilmente puedo estar a la altura de las circunstancias, sin embargo, si soy capaz de auto-controlarme porque tengo asumida la realidad, puedo sacar mucho provecho de los errores de la escuela.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l0 level1 lfo1" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;4.&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Son nuestros hijos &lt;strong&gt;reservados e introvertidos&lt;/strong&gt; por naturaleza? A veces nos da la sensación que nunca quieren contarnos nada, que nos ocultan cosas, que tienen miedo a que sepamos… Cualquier niño, independientemente de sus características personales, tiene secretos, cosas de las que no le gusta hablar y cosas que no cuenta porque son aburridas o no le apetece en ese momento. Eso es lo más normal del mundo. Ahora bien, deberíamos analizarnos un poco a nosotros mismos ya que, tanto miramos a nuestros hijos con lupa que al final vemos ‘problemas’ donde no los hay. Queremos que nuestro hijo nos cuenten todo, porque nos preocupamos por él, porque queremos mantener conversaciones, porque nos interesa… pero muchas veces, acabamos sometiéndolo a verdaderos interrogatorios y eso hace que si ya de antemano no tenía muchas ganas de hablar, ahora se sienta analizado, como si estuviéramos buscando algo, tratando de sonsacarle, y entonces es cuando evidentemente menos querrá hablar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Un caso claro de esto es cuando llegan del cole y queremos que nos cuenten todo lo que han hecho en la mañana. Si ya de por sí el cole no es lo que más les gusta, encima ponerse a recordar punto por punto todas esas actividades tediosas es prácticamente una tortura. Si hay algo interesante que contar seguro que no espera a que le preguntemos. Además hay que tener en cuenta que lo que es interesante para él, lo que le apetece contar, no tiene por qué ser lo que a nosotros nos parece interesante, por eso a nuestras preguntas es fácil que conteste de forma rápida y genérica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Si queremos mantener charlas con nuestros hijos en las que nos cuenten cosas de su día a día, en lugar de hacerlas unidireccionales (yo pregunto y tu contestas), tenemos que intentar mantener &lt;strong&gt;verdaderas conversaciones. &lt;/strong&gt;Por ejemplo, en vez de empezar con el mítico ‘¿qué has hecho hoy?’, podemos contarle nosotros cosas que nos han pasado esa mañana y de esa forma dar pie a un diálogo real.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Estas fueron básicamente las ideas principales sobre las que debatimos en la sesión, pero cada día que nos reunimos hablamos de muchas cosas que por un motivo u otro no quedan recogidas aquí, a pesar de ser tan enriquecedoras como las que sí aparecen. Por ello, os animo una vez más a asistir a las sesiones para beneficiaros de todo lo que allí se habla y para aportarnos vuestro punto de vista, vuestras ideas y vuestras dudas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Debido al calendario festivo de &lt;st1:personname productid="la Universidad" st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de Cádiz, la próxima sesión no tendrá lugar hasta el viernes 5 de marzo, como siempre a las 17:30 horas en el aula 20 b de &lt;st1:personname productid="la Facultad" st="on"&gt;la Facultad&lt;/st1:personname&gt; de Ciencias de &lt;st1:personname productid="la Educación. Ya" st="on"&gt;la Educación. Ya&lt;/st1:personname&gt; que vamos a tener tiempo de pensar antes de volver a vernos, os planteo un tema de cara a esa sesión: ¿NOS ENTENDEMOS MI HIJO Y YO? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Y para concretar os formulo las siguientes preguntas guía:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l1 level1 lfo2" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Yo entiendo a mi hijo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l1 level1 lfo2" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Qué no entiendo de él?, ¿cuándo no lo entiendo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l1 level1 lfo2" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Qué hago para entenderlo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l1 level1 lfo2" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Me entiende mi hijo a mí?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; TEXT-INDENT: -18pt; MARGIN: 0cm 0cm 0pt 36pt; mso-list: l1 level1 lfo2" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;-&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT: 7pt 'Times New Roman'"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;¿Cómo hago que me entienda?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: justify; MARGIN: 0cm 0cm 0pt" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;Para cualquier duda o consulta disponéis del Foro de ASUC o podéis mandar un correo a &lt;/span&gt;&lt;a href="mailto:jesusgarciagallardo@gmail.com"&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;"&gt;jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-6608413168272037552?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/6608413168272037552/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/01/esos-problemillas-del-dia-dia-despistes.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6608413168272037552'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6608413168272037552'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/01/esos-problemillas-del-dia-dia-despistes.html' title='Esos &quot;problemillas&quot; del día a día: despistes, retos, introversión y el cole.'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S2KUGCD18bI/AAAAAAAAASo/eDy0HdwkvZI/s72-c/daydreaming.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-9222182118319381425</id><published>2010-01-09T19:35:00.004+01:00</published><updated>2010-01-09T20:45:44.716+01:00</updated><title type='text'>CRITERIOS EDUCATIVOS</title><content type='html'>En la segunda sesión de nuestra Escuela de Padres en el presente curso seguimos realizando un autoanálisis de nuestra manera de ser padres. En esta ocasión tratamos de profundizar sobre los principios o criterios en los que se basa nuestra forma de actuar. Sólo reflexionando sobre nuestros planteamientos personales de &lt;strong&gt;lo que significa ser padre&lt;/strong&gt; y educar a un hijo, podemos llegar a replantearnos ciertas ideas para hacerlas evolucionar mejorando nuestra manera de ser padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todo lo que se comentó, que fue mucho, extraemos las siguientes ideas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1. SER PADRE&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Para desarrollar lo mejor posible mi función como padre, es necesario que sea plenamente consciente de lo que significa &lt;em&gt;ser padre&lt;/em&gt;. Existe desde hace tiempo una corriente muy en boga que pretende convertir al padre en un confidente, en un amigo, en un igual… pero con eso lo único que se consigue es mutilar nuestra función educativa y socializadora. Evidentemente todos queremos&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S0jRFY_60pI/AAAAAAAAASg/1oQPIidAlyw/s1600-h/parents.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5424815641707860626" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; CURSOR: hand; HEIGHT: 198px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S0jRFY_60pI/AAAAAAAAASg/1oQPIidAlyw/s200/parents.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; llevarnos lo mejor posible con nuestros hijos, pero en el afán por conseguirlo no podemos perder nuestro lugar en la jerarquía familiar. Como padres, somos &lt;strong&gt;referentes&lt;/strong&gt; indispensables para nuestros hijos y, aunque no suene agradable, representamos &lt;strong&gt;la autoridad&lt;/strong&gt;, la disciplina, las normas, los deberes… Esto no nos convierte en “sargentos”, nos convierte en padres. Si renunciamos a ser la autoridad familiar por miedo a que nuestro hijo nos vea como un ogro, no estaremos educando a un hijo, solamente lo estaremos criando (como se puede criar un animal, con mucho cariño, pero sin más perspectivas de futuro que la de estar vivo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, si no ejercemos habitualmente nuestro &lt;em&gt;ser padre&lt;/em&gt;, con todo lo que ello conlleva, es muy probable que cuando necesitemos ser normativos o ejercer autoridad con nuestros hijos, estos nos tomen muy poco en serio, ya que los hemos acostumbrado a que no reconozcan en nosotros esa potestad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2. CLARIDAD Y FIRMEZA &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Estas dos ideas van de la mano. Como padres debemos ser &lt;strong&gt;firmes en nuestras decisiones&lt;/strong&gt;, ya que nuestros hijos no deben vernos como personas arbitrarias que hacemos las cosas según nos viene en gana. Si tomamos una determinada decisión es porque ‘sabemos’ que es lo correcto, no porque seamos malos ni buenos. Y aquí es donde entra en juego la claridad. Sólo puedo ser firme en mis decisiones si verdaderamente estoy seguro de que lo que he decidido es lo más correcto, por tanto debo tener muy claro &lt;strong&gt;por qué tomo las decisiones&lt;/strong&gt; que tomo. Por ejemplo, si no quiero que mi hijo se acueste tarde es por un motivo (para que esté descansado, para que tenga buenos hábitos, para que no vea la tele a ciertas horas, para que me deje hacer las cosas de la casa…), pero ese motivo tengo que tenerlo suficientemente claro, tengo que estar tan seguro de que es bueno como para que las circunstancias no me hagan dudar y cambiar de opinión según el día. Porque si yo tengo un motivo para que mi hijo no se acueste tarde, pero cada dos por tres me lo estoy saltando, será que dicho motivo no me convence ni a mí mismo y por lo tanto ha llegado la hora de replanteárselo. Y esto es importante, porque sabemos que nuestros hijos son expertos en cuestionarnos todo lo que decidimos, así que si no reviso mis motivos y tomo decisiones sin estar muy seguro, sin tenerlo del todo claro, es muy fácil que al final nos ganen la pelea y acabemos dejándolos hacer y deshacer todas nuestras decisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, ser firme y tener las cosas claras no está reñido con la &lt;strong&gt;flexibilidad&lt;/strong&gt;. Como padres debemos practicar la empatía con nuestros hijos, pero no solo desde el punto de vista emocional para reír y llorar con ellos, sino también desde el punto de vista de sus necesidades. Muchas veces nuestros hijos discuten con nosotros sobre una decisión que hemos tomado y son capaces de argumentar de manera que nos hacen dudar si nuestra decisión es la más correcta. En casos así, como decíamos antes, lo primero que tenemos que hacer es cuestionarnos sobre nuestros motivos, si estoy convencido o no, pero después también debo analizar qué parte de razón lleva mi hijo, porque todos sabemos que los adultos también nos equivocamos (y mucho). Negociar con un hijo no es mal sistema, &lt;strong&gt;siempre y cuando las bases de la negociación las sienten los padres&lt;/strong&gt;. Es decir, no podemos negociar bajo sus condiciones, nosotros debemos mantener siempre la posición de privilegio en la negociación, porque si son ellos los que llevan las riendas nos acabarán manipulando a su antojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3. COHERENCIA&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Este es quizás el punto más importante. Como todos sabemos, se educa más con lo que se hace que con lo que se dice, así que si no somos capaces de &lt;strong&gt;respaldar nuestro discurso con nuestras acciones&lt;/strong&gt;, de poco servirán nuestros esfuerzos. Decirle a nuestro hijo que no nos levante la voz mientras nosotros nos desgañitamos resulta de lo más contraproducente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, debemos ser coherentes en nuestras decisiones. Si en circunstancias similares unas veces tomamos una decisión y otras veces la opuesta, lo que trasmitimos a nuestro hijo es que no tenemos criterio y que básicamente somos como una lotería que te puede tocar o no. Esto, desde el prisma de un niño, resulta tremendamente injusto y ya sabemos lo en serio que se toman nuestros hijos el tema de la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otro lado, la Coherencia no solo se limita al ámbito de la persona, sino que sobre todo afecta al ámbito de la pareja. Padres que se quitan la razón unos a otros, o que se ponen de parte del hijo frente al cónyuge, que cambian las decisiones tomadas desde la otra parte… son padres que ofrecen a sus hijos un sinfín de oportunidades para convertirse en los dueños y señores del hogar. Los padres deben funcionar como una &lt;strong&gt;unidad&lt;/strong&gt; frente a los hijos si quieren seguir siendo padres (con todo lo que eso significa). Para ello la única clave es la comunicación: hablar sobre lo que ha pasado y sobre lo que está por venir, clarificar juntos los motivos de las decisiones que se toman, no precipitarse a la hora de comunicar algo a los hijos madurando la idea los dos juntos y, sobre todo, apoyarse en las decisiones ya tomadas, aunque luego, en privado, se discuta sobre la idoneidad de las mismas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4. SER ADULTO &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Una persona adulta se supone que es aquella que es capaz de &lt;strong&gt;controlar sus impulsos&lt;/strong&gt; para expresarse y actuar de manera socialmente correcta. Pues bien, si como padres somos la referencia de nuestro hijo, es muy importante que ellos perciban en todo momento que no solo parecemos adultos, sino que lo somos. Los niños son niños, y como tal usan recursos propios de su edad como son las pataletas, el llanto, los gritos, etc. Sin embargo, nosotros somos adultos y por ello debemos ser capaces de mantenernos serenos para controlar la situación. Si actuamos como ‘histéricos’ que ante cualquier eventualidad pierden lo papeles, difícilmente ayudaremos a nuestro hijo a aprender cómo se pueden afrontar de manera saludable las situaciones a las que se tendrá que enfrentar en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero es importante que no vayamos de un extremo a otro. Ser adulto y tener &lt;strong&gt;autocontrol&lt;/strong&gt; no quiere decir que sea ‘pecado’ levantar la voz. En ocasiones, alzar la voz a nuestro hijo es un recurso tan válido como cualquier otro pero, como todo en la vida, debemos saberlo administrar. No debemos gritar a la primera de cambio, ni tratar de arreglarlo todo a golpe de voz, pero un grito dado con firmeza y seguridad en el momento oportuno puede mostrar a nuestro hijo que esta vez ha ido demasiado lejos y que esa discusión ha terminado. Por supuesto que un grito debe suponer el final de la conversación, ya que seguir más allá puede llevarnos a caer en un intercambio muy poco productivo. Además, no debemos olvidar que antes que padres somos personas, y que también estamos sujetos a nuestro estado de ánimo, por lo que una vez llegado a ese punto, es mejor zanjar el tema antes de que verdaderamente perdamos el control.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La próxima sesión (perteneciente al segundo trimestre) tendrá lugar el viernes 22 de enero a las 17:30 horas en el aula 20 b de la Facultad de Ciencias de la Educación. En esta ocasión no os planteamos ninguna pregunta de entrada pero sería interesante que pensarais aquellos temas de interés que os gustaría abordar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cualquier duda o consulta disponéis del Foro de ASUC o podéis mandar un correo a &lt;a href="mailto:jesusgarciagallardo@gmail.com"&gt;jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-9222182118319381425?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/9222182118319381425/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/01/criterios-educativos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/9222182118319381425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/9222182118319381425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2010/01/criterios-educativos.html' title='CRITERIOS EDUCATIVOS'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/S0jRFY_60pI/AAAAAAAAASg/1oQPIidAlyw/s72-c/parents.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-5593493396011228699</id><published>2009-11-14T19:53:00.002+01:00</published><updated>2009-11-14T19:59:00.953+01:00</updated><title type='text'>¿Somos exigentes, sobreprotectores y pacientes?</title><content type='html'>Empezamos el nuevo curso y, con él, las sesiones de nuestra Escuela de Padres. Este curso cambiamos la frecuencia y nos reuniremos una vez al mes. Esperamos contar con la participación de todos vosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta primera sesión analizamos cómo nos vemos a nosotros mismos como padres y madres. Para poder mejorar en nuestra labor paterna, lo primero que necesitamos es analizar nuestra forma de ser padres. Sabiendo cómo somos podremos descubrir en qué acertamos y en qué fallamos y de este modo podremos proponernos auténticos cambios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante la pregunta ¿cómo soy como padre?, la mayoría nos identificamos con los adjetivos EXIGENTE, SOBREPROTECTOR y PACIENTE.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA EXIGENCIA&lt;br /&gt;Nos sentimos en la necesidad de ser exigentes porque tememos que nuestros hijos no se desarrollen plenamente si no estamos encima de ellos. Tenemos miedo a lo que pueda pasar en la vida de nuestro hijo si bajamos la guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente, a nuestros hijos (como a cualquier niño) hay que exigirles. Todo niño se rige por la ley del mínimo esfuerzo, conseguir las cosas del modo más fácil nos gusta a todos, pero no siempre resulta efectivo. Por eso es importante que mantengamos un buen nivel de exigencias sobre nuestro hijo. Ahora bien, las altas capacidades de nuestros hijos no implican capacidades para todo, ni conocimiento y habilidades ilimitadas. Es fundamental que el nivel de exigencia este adaptado a la realidad del niño porque, si exigimos más de lo que nuestro hijo puede alcanzar, lo que estamos consiguiendo es, por un lado, vivir en un continuo estrés como padres y, por otro (y aún peor), generar en nuestro hijo la sensación de ser un fracasado, un incomprendido o un amargado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por muy especial que sea nuestro hijo, nunca debemos olvidar la edad que tiene y, aunque a veces sea capaz de hablar o actuar como un adulto, no podemos esperar de él una actitud de completa madurez, ya que por lógica no le corresponde. Y es en este punto donde entra en juego nuestro ‘ser padres’: ¿exigimos demasiado a nuestros hijos porque esperamos demasiado de ellos? O dicho de otra forma: ¿tenemos unas expectativas demasiado altas (o demasiado tempranas) sobre nuestros hijos? Es normal que queramos lo mejor para ellos, pero lo mejor no tienen por qué ser la perfección. Un niño que no comete errores, que no mete la pata, que siempre actúa correctamente… no es un niño, es un robot, y sabemos sobradamente que si nuestros hijos necesitan algo, por encima de cualquier cosa, es una atención especial y personalizada. Si pretendemos que en la escuela sean flexibles con nuestro hijo y se adapten a sus necesidades, ¿cómo es que como padres les exigimos ser cuasi perfectos y pretendemos que cumplan a rajatabla con nuestras expectativas? Expectativas, que suelen estar influenciadas por las recetas mágicas de ‘expertos’ que nos dicen desde cómo debe sentarse correctamente nuestro hijo en una silla, hasta a qué hora debe irse a la cama o cuánto tiempo debe dedicar al día a hacer la tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada niño es único, no existen recetas universales, por lo que nuestro ‘ser padres’ debe adaptarse a nuestro hijo y nunca al revés. No se trata de hacer lo que él quiera, sino de saber ser flexible con lo que le exigimos, del mismo modo que esperamos que en el cole lo sean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA SOBREPROTECCIÓN&lt;br /&gt;Rompamos de una vez el mito, proteger a nuestros hijos no es un error, es nuestra misión como padres. Un niño es un ser inmaduro y eso significa directamente que no está capacitado para desenvolverse por sí solo; de ahí que sea necesario que protejamos a nuestros hijos. No se puede ser mal padre por velar por el bienestar de un hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, nuestro deber es favorecer la evolución y desarrollo madurativo de nuestros hijos y, para ello, debemos de ir reduciendo progresivamente la protección que ejercemos sobre ellos. Más importante aún, debemos saber seleccionar sobre qué campos tenemos que aplicar dicho proteccionismo. Proteger a nuestro hijo de realizar las tareas propias de su higiene personal porque le resultan fastidiosas es limitarlo en su desarrollo. Peinarse o lavarse las manos, por mucho que sea una lata para ellos, es algo que deben aprender a hacer, lo mismo que deben aprender a vestirse, hacer su maleta, mantener ordenado su cuarto y tantas otras actividades que deben ir dominando progresivamente a lo largo de la infancia y adolescencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tratamos de proteger a nuestro hijo en todos los campos y siempre con la misma intensidad, estamos impidiendo que se valga por sí mismo, que tenga la capacidad de afrontar las situaciones de su vida. Proteger a un hijo significa darle cariño, prestarle atención, tratarlo con respeto, velar por su seguridad, ayudarlo en sus conflictos… no solucionarle los problemas para que él no se tenga que manchar las manos, eso no es proteger, ni sobreproteger, eso es limitar y mutilar su desarrollo personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA PACIENCIA&lt;br /&gt;Del mismo modo que todos asociamos sobreprotección con algo negativo, lo normal es entender paciencia como una virtud. Naturalmente que la paciencia es algo bueno e imprescindible en cualquier proceso educativo (ya sea en el cole o en la familia), pero, como todo en esta vida, debemos saber usarla y, sobre todo, no confundirla. Es fácil caer en el error de llamar paciencia a lo que no es ni más ni menos que permisividad. Si dejamos que nuestro hijo haga y deshaga a su antojo, que vulnere todo tipo de normas familiares o que tenga siempre la sartén por el mango con tal de no perder los nervios y darle un grito, no estamos haciendo un ejercicio de paciencia, sino de permisividad, de falta de autoridad y de descontrol de nuestra propia casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes hablábamos de la importancia de ser flexibles en las exigencias que hacemos a nuestros hijos, pero eso no puede desembocar en la no exigencia. Debemos tener claro qué cosas son fundamentales, que es lo que no se puede flexibilizar. Por mucho que queramos adaptarnos a nuestros hijos, a nadie se le ocurriría que si el niño se relaja pegándole al hermano, nosotros seamos flexibles y le permitamos agredirlo abiertamente. Hay cosas que tenemos que aprender a respetar desde pequeños y ante ellas no hay que ser pacientes y dar una y mil oportunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La paciencia es un arma muy útil cuando la usamos dentro de un proyecto, cuando nos marcamos un objetivo con nuestro hijo. Por ejemplo, el año pasado hablábamos de conseguir paulatinamente que nuestro hijo llegara a realizar todas las actividades propias de antes de ir al cole de forma autónoma, es decir, lavarse, vestirse, peinarse, desayunar… pues bien, aquí es donde debemos aplicar la paciencia. Queremos conseguir que nuestro hijo asuma una responsabilidad que hasta ahora no consideraba como suya, así que no podemos pretender que de un día a otro de repente ya lo haga todo y encima bien. Tenemos que ‘armarnos de paciencia’ e ir poco a poco consiguiendo pequeños logros, sin desfallecer en el intento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro punto clave donde la paciencia es nuestra mejor aliada es en nuestro carácter, en nuestra forma de expresarnos y relacionarnos con nuestro hijo. No hay nada que se diga enfadado que no se pueda decir relajadamente. Si queremos que nuestro hijo aprenda a comportarse y a relacionarse de forma saludable con los demás, tenemos que practicar con el ejemplo y ser capaces de mantenernos serenos aún en el peor de los casos. Esto no quiere decir que no riñamos ni castiguemos, incluso que demos un grito cuando sea necesario; de lo que se trata es de no vivir en la histeria, porque hasta cuando castigamos lo hacemos por un motivo más que justificado, no porque estemos descontrolados o iracundos, y eso también lo deben entender nuestros hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al hilo de esta última reflexión, planteamos aquí una cuestión para ahondar en la próxima sesión: ¿cuáles son mis criterios educativos como padre?, es decir, ¿en qué se basa mi proyecto educativo, por qué actúo como actúo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La próxima sesión tendrá lugar el viernes 4 de diciembre a las 17:30 horas en el aula 20 b de la Facultad de Ciencias de la Educación. Para cualquier duda o consulta disponéis del Foro de ASUC o podéis mandar un correo a &lt;a href="mailto:jesusgarciagallardo@gmail.com"&gt;jesusgarciagallardo@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-5593493396011228699?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/5593493396011228699/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/11/somos-exigentes-sobreprotectores-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/5593493396011228699'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/5593493396011228699'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/11/somos-exigentes-sobreprotectores-y.html' title='¿Somos exigentes, sobreprotectores y pacientes?'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-2152817427525970389</id><published>2009-06-02T23:19:00.003+02:00</published><updated>2009-06-02T23:45:56.216+02:00</updated><title type='text'>Nuestros objetivos como padres</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;En la pasada sesión de la Escuela iniciamos el trabajo sobre los objetivos que, como padres, nos marcamos en la educación de nuestros hijos. Fueron muchas las ideas que se comentaron y muy diversos los posibles objetivos que se plantearon, pero de todo lo que se habló podríamos destacar como primera conclusión relevante la siguiente: &lt;strong&gt;para poder alcanzar cualquier objetivo con nuestro hijo debemos empezar analizando nuestra propia labor como padres&lt;/strong&gt;. O lo que es lo mismo, si queremos conseguir resultados, las actuaciones se deben producir en nuestra manera de pensar y actuar. No sirve de nada aumentar nuestro nivel de exigencia sobre nuestros hijos si nuestro comportamiento como padres no favorece su correcto desarrollo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los objetivos que todos los asistentes consideramos básico es conseguir que nuestro hijo sea &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;autónomo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; en la realización de tareas relacionadas con la higiene personal, en las rutinas del día a día (levantarse para ir al cole, sentarse a la mesa a la hora de comer...). En este sentido volvemos a incidir sobre algunos asuntos que ya hemos comentado en anteriores ocasiones. Tenemos que hacer un esfuerzo por aprender a ver el mundo con los ojos de nuestros hijos. En la mayoría de los casos, las tareas rutinarias son obligaciones impuestas desde fuera, no necesidades que nuestro hijo percibe como algo suyo, algo personal. Llegan a ver este tipo de cosas como algo que hay que hacer porque papá y mamá quieren que lo haga, no porque realmente sean importantes o necesarias. Se podría decir que cuando lo hacen nos están haciendo un favor. Si nuestros hijos tienen esa forma de entender las tareas del día a día, en gran parte es porque nunca han experimentado qué ocurre cuando esas tareas no se realizan y eso pasa porque cuando dejan de hacerlas, siempre aparecen papá o mamá al rescate para hacer lo que ellos no han hecho. De este modo estamos fomentando la sensación de que no deben preocuparse por esas cosas tan aburridas, porque al final siempre salen adelante y no hay repercusiones negativas. Debemos dejar de poner el parche antes de que salga la herida. Si queremos que nuestros hijos sean autónomos ¿no deberíamos empezar a dejar &lt;strong&gt;que se ocupen solos de sus obligaciones&lt;/strong&gt;?&lt;br /&gt;Como ya comentamos en anteriores sesiones, se trata de empezar poco a poco a dejarlos solos frente a lo que es su responsabilidad. Desglosar las tareas cotidianas que queremos que hagan en pequeñas acciones nos puede ayudar a ir avanzando paso a paso en el camino de la autonomía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo objetivo sobre el que estuvimos debatiendo fue que nuestro hijo aprenda &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;el valor del esfuerzo&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;, que entienda que las cosas no son gratuitas y que hay que ganárselas. Todos estábamos de acuerdo en la importancia del esfuerzo, pero parece que resulta difícil fomentar en nuestro hijo ese valor cuando lo que está ocurriendo a su alrededor es que cada vez con más frecuencia se obtienen recompensas inmerecidas (ejemplo: te compro el último videojuego a pesar de las malas notas, o peor aún, te compro cualquier capricho para que te calles y dejes de protestar).&lt;br /&gt;Frente a una realidad como esta debemos tener claro que no podemos dudar. Estamos educando y si empezamos a cuestionar nuestros propios valores, mal empezamos. Como padres (como educadores) debemos ser coherentes y mantener firmes nuestros criterios. Sabemos de sobra lo que a nuestros hijos les indignan las injusticias. Cuando a su alrededor ven que a otros niños no se les exige igual que a ellos se sentirán contrariados, pero en ese momento debemos ser capaces de apelar a su lógica y su moral. Ellos saben que lo correcto es esforzarse para conseguir las cosas y saben que la que lo está haciendo mal es la otra familia y no la suya; por tanto, debemos ser sinceros con nuestro hijo y explicarle por qué actuamos de esa forma, por qué es importante que se gane las cosas. Si le argumentamos y razonamos nuestra negativa a un capricho (ya sea por ser tonto, excesivamente caro o inmerecido), nuestro hijo, como niño que es, tendrá un primer momento de disgusto, pero acabará entendiendo por qué lo hacemos, y eso es lo más importante: que nuestro hijo entienda por qué hacemos las cosas, que vea nuestra coherencia como padres (educadores).&lt;br /&gt;Del mismo modo que debemos argumentar y razonar a nuestro hijo las limitaciones ("no te dejo porque…", "no te lo compro porque…") también debemos argumentar con el mismo énfasis las recompensas ("esto te lo compro porque…", "sí puedes hacer eso porque…"). De esta forma nos aseguramos de que entiendan con claridad nuestros criterios.&lt;br /&gt;También puede resultar útil, cuando nuestro hijo se compare con los amigos a los que se lo dan todo sin esfuerzo, recordarle las cosas que sí tiene o de las que sí ha disfrutado, de manera que entienda que no es que a él se le niega todo por sistema, sino que las cosas llegan cuando tienen que llegar y que él es capaz de conseguir con su esfuerzo cualquier cosa que se proponga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tercer objetivo sobre el que reflexionamos hacía referencia a que nuestro hijo se tome la vida menos en serio, con menos gravedad, que sea &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;menos dramático&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. En este punto, volvemos a remitirnos a sesiones anteriores, cuando hablábamos de la importancia de saber escuchar a nuestros hijos para ayudarlos a desahogarse. Ideas como:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;dejarlo contar las cosas a su modo sin interrumpirlo (por muy extraña que nos parezca la historia o muy extremo su punto de vista),&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;no quitarle importancia a sus asuntos como si fueran tonterías (en todo caso hay que hacerlo de forma argumentada y con razones de peso),&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;plantearle cuestiones que le ayuden a verbalizar el problema para encontrar una solución (también nosotros podemos adoptar el papel de preguntar una y otra vez ‘por qué’),&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;retomar el tema cuando nuestro hijo ya lo haya olvidado (para analizar desde la distancia y la tranquilidad si realmente era tan importante y merecía la pena pasar ese mal rato)&lt;br /&gt;Son técnicas que debemos tener siempre presentes a la hora de ayudar a nuestro hijo en un momento de tensión, así como la infinita paciencia para dedicarle el tiempo que necesite en un momento de crisis, porque esa es la única manera de que se sienta comprendido y querido por encima de todo. Si nuestro hijo es lo más importante del mundo ¿por qué no vamos a dedicarle todo el tiempo que necesite en un momento tan delicado para él?&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p align="justify"&gt;El último de los objetivos sobre los que nos dio tiempo a conversar fue uno que constantemente iba apareciendo de forma secundaria en todos los demás. Queremos que nuestros hijos se respeten a sí mismos, que tengan una &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;sana autoestima&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. Para esto, hay dos pilares fundamentales: &lt;strong&gt;el testimonio vital de los padres, y la familia como santuario&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;Como padres (como educadores) somos la referencia principal de nuestro hijo. Es imposible fomentar en ellos la autoestima, el respeto por sí mismos y el querer a su propia persona, si nosotros no lo hacemos con nosotros mismos. Nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras inseguridades… forman parte de nuestra personalidad, de lo que somos y, por lo tanto, de lo que trasmitimos. Eso no quiere decir que forzosamente estemos perjudicando a nuestros hijos, sino que para ser buenos padres (educadores) debemos ser buenas personas, y una buena persona tiene que cuidarse, tiene que confiar en sí misma y tiene que quererse mucho. Ahora bien, nadie es perfecto, todos estamos en un proceso continuo de crecimiento personal y eso también deben saberlo nuestros hijos. Cuanto antes rompamos con la idea de "padres todopoderosos", menor será el conflicto de nuestros hijos al descubrir que somos humanos. Además, compartir con los hijos nuestras debilidades aporta un elemento más de unión y de identificación. Juntos podemos analizar ciertos problemas de unos y otros y juntos podemos encontrar soluciones. De algún modo también mostramos a nuestro hijo que no somos perfectos, pero que nos esforzamos por mejorarnos como personas, por ser más felices.&lt;br /&gt;En cuanto a la familia como santuario, debemos tener claro que la autoestima es algo personal, pero que no podemos construir sin interacción social. Es decir, mi autoestima depende de mis relaciones sociales. Sabemos que, por su sensibilidad, nuestros hijos están especialmente expuestos al desanimo y que en su entorno encuentran con mucha facilidad motivos para la tristeza. Es por esto que resulta fundamental que el clima familiar sea agradable. Por muy duro que haya sido el día para nuestro hijo, debe saber que al llegar a casa le espera un entorno en el que se siente seguro, protegido y sobre todo querido. La familia debe ser la "parada en boxes" donde nuestro hijo se recargue para los avatares de la vida. Pero ojo, favorecer el buen clima familiar no significa dejar que nuestro hijo sea el rey de la casa. No olvidemos la coherencia y los valores fundamentales de la educación de los que hablábamos antes. Se trata de darle su lugar en la familia, de hacerlo sentirse importante, de mostrarle que se cuenta con él para las cosas que se hacen en casa y que existe una confianza plena en él.&lt;br /&gt;Además de esto, es importante recordar que no debemos perder los estribos con nuestros hijos. Más vale echarle 3 o 4 pequeñas regañinas controladas que una única bronca sin control. Es cuestión de no esperar al límite. Mejor bajar el nivel de permisividad y actuar cuando aún no estamos enfadados del todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto con estos temas, fueron saliendo a lo largo de la sesión otros que quedan aquí recogidos:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nuestros hijos no tienen maldad: a menudo se llevan grandes desengaños porque confían en la bondad de todo el mundo. Esto va generando pequeños conflictos y lo pasan mal. Sin embargo, no podemos olvidar que son niños, y que emocionalmente aún no tienen madurez suficiente para afrontar ciertas cosas. Por sus características (por su sensibilidad), si vivieran desconfiando de todos y pensando que la gente es mala y actúa deliberadamente para hacer daño, estarían constantemente tristes y no querrían relacionarse con nadie. Conviene más un hijo inocentón que no ve la maldad en un compañero de clase que le ha dado una patada haciendo gimnasia, que un hijo sumido perpetuamente en la amargura de que el mundo en el que vive es malo.&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nuestros hijos se acaban resignando: para poder participar de ciertas actividades con los demás, pueden llegar a asumir papeles poco atractivos en el grupo (por ejemplo: siempre acaba siendo el portero porque nadie quiere que juegue en su equipo de fútbol). Podemos pensar que eso es cruel y que nuestro hijo no merece ese trato, pero la vida es difícil, y no siempre podemos conseguir las cosas que queremos. Desde el punto de vista social es importante que nuestros hijos aprendan que saber resignarse forma parte de la vida, y si en el colegio ya han empezado de forma espontánea a ‘adaptarse al medio’ ese es un camino que ya tienen recorrido.&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo que intentamos enseñar en casa choca frontalmente con lo que se vive en la calle: muchas veces podemos equivocarnos al ser muy radicales con las cosas que tratamos de enseñar a nuestro hijo, por ejemplo: no se pega. Pero por encima de todo debemos tener presente que la educación es un transmisión de valores y lo que enseñamos a nuestro hijo es un reflejo de esos valores. La paz y la no violencia son indiscutiblemente un valor fundamental que debemos inculcar a nuestros hijos. A veces, en el proceso podemos cometer pequeños errores, de forma que nuestro hijo tenga tan interiorizado que no se pega que ni siquiera se defiende cuando otros le atacan. De los errores se aprende. Podemos cambiar el planteamiento de la idea sin cambiar el fondo de la misma. Si en lugar de no se pega decimos a nuestro hijo que no empiece peleas pero que no deje que nunca nadie le pegue, seguimos en el campo de la paz y la no violencia pero además introducimos la idea de la autoprotección y por añadidura la autoestima. Si el mundo está loco, la culpa no la tiene nuestra escala de valores y nuestro hijo se merece recibir una educación plena y correcta.&lt;/div&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;p align="justify"&gt;La próxima sesión de la Escuela será el día 12 de Junio. En ella seguiremos trabajando sobre nuestros objetivos como padres (educadores). Espero que sigáis trayendo más posibles objetivos pensados de casa, porque es gracias a vuestra participación como podemos seguir trabajando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último os recuerdo que la página web tiene un foro (&lt;a href="http://www.asucadiz.es/foro/"&gt;http://www.asucadiz.es/foro/&lt;/a&gt;) que lleva varias semanas funcionando en el que existe un apartado para plantear dudas. Me consta que son muchas las cosas que os pasan por la cabeza, ya que cuando nos vemos a la entrada y salida del taller de Habilidades Sociales siempre hay alguna preguntilla que hacer. Os invito a usar el foro como recurso para plantearme a mí o a los demás padres las dudas que tengáis. De esta forma, no solo podré atenderos con más tiempo que los jueves, sino que además, otros papás pueden verse beneficiados al leer vuestras consultas. A fin de cuentas todos estamos en el mismo barco.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-2152817427525970389?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/2152817427525970389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/06/nuestros-objetivos-como-padres.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/2152817427525970389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/2152817427525970389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/06/nuestros-objetivos-como-padres.html' title='Nuestros objetivos como padres'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-1039676274125742179</id><published>2009-04-28T19:47:00.006+02:00</published><updated>2009-04-30T12:27:26.602+02:00</updated><title type='text'>Tres asuntos: la injusticia, nuestra interpretación de la realidad de nuestros hijos y cómo tratar con ellos su condición</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;Uno de los temas sobre los que profundizamos en la última reunión fue el de las&lt;strong&gt; &lt;span style="font-size:130%;"&gt;injusticias&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. Cuando los acontecimientos no se adaptan a lo que nuestros hijos consideran ‘lógico’ se sienten engañados, traicionados e incomprendidos, lo que genera en ellos un profundo malestar. Nuestros hijos necesitan entender cómo funciona el mundo y por eso, a edades muy tempranas ya tienen muy definida su propia escala de valores y su patrón de normas sociales. Pero como son niños, hay multitud de factores que se les escapan teniendo habitualmente una visión incompleta o idealizada de cómo debe ser el mundo. Es precisamente aquí donde se producen los conflictos, ya que ellos confían plenamente en su idea de cómo deben ser las cosas y cuando la realidad no se ajusta a sus expectativas lo viven como una ruptura de la norma, de lo que está bien. No tiene sentido para ellos que no se cumpla lo que es lógico.&lt;br /&gt;En un caso así, en el que el agobio surge a causa de una ‘injusticia’ (entre comillas porque no siempre son injusticias reales), lo primero que tenemos que hacer es intentar aclarar las cosas. Tenemos que pedir a nuestro hijo que se calme para poder explicarnos la situación en toda su dimensión. El simple hecho de que sea capaz de calmarse y de contar qué es lo que ha pasado (sin montar &lt;em&gt;una escenita&lt;/em&gt;) ya supone un gran paso adelante porque de ese modo le estaremos enseñando a afrontar los acontecimientos con mayor serenidad y a buscar el desahogo hacia fuera (contándole a otras personas lo que le pasa) y no hacia dentro (alimentando su ira y su angustia).&lt;br /&gt;Cuando nuestro hijo nos cuente con tranquilidad lo ocurrido será el momento de determinar hasta qué punto la injusticia es real o no o, dicho de otro modo, hasta qué punto nuestro hijo tiene razón. A veces, lo que a ellos les parece la mayor de las injusticias no es más que una diferencia de criterios o puntos de vista. En tal caso, lo que debemos hacer como padres es tratar de mostrar a nuestro hijo un enfoque completo de la situación, de modo que comprenda por qué ha pasado lo que ha pasado y, sobre todo, por qué las otras personas implicadas han actuado de esa manera. Esto último es importante, ya que hay que evitar que piensen que la gente actúa deliberadamente para hacerles daño o molestarles.&lt;br /&gt;Pero, muchas veces, lo que a nuestro hijo le parece una injusticia realmente lo es -el problema es que vivimos en una sociedad que no siempre es justa. En estos casos no podemos justificar las actuaciones de los otros implicados (no debemos quitarle la razón a nuestro hijo cuando es evidente que la tiene), sino que lo que tenemos que intentar es que sea capaz de asumir que las reglas del juego no siempre funcionan correctamente. Debemos enseñarles que la sociedad la conforman las personas, y las personas se equivocan, por tanto vivimos en un mundo imperfecto.&lt;br /&gt;Nuestro esfuerzo debe estar más encaminado al largo que al corto plazo. Las reacciones de angustia por las injusticias son difíciles de controlar, por eso nuestra meta debe ser que aprendan a aceptar que siempre van a encontrar en su vida cosas que no les gusten y eso no puede hundirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro de los temas abordados, más directamente relacionado con nosotros que con nuestros hijos, es el de la &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;interpretación&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;que hacemos de las cosas que les pasan&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. A veces caemos en el error de buscar un por qué a todo lo que tiene algo que ver con nuestros hijos y eso nos lleva a encontrar respuestas muy elaboradas pero no siempre correctas. Podemos analizar todo lo que hace nuestro hijo desde la óptica de la sobredotación, pero a veces la explicación a las cosas que le pasan a nuestro hijo es tan sencilla como que nuestro hijo es un niño y actúa con la inocencia propia de su edad.&lt;br /&gt;Por ejemplo, en la reunión del viernes discutimos largo y tendido sobre el motivo por el que nuestros hijos parecen tener un resorte en el brazo que se dispara en cuanto le hacen una pregunta. Formulamos cantidad de posibles explicaciones (ganas de destacar, ganarse al adulto, demostrar su conocimiento…) pero en la mayoría de los casos, nuestros hijos levantan la mano en clase (o en cualquier sitio donde les den la oportunidad) porque son niños. Esa es la explicación. Si alguien lanza una pregunta a un grupo y yo sé la respuesta, lo normal es que la conteste. Pues eso sumado al clima escolar, en el que se premia el aprendizaje y los conocimientos, hacen que nuestro hijo quiera contestar a todas las preguntas sencillamente porque sabe la respuesta.&lt;br /&gt;Otro ejemplo real. Nuestro hijo no quiere dormir en su habitación desde que llegó el hermanito que duerme en el dormitorio con nosotros. Podemos pensar en celos, terrores nocturnos, ansiedad de separación… Sin embargo la explicación que da nuestro hijo es que no quiere dormir solo, quiere dormir con su familia. Es normal que si todos duermen en la misma habitación él no quiera estar fuera de su familia.&lt;br /&gt;En definitiva, cuando buscamos la explicación a algo relacionado con nuestro hijo debemos empezar por analizar las explicaciones más sencillas, y en el caso de que no sirvan, entonces iremos a otras posibles causas. Pero, de entrada, debemos tener más empatía con nuestros hijos y para ello tenemos que perder el miedo a preguntarles por sus cosas y mantener conversaciones ‘adultas’ con ellos. No se trata de renunciar a nuestros roles de padre e hijo, sino de aprovechar sus características (saben hablar y explicar su postura) para solucionar los problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, el tercer gran tema que se trato en la reunión fue el de &lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;cómo, cuándo y cuánto contarle a nuestro hijo del tema de la sobredotación&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;. Partimos de la idea de que desde muy pequeños nuestros hijos ya perciben que no son como los demás. Ellos se sienten raros y necesitan saber que no les pasa nada malo, por lo que decirles que son sobredotados y que eso no es algo negativo es importante. Ahora bien, tampoco se trata de contarle de sopetón la historia ni de recordárselo todos los días. Como padres debemos saber cuándo nuestro hijo necesita mantener una conversación sobre el tema. A veces nos lo va a pedir directamente, formulándonos preguntas más o menos relacionadas con el tema. Otras veces la petición no será verbal, sino que nos lo hará saber por su estado de ánimo o su rendimiento; en ese caso seremos nosotros los que busquemos la conversación. De un modo u otro, lo importante es que nuestro hijo se acepte a sí mismo y que se valore positivamente, por lo que sus dudas sobre lo que significa ser sobredotado no deben ser un factor más que juegue en su contra.&lt;br /&gt;En cualquier caso, también debemos cuidar que de un extremo no se pase al otro, es decir, que nuestro hijo empiece a alardear de su ‘inteligencia’ frente a los demás niños. Esto también es una mala interpretación de lo que significa ser sobredotado, por ello también tenemos como padres que aclararle esa duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, recordar que la próxima sesión tendrá lugar el viernes 15 de Mayo, y en ella empezaremos a trabajar sobre los objetivos que nos marcamos como padres en la educación de nuestros hijos. Lo ideal es que cada uno llevemos de casa nuestra lista de objetivos (lo que quiero conseguir) para poder dedicarnos de pleno a trabajar sobre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-1039676274125742179?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/1039676274125742179/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/04/la-injusticia-nuestra-interpretacion-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/1039676274125742179'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/1039676274125742179'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/04/la-injusticia-nuestra-interpretacion-y.html' title='Tres asuntos: la injusticia, nuestra interpretación de la realidad de nuestros hijos y cómo tratar con ellos su condición'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-4704825771742579141</id><published>2009-03-25T00:06:00.002+01:00</published><updated>2009-03-25T00:14:37.181+01:00</updated><title type='text'>Dos temas que afectan al equilibrio emocional: la relación entre hermanos y el perfeccionismo</title><content type='html'>En la quinta sesión de nuestra Escuela de Padres tratamos de dar respuesta a una pregunta: ¿Cuáles son los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El objetivo era el de definir y delimitar las cosas que afectan negativamente a nuestro hijo, para buscar una manera de actuar ante cada de ellas. Muchos fueron los temas que detectamos como fuentes de conflicto, tantos, que tan sólo pudimos analizar en profundidad dos de ellos. De ese análisis extrajimos las siguientes pautas educativas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;La relación entre hermanos&lt;/strong&gt;: ya habíamos comentado en otra ocasión, que la relación entre los hermanos en una fuente inagotable de conflictos. Por regla general, el origen del problema suele estar en la &lt;em&gt;comparación&lt;/em&gt;. En función de su edad y de otras características, solemos tratar a cada uno de nuestros hijos de manera diferente. Parece lo más lógico, pero no podemos olvidar que en casa se mezclan dos mundos, el mundo adulto (representado por los papás) y el mundo de los niños. La lógica de ambos mundos no tiene por que ser la misma, de hecho rara vez coincide.&lt;br /&gt;Dentro de casa, frente a los padres que representan la autoridad, los hermanos se perciben entre ellos como iguales. Es por esa percepción por lo que les &lt;em&gt;resulta molesto que existan reglas ‘ventajosas’ para uno de ellos, normalmente para el menor&lt;/em&gt;. Solemos ser más permisivos y condescendientes con los hijos pequeños, porque son pequeños, pero eso supone un agravio comparativo para sus hermanos mayores. La culpa no es sólo de los hijos, ya que los padres frecuentemente hacemos comentarios y actuamos de manera que se refuerza la idea de la igualdad entre hermanos, pero luego ‘favorecemos’ al chico.&lt;br /&gt;Para evitar ser cómplices de esta ‘igualdad engañosa’ que luego se vuelve contra nosotros, debemos esforzarnos como padres en &lt;em&gt;diferenciar claramente lo que supone ser el mayor y ser el pequeño&lt;/em&gt;. Es decir, cuando no dejamos hacer algo a nuestros hijos pequeños por ser todavía pequeños, debemos recalcarlo y hacerlo público, de manera que nuestro hijo mayor se dé cuenta de que ser pequeño tiene sus inconvenientes. Cosas que él puede hacer por ser el hermano mayor, al pequeño no se le permiten. Si logramos que nuestro hijo mayor se dé cuenta en la práctica de que al pequeño también se le ‘discrimina’ por razón de edad, luego podemos recordárselo como contrapartida cuando él intente hacer algo impropio de sus años.&lt;br /&gt;Ahora bien, es importante que el mayor tome conciencia de esta diferencia de trato en función de la edad de manera práctica. Por mucho que lo digamos, las palabras se las lleva el viento, tiene que ver y experimentar directamente cómo al pequeño se le impide hacer ciertas cosas y cómo se le dice ‘NO porque eres demasiado pequeño’. Esa es la manera de que luego pueda aceptar un ‘NO porque eres demasiado grande’.&lt;br /&gt;Además, debemos cuidar mucho la &lt;em&gt;coherencia de nuestros actos&lt;/em&gt;, no podemos decir hoy que no y mañana que si aleatoriamente. Como padres, debemos ponernos de acuerdo en qué le está vetado al pequeño y qué al grande, porque si los límites no están bien definidos, a los ojos de nuestros hijos estaremos actuando de manera injusta y la medida dejará de tener valor. Así mismo, esta diferencia debe alcanzar a todos los aspectos de la vida familiar ya que no tendría sentido que para algunas cosas estemos hablando de grande-pequeño y para otras no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Las autoexigencias y el perfeccionismo&lt;/strong&gt;: otro aspecto que afecta a nuestros hijos es el nivel de exigencia al que se someten a sí mismos. Tienden a ser muy perfeccionistas con lo que les interesa y si no consiguen que las cosas salgan como ellos quieren se agobian. Lo conflictivo de este asunto es que su agobio puede llegar a ser excesivo, convirtiéndose para ellos en un gran ‘sufrimiento’. La manera que tenemos como padres de actuar frente a esto es la de trasmitir día a día a nuestro hijo que &lt;em&gt;los errores forman parte de la vida&lt;/em&gt;, que las cosas no siempre tienen que estar perfectas y que se puede ser muy feliz aunque algunas cosas no estén exactamente como nos gustaría. La manera de trasmitir esto a nuestros hijos es creyéndonoslo primero nosotros. Si en nuestra vida diaria somos menos exigentes con las cosas menos importantes y no respondemos con ansiedad ante los errores, estaremos ofreciendo a nuestros hijos un patrón de cómo afrontar la vida de manera más saludable.&lt;br /&gt;Otra manera para incidir sobre esto es la de volvernos preguntones. Se trata de darle la vuelta a la tortilla, nuestros hijos son expertos en preguntarlo todo y a nosotros nos toca siempre contestar. Cuando vemos que nuestro hijo se agobia con algo, que se está viendo superado por las circunstancias a causa de su excesiva autoexigencia, podemos usar la técnica de preguntarle todo lo que se nos ocurra al respecto (¿por qué te agobia tanto esto?, ¿qué has intentado hacer para resolver el problema?, ¿de verdad tienes prisa por acabar lo que estás haciendo?, ¿qué puedo hacer para ayudarte?...). La clave es tener agilidad mental para adaptar nuestra batería de preguntas a las respuestas que nos vaya dando y a su estado anímico. Al hacer preguntas, le ayudamos a darse cuenta de cosas de las que quizás no se haya dado cuenta por culpa del agobio. También le mostramos &lt;em&gt;nuestra disposición para ayudarle y nuestro interés por su preocupación&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Por último, en este mismo sentido, podemos trabajar con nuestro hijo el tema de la autoexigencia desde el punto de vista del calendario, ayudándole a &lt;em&gt;planificar bien su tiempo&lt;/em&gt;. Sentarnos con él cuando está tranquilo y hablar sobre sus planes a corto plazo, las cosas que le gustaría hacer, cómo va a organizar su tiempo para no agobiarse… es otro punto más de unión con nuestro hijo y una buena herramienta preventiva. Estas charlas organizativas nos brindan además una información muy útil para evaluar la evolución de nuestros hijos y para ayudarlos a ir mejorando, ya que si luego se agobian porque se ven saturados, podemos analizar en qué falló nuestra planificación inicial y aprender de esta forma a repartir mejor nuestro tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La próxima sesión de la Escuela de Padres será a la vuelta de semana santa. El día aún está por determinar, pero se avisará con tiempo, junto con el calendario de las sesiones de Habilidades Sociales para el tercer trimestre.&lt;br /&gt;Lo que sí podemos adelantar es que en la siguiente sesión seguiremos trabajando sobre los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos, y para ello recordamos la pregunta inicial para seguir reflexionando en casa:&lt;em&gt; ¿Cuáles son los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de esta cuestión, como vamos a tardar al menos tres o cuatro semanas en volver a reunirnos, os propongo otra actividad para realizarla en casa. En cualquier proceso educativo hay que marcarse unos objetivos, que son las cosas que pretendemos lograr con nuestras acciones como educadores. Los padres somos los primeros y principales educadores de los hijos y, aunque no solemos planteárnoslo formalmente, todos tenemos en nuestra cabeza los objetivos que nos gustaría alcanzar en la educación de nuestros hijos.&lt;br /&gt;Os propongo que intentéis poner por escrito las metas que os gustaría alcanzar, lo que queréis conseguir al educar a vuestros hijos. No se trata de escribir el manifiesto del padre perfecto, sino de volcar realmente vuestras inquietudes y deseos sobre el papel. Al fin y al cabo, hablar de objetivos no es más que responder a la pregunta ¿qué es lo que queremos conseguir como padres?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-4704825771742579141?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/4704825771742579141/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/dos-temas-que-afectan-al-equilibrio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/4704825771742579141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/4704825771742579141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/dos-temas-que-afectan-al-equilibrio.html' title='Dos temas que afectan al equilibrio emocional: la relación entre hermanos y el perfeccionismo'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-5541905660862396738</id><published>2009-03-16T13:28:00.002+01:00</published><updated>2009-03-18T20:26:37.917+01:00</updated><title type='text'>Más sobre emociones y sensibilidad</title><content type='html'>En la sesión del día 6 de Marzo estuvimos tratando el tema de las reacciones emocionales de nuestros hijos. Es un rasgo común en ellos la sensibilidad extrema, ya que si viven e interpretan las cosas que les pasan de un modo diferente al nuestro, también es normal que las sientan de una manera particular. Sobre esto hay que dejar claras una serie de ideas:&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Es normal que nuestros hijos vivan sus emociones de forma extrema&lt;/strong&gt;, es decir, que cuando algo les afecta negativamente lo sufran mucho, y cuando algo les resulta positivo también lo disfruten mucho. Por tanto, no debemos preocuparnos en exceso, ya que no les pasa nada malo. Insisto, es lo más normal del mundo.&lt;br /&gt;- Aunque a veces nos da la sensación de que predominan en ellos las emociones negativas y que éstas son las que aparecen con más frecuencia, no es así. Lo que ocurre es que son más fácilmente reconocibles. La angustia, la ira, la tristeza… las reconocemos enseguida, sin embargo en muchas ocasiones, la ilusión, la alegría, el amor… se manifiestan en nuestro hijo como un nerviosismo excesivo, como una reaparición de actitudes demasiado infantiles, como una sucesión de llamadas de atención… Por tanto, &lt;strong&gt;no es que nuestro hijo manifieste menos emociones positivas, sino que tenemos que aprender a leerlas entre líneas&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;- Sobre las emociones positivas, también es importante que seamos conscientes de que nuestros hijos &lt;strong&gt;no tienen que responder a los patrones sociales estándar&lt;/strong&gt;. A veces nos preocupamos porque creemos que no están a gusto, que no lo están pasando bien, que están incómodos… Todo porque desde nuestra perspectiva no están actuando como se supone que deberían hacerlo. Por su forma de ser y de vivir las cosas, muchas veces encuentran placer de maneras que nosotros quizás no entendemos. Por ejemplo, les gusta observar, eso no quiere decir que se sientan desplazados y que no sepan integrarse, sólo quiere decir que hay momentos en los que mirar lo que hacen otros les resulta gratificante y eso no es malo. No siempre tienen que estar participando con otros niños para disfrutar. Por sus características personales, también necesitan esos momentos de individualismo y si esos momentos individuales se van combinando con otros de grupo, no debemos preocuparnos.&lt;br /&gt;- El único problema real al que nos enfrentamos por culpa de la hipersensibilidad de nuestros hijos es que, al vivir tan intensamente, cada día se cargan de emociones, y tienen que aprender a manejarlas. Son niños, y aún les queda mucho que aprender sobre si mismos, por eso, muchas veces explotan sin una razón de peso y hacen un drama de algo aparentemente sin importancia. &lt;strong&gt;Necesitan válvulas de escape que les permitan desahogarse un poco de su sobrecarga emocional&lt;/strong&gt;. Es importante que les permitamos ese desahogo; liberar esas emociones, aunque sea de forma un poco descontrolada, les ayuda a serenarse y volver a tomar las riendas de si mismos. Poco a poco, con los años, nuestros hijos aprenderán a expresarse y desahogarse de un modo más correcto; entre tanto, lo mejor que podemos hacer en esos momentos de descontrol es mostrarles nuestro cariño y comprensión, hacerles sentir que no están solo y que los apoyamos.&lt;br /&gt;- Por tanto, &lt;strong&gt;la hipersensibilidad que poseen nuestros hijos no debe ser entendida por nosotros como algo negativo&lt;/strong&gt;. Es cierto que el ser más sensibles los hace vulnerables y sufren más que otros niños, pero la sensibilidad es un rasgo de la personalidad que puede convertirse en fuente de grandes satisfacciones. Cuanto más sensibles somos, y nuestros hijos lo son mucho, más facilidad tenemos para ponernos en el lugar de los otros y comprenderlos, identificarnos con sus problemas, sentir compasión por ellos, ser solidarios… en definitiva, la sensibilidad es la base de la empatía y la empatía es la puerta de las habilidades sociales. Por ello &lt;strong&gt;es fundamental que no reprimamos las expresiones sentimentales&lt;/strong&gt; de nuestros hijos, que no tratemos de afrontarlas quitándole importancia y que, también nosotros como adultos, seamos capaces de mostrarnos como personas que expresan sus sentimientos y que son capaces de reír y de llorar, de estar tristes y de estar alegres. Si en casa se expresan las emociones con normalidad y se habla sobre ellas, es más fácil que nuestro hijo aprenda a controlarlas y compartirlas con nosotros de una forma que no resulte dañina para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de estas ideas generales, durante la sesión surgieron algunos temas más concretos que nos sirvieron para elaborar la siguiente propuesta de pautas educativas:&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Saber ganar – saber perder&lt;/strong&gt;: por regla general nuestros hijos son “malos jugadores”, es decir, cuando ganan nos lo ‘recochinean’ y cuando pierden se enfadan o nos obligan a volver a jugar para ganar ellos. Eso sin mencionar los cambios de las reglas del juego que siempre les favorecen o las trampas más o menos descaradas. Lo primero que debemos hacer, si nuestro hijo tiende a actuar de esta forma, es hablar con él antes de empezar a jugar. Recordarle lo que ocurrió en ocasiones anteriores y decirle que no estamos dispuestos a que se repita esta vez; podemos, incluso, formular un ultimátum (si hoy vuelves a actuar como un “mal jugador” ya no volvemos a jugar hasta la semana que viene). Se trata, en definitiva, de prevenir antes de curar, de recordarle que jugar implica que se puede perder. Si a pesar de nuestra conversación previa nuestro hijo monta un numerito por haber perdido, no debemos dejar que nos manipule. Si tiene que llorar, pues que llore, pero debe aprender a aceptar una derrota y la única forma que existe para aprender a perder es perder muchas veces. Dejémoslo que se enfade por perder y cuando esté más tranquilo y se le haya pasado el mosqueo, será el momento de recordarle que por haber sido un “mal jugador” la próxima vez que quiera jugar no jugaremos, como ya le habíamos advertido. Esta dinámica es la misma que debemos seguir en caso de que gane y vuelva a ‘recochineárnoslo’. Otra estrategia que podemos usar es la de actuar de la misma forma que nuestro hijo ante la victoria y la derrota, es decir, reírnos de él si le ganamos y ponernos a lloriquear si perdemos. El objetivo es que nuestro hijo experimente lo que sienten los demás cuando él se comporta así; por tanto, tras un primer momento de parodia, debemos hablar con él sobre lo feo que está hacerle eso a los demás.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Juegos de hermanos&lt;/strong&gt;: si hay una persona con la que nuestro hijo tiene especial tendencia a los conflictos, esa persona es su hermano. Da igual que sea mayor o menor que él. Los hermanos, establecen entre ellos una relación diferente a todas las demás. Sentimentalmente están más unidos (aunque a veces parezca que se odian a muerte) y físicamente pasan más tiempo juntos que con cualquier otra persona (no olvidemos que comparten su intimidad). Además a esta relación peculiar hay que añadir otros factores familiares como los celos por la diferencia de trato que los padres damos al mayor y al pequeño. Aunque la diferencia de edad sea notable y en ocasiones el mayor sea capaz de actuar como un protector del pequeño, no debemos olvidar que, desde su punto de vista, ellos establecen una relación de iguales. Por eso les resulta tan molesto a los hermanos mayores que las culpas siempre parezcan recaer sobre él y que el pequeño siempre acabe saliéndose con la suya. Cuando nuestros hijos juegan, es normal que ocurran cosas que nosotros no entendemos o no aprobamos. Salvo causa de fuerza mayor, debemos dejar a nuestros hijos actuar con libertad. Dejarlos resolver sus conflictos por sí solos les ayuda a desarrollar su relación de hermanos, al tiempo que les aporta una experiencia social muy valiosa. Generalmente, cuando intervenimos en un conflicto entre nuestros hijos lo hacemos como justicieros que deciden qué es lo más correcto, no en función de lo que ha ocurrido, sino apelando a la edad como argumento más valioso. Incluso nos permitimos recriminar a nuestro hijo mayor por ello (‘con lo grande que eres’, ‘déjaselo a tu hermano, que es chico’, ‘¿no te das cuenta de que tu hermano es más pequeño?’). Con estas intervenciones acaba resultando peor el remedio que la enfermedad, ya que si dejamos que nuestros hijos resuelvan los conflictos por sí solos lo más normal es que sigan jugando, pero tras nuestra intervención justiciera es muy probable que exista un enfado y dejen de jugar juntos.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;¿Quién es el adulto?&lt;/strong&gt;: aunque ya hemos hecho algún comentario sobre este aspecto, volvemos a incidir sobre él. Nuestro hijo es un niño, pero no es como todos los niños. Normalmente a los niños los tratamos como lo que son, como niños, y eso supone que hay cosas que no les explicamos, cosas que no negociamos con ellos, cosas que no les permitimos hacer… En el caso de nuestros hijos, su capacidad de razonamiento y argumentación está más próxima a la del mundo adulto, y eso nos hace llegar a una reflexión: a los niños se les trata como a niños porque, por sus características, no se les puede tratar de otra manera. Si nuestros hijos, por sus características, no son como los demás niños ¿deberíamos dejar de tratarlos como niños? Evidentemente la respuesta a la pregunta es NO. Nuestros hijos son niños. Pero del mismo modo que nos gusta que las escuelas los traten de manera específica atendiendo a sus características particulares, también nosotros debemos ser consecuentes y tener en cuenta esas características. Debemos insistirle a nuestro hijo en la idea de que nosotros somos adultos y él no, y eso conlleva una serie de ventajas e inconvenientes. Hay que recordarle la edad que tiene y que por eso puede hacer ciertas cosas que cuando sea mayor no podrá. Tenemos que hablarle de los derechos y deberes que tiene por ser menor y de los derechos y deberes que tenemos los adultos. Pero, del mismo modo, debemos de admitir que hay cosas en las que debemos tratarlos como se merecen y argumentarle el porqué de las cosas que hacemos y de las normas que tenemos en casa.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;La educación sexual&lt;/strong&gt;: no existe un momento prefijado para hablarle a nuestro hijo de sexo. No hay unas edades mejores que otras. Lo único que sí está claro es que nuestros hijos son curiosos, y que cuando tienen una duda van a intentar encontrar una respuesta. De modo que si no la encuentra en casa, la buscará en otro lugar. No se trata de soltar un sermón a nuestro hijo antes de que sea tarde, sino de atender a sus cuestiones cuando lleguen de forma natural. Tarde o temprano, nuestro hijo escuchará o verá algo que le suscite dudas y posiblemente nos formulará cuestiones sobre el tema. Si vamos resolviendo esas dudas a medida que se van planteando, nuestro hijo tendrá una firme base de educación sexual, y cuando llegue a esa edad de la vergüenza en la que no quiera hablar esos temas con nosotros y prefiera buscar la información en otras fuentes, podremos estar tranquilos, sabiendo que las ideas iniciales sobre las que ha de construir todo lo demás son sólidas y correctas, porque las ‘plantamos’ nosotros. Debemos tratar los temas de forma espontánea, atendiendo a las cuestiones que él vaya planteando según lo que le interese en cada momento; así nos aseguraremos que lo que le decimos no caerá en saco roto.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Grabaciones&lt;/strong&gt;: para que una persona empiece a cambiar algo de su forma de ser o de actuar, lo primero que necesita es darse cuenta de qué es lo que tiene que cambiar. La mejor forma de darse cuenta es verse a uno mismo cometiendo un error. Para ello, podemos usar una cámara de video. Por ejemplo, en el caso que comentábamos antes del ‘mal jugador’, podemos grabar a nuestro hijo en sus actitudes al ganar o perder y luego, cuando esté tranquilo, revisar las imágenes con él. También podemos usar el sistema de grabación ante una reacción desmedida de nuestro hijo en la que esté montando un drama por algo sin importancia. En este caso podemos decirle que como ahora mismo no encuentra solución al problema puede grabarse y verse más tarde, para afrontar el problema con más tranquilidad. Enfrentar a nuestro hijo con sus propias rabietas puede ayudarle a analizarse y conocerse mejor y esto, sin duda, aporta un documento muy interesante para establecer un dialogo familiar del que sacar conclusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, de cara a la próxima sesión, que será el día 20 de marzo a las 17:15 horas, presentamos una cuestión que nos servirá como punto de partida:&lt;strong&gt;¿Cuáles son los temas concretos que afectan al equilibrio emocional de nuestros hijos? &lt;/strong&gt;(qué cosas les preocupan, les molestan, les hacen estar mal…)Aviso, no vale decir que a mi hijo le preocupan las injusticias, eso es un marco demasiado general. Vamos a intentar concretar, buscar los elementos conflictivos, esas cosas que realmente son las que afectan día a día. Insisto, cosas concretas, no grandes temas. Si somos capaces de descomponer las grandes preocupaciones en sus componentes más pequeños, posiblemente seamos capaces de encontrar pequeñas soluciones para esos grandes males.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-5541905660862396738?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/5541905660862396738/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/mas-sobre-emociones-y-sensibilidad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/5541905660862396738'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/5541905660862396738'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/mas-sobre-emociones-y-sensibilidad.html' title='Más sobre emociones y sensibilidad'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-1448672313255938907</id><published>2009-03-16T13:26:00.001+01:00</published><updated>2009-03-18T20:38:06.166+01:00</updated><title type='text'>Sensibilidad y emociones</title><content type='html'>Como ya habíamos anticipado, en la tercera sesión de la escuela de padres iniciamos el tema de la sensibilidad y el carácter de nuestros hijos. Este tema es bastante más abstracto que el de la responsabilidad, ya que no se trata de la realización de tareas ni de la manera en que nuestros hijos se organizan o asumen deberes. La sensibilidad y el carácter de nuestros hijos no se resume en cosas tan concretas. Tiene más que ver con su manera de relacionarse con el mundo, la forma en la que viven las cosas que le ocurren en el día a día, la expresión de sus emociones… y todo esto forma parte de la personalidad de nuestros hijos, por lo que se refleja en todas sus conductas y pensamientos.De cara a la próxima sesión, seguiremos profundizando en este tema dada su importancia pero, para ello, es fundamental que hagamos en casa un trabajo previo. Nuestra tarea será analizar cómo es nuestro hijo desde el punto de vista emocional, y para ello podemos centrarnos en tres cuestiones muy concretas:&lt;br /&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt; &lt;em&gt;¿Cómo expresa sus emociones? &lt;/em&gt;¿Sabe hacerlo? ¿En qué falla o qué le falta? ¿Qué parte hace bien? ¿Expresa sus emociones con libertad? ¿Se expresa igual con todo el mundo? ¿En qué notáis, como padres, si sabe o no expresar sus emociones?&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;em&gt; ¿Cómo afecta esa expresión emocional a su vida desde el punto de vista personal?&lt;/em&gt; (¿cómo creéis que se siente consigo mismo?, ¿cómo veis vosotros que afronta su vida?, ¿creéis que su emotividad le favorece o le limita como persona?...)&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;em&gt;¿Cómo le afecta desde el punto de vista social, en sus relaciones con los demás, incluidos nosotros?&lt;/em&gt; ¿Cómo vive sus relaciones sociales? ¿Cómo expresa su sentimientos hacia los demás? ¿Qué creéis que vuestro hijo necesita de los demás? ¿Cómo se relaciona con el mundo? Como ya hemos dicho en las anteriores sesiones, no se trata de hablar de teorías, sino de la realidad, por lo que es importante que al responder a estas preguntas vayamos recogiendo situaciones de nuestra vida diaria a modo de ejemplo para después poderlos analizar juntos. El objetivo de este ejercicio es el de ayudarnos a sacar a la luz la mayor cantidad de información posible, abriendo las puertas a todas las dudas que existan en relación con el tema y de paso facilitándonos un guión de trabajo para la próxima sesión.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;Por otro lado, de la última reunión de la escuela de padres, destacamos estas tres conclusiones como pautas educativas para analizar en casa:&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Expresión de la rabia&lt;/strong&gt;: es normal que nuestro hijo se sienta a veces tan agobiado por sus cosas que pierda el control y tenga una rabieta. Del mismo modo, es muy normal que en esa rabieta seamos sus padres el objetivo de la ira, no porque les hayamos hecho realmente algo, sino porque con nosotros se sienten más desinhibidos a la hora de expresarse emocionalmente. Ante una situación en la que nuestro hijo pierde el control, debemos predicar con el ejemplo. Si queremos que ellos desarrollen su autocontrol, no podemos perder los nervios, ni levantar la voz, ni que nos vean tan nerviosos como ellos. Si somos capaces de mantener la calma estaremos ofreciendo a nuestro hijo un modelo de ‘cómo se deben afrontar las cosas’ y al mismo tiempo, le estamos dando el espacio suficiente para que pueda desahogarse.Es importante que dejemos que nuestro hijo se desahogue, porque si tratamos de hacerle razonar en medio de una rabieta (o aún peor, si le reñimos por gritar, lloriquear o lo que sea), lo que estamos consiguiendo es justo el efecto contrario, que se sienta acosado, incomprendido, no respetado y por lo tanto, que encuentre más madera para avivar el fuego de la rabia. En cambio, si nos mostramos serenos y comprensivos, dejándole expresarse, lo más normal es que la rabieta se extinga por sí sola pasados los primeros momentos, entrando después en una segunda fase en la que dialogar con nuestro hijo será sensiblemente más fácil.Dentro de esa fase de desahogo de nuestro hijo, es posible que realice algún tipo de conducta física agresiva, como darle una patada a una puerta o un puñetazo a un mueble. Siempre que se trate de un fenómeno aislado, es decir, que nuestro hijo no tenga por costumbre hacerlo cada vez que se pone nervioso, debemos entenderlo como parte del desahogo y como tal, no intervenir. La idea es que tras el desahogo llegará la fase de dialogo en la que, por orden de importancia, se trataran varios temas: primero, cómo se encuentra; segundo, cuáles son los motivos que le llevaron a explotar de esa forma; y tercero, cómo debe expresar su ira. Es en este tercer punto de interés donde debemos reflexionar con él sobre la conveniencia de ir gritando o golpeando por causa de un enfado y juntos diseñar otras maneras mejores de expresar sus sentimientos.&lt;br /&gt;- &lt;strong&gt;Dar soluciones para todo&lt;/strong&gt;: estamos acostumbrados a que desde muy pequeños nuestros hijos nos traten como la fuente del conocimiento. Acuden a nosotros con todo tipo de cuestiones esperando encontrar la respuesta que les satisfaga. El problema es que hay respuestas que no tenemos, de hecho, hay respuestas que no puede tener nadie ya que son cuestiones de índole moral, espiritual o incluso que se escapan de cualquier clasificación posible. Con los años, al ser cada vez más las preguntas que no podemos contestar, podemos pasar de ser, a los ojos de nuestros hijos, inmensamente listos a ser inmensamente tontos. La mejor forma de evitar ese conflicto (con todo lo que puede conllevar) es ir enseñando desde pequeño a nuestro hijo que no tenemos todas las respuestas. No tiene nada de malo decirle a un hijo que no sabemos contestar a ciencia cierta a su pregunta y orientarlo a encontrar la solución en otro medio. Incluso, si nos comprometemos con nuestro hijo en la búsqueda de esa respuesta, estaremos consiguiendo enseñarlo a manejar las fuentes de información (libros, Internet, prensa…), estaremos compartiendo con él una actividad que le gusta, y de remate, también nosotros estaremos aprendiendo algunas cosillas, que eso a nadie le viene mal.También suele pasar, que cuando nuestros hijos nos cuentan algo que les preocupa a nivel personal o social, tendemos a buscar rápidamente un remedio o un buen consejo que solucione la cuestión. Incluso a veces, tenemos tantas ganas de solucionar la papeleta que ni siquiera llegamos a entender del todo que nuestro hijo lo único que quería era contárnoslo para desahogarse, no para que le arregláramos la vida. No está mal que demos opiniones a nuestros hijos sobre las cosas que nos cuentan, ni que les aconsejemos lo que creemos que deberían hacer, pero si realmente les preocupa lo que nos están contando, debemos permitirles que se expresen, que se sientan entendidos, que encuentren en nosotros a personas con las que puede hablar sin miedo a que los juzguen o les digan lo que tienen que hacer. Muchas veces nuestros hijos dejan de contarnos las cosas porque sienten que no les entendemos, incluso que ninguneamos sus problemas al querer solucionar con una o dos frases algo que para ellos es importante. A veces basta con ser comprensivo y demostrar empatía con nuestro hijo, aunque no le aportemos ningún remedio maravilloso a su problema.&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt; Hábitos de estudio&lt;/strong&gt;: por sus capacidades propias, es normal que nuestro hijo no necesite dedicar mucho tiempo a los estudios para sacar buenas notas. Esto se vuelve en nuestra contra, ya que, mientras que intentamos convencerles de la importancia de estudiar, ellos, sin hacerlo, sacan un sobresaliente, por lo que se refuerza inconscientemente su pensamiento de que no hace falta estudiar.Lo que nos interesa es que nuestros hijos aprendan, que aprueben y que desarrollen hábitos de estudio. Aprender y aprobar son objetivos que ellos suelen cumplir sin mucho esfuerzo, y en el caso de los hábitos de estudio, lo que tenemos que hacer es concienciar a nuestro hijo de que las materias que menos le gustan, las más feas, son las que verdaderamente debe trabajar. Todos sabemos que hay asignaturas que gustan a nuestros hijos más que otras. Generalmente el conocimiento del medio suele ser una de sus favoritas y por eso es muy fácil que saquen buenas notas en ella sin apenas dedicarle tiempo. Si nuestro objetivo es desarrollar en nuestros hijos hábitos de estudio, tiene más sentido que le hablemos de la importancia de estudiar las asignaturas que no le gustan, las que le resultan menos fáciles, en las que hay más probabilidad de que saquen menos nota. Si no quieren estudiar las otras, las que aprueban sin ni siquiera mirarlas, que no las toquen, porque el hábito de estudio ya se lo estamos trabajando con las asignaturas feas. De este modo se alcanzan los tres objetivos ya que aprender y aprobar ya lo hacen por sí solos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-1448672313255938907?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/1448672313255938907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/sensibilidad-y-emociones.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/1448672313255938907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/1448672313255938907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/sensibilidad-y-emociones.html' title='Sensibilidad y emociones'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-6614943157881688697</id><published>2009-03-16T13:21:00.001+01:00</published><updated>2009-03-18T20:43:01.568+01:00</updated><title type='text'>Más sobre la responsabilidad</title><content type='html'>De la segunda sesión de nuestra Escuela de Padres que dedicamos al tema de ‘La Responsabilidad’, se extrajeron las siguientes Pautas Educativas para su aplicación y análisis en casa:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1. La tarea&lt;/strong&gt;: esta Pauta es un complemento de la que fue propuesta en la primera sesión en relación con el fomento de la responsabilidad de nuestros hijos hacia las tareas escolares. La idea es que nuestros hijos se hagan responsables de hacer sus tareas del cole y para ello debemos conseguir que se acostumbren a trabajar en casa. Partimos de la idea de que a nadie le gusta ‘perder el tiempo’ haciendo la tarea, así que debemos facilitar este hecho lo más posible. Para ello tendremos en cuenta lo siguiente:&lt;br /&gt;- Lo importante es que nuestro hijo haga la tarea; es lo que queremos conseguir, por tanto vamos a centrarnos en eso y luego le trabajaremos otros aspectos menores.&lt;br /&gt;- Cuando llegue el momento de hacer la tarea, vamos a permitir a nuestro hijo sentirse cómodo. Forzarlo a que se siente correctamente, a que tenga la mesa ‘superordenada’, a que trabaje siempre en el mismo sitio… son aspectos que tienen relativa importancia, pero que podemos trabajar más adelante, cuando ya hayamos conseguido que tenga asumido el hábito de hacer la tarea. Incidir sobre esos temas lo único que consigue es ‘agobiar’ más a nuestro hijo. Pensadlo así: si nuestro hijo tiene que hacer algo que no le gusta ¿cómo será más fácil que lo haga, sintiéndose cómodo y libre, o encorsetado como si fuera un remero de una galera?&lt;br /&gt;- La tarea es algo que no suele gustar hacer, por tanto es algo que invita a las distracciones. Si para hacer la tarea nuestro hijo debe ‘recluirse’ en su cuarto en un mano a mano con los libros, en lugar de alejarlo de las distracciones lo estamos exponiendo a la mayor fuente de distracción posible, su imaginación. La soledad de su cuarto juega en su contra, porque allí puede dar rienda suelta a sus pensamientos casi sin darse cuenta. Además, si hacer la tarea significa tener que estar solo, estamos añadiendo más motivos para que no le gusta hacerla. No es malo que nuestro hijo pueda hacer sus tareas en el salón o en cualquier otro sitio de la casa.&lt;br /&gt;- Nuestros hijos nos quieren mucho y dependen emocionalmente de nosotros. Para ellos es muy importante sentirse queridos. La mejor forma de hacerles sentir ese amor es apoyarlos en los momentos menos agradables para ellos, y uno de esos momentos es la hora de hacer la tarea. Sentarnos con ellos y ofrecerles nuestra ayuda es el mejor camino para que trabajen en casa. Pero es importante el hecho de sentarnos. Si presto ayuda a mi hijo mientras estoy en mis quehaceres diarios (barriendo, planchando…) no es lo mismo. Si invertimos parte de nuestro tiempo en ayudarlos a hacer la tarea, ellos sienten que nos preocupamos y nos interesamos de verdad, ya que están compartiendo con nosotros una carga que para ellos es muy pesada.&lt;br /&gt;- Otra forma de compartir ese momento con nuestros hijos es la de organizar reuniones de trabajo. Si nosotros también tenemos ‘tarea’, cosas de nuestro trabajo que tengamos que hacer en casa, es muy positivo que todos nos sentemos juntos a trabajar. Cada uno está haciendo sus cosas, pero se crea un clima de trabajo y existe la posibilidad de pedirnos ayuda unos a otros. En este contexto es muy importante que lo que nosotros estemos haciendo se parezca a una tarea del cole, es decir, que sean cosas de papeles y libros. Si lo que estamos haciendo al lado de ellos es punto de cruz no tiene mucho aspecto de reunión de trabajo, no existe una identificación de su trabajo con el nuestro.&lt;br /&gt;- Tanto si nos sentamos a ayudar a nuestro hijo como si compartimos con él reuniones de trabajo, es muy importante que respetemos las pausas naturales. Nadie puede permanecer indefinidamente concentrado en una tarea y mucho menos un niño, por eso es importante que también compartamos con nuestro hijo los descansitos para desconectar y relajarnos un poco. Reírnos con él un rato es mucho más positivo que reñirle porque ha levantado la cabeza del cuaderno. Depende de nosotros como adultos el regular esas paraditas, para que no sean demasiado largas, ni demasiado frecuentes.&lt;br /&gt;- Además de listos, nuestros hijos son muy ‘listillos’, así que debemos andarnos con ojo a la hora de ayudarlos, ya que lo que van a intentar es que al final acabemos haciéndole la tarea. Es importante que les recordemos que les estamos ayudando, pero que la tarea es responsabilidad suya y que estamos dejando de hacer otras cosas por estar con ellos. No se trata de echárselo en cara, sino de que sean conscientes. Les ayudamos porque los queremos mucho, pero si ellos no aprovechan el tiempo, o nos quieren "dar coba", deben saber que tenemos otras muchas cosas que hacer.&lt;br /&gt;Podemos hacer uso de la famosa Campana de Gauss para establecer la temporalización del esfuerzo dedicado a las distintas materias, así como la cantidad de tiempo que deben invertir nuestros hijos en las mismas en función de sus intereses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5313760635372353154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 292px; CURSOR: hand; HEIGHT: 234px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/Sb5FJPTStoI/AAAAAAAAAKU/yD5L9I2QEKw/s320/fegauss.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2. Cosas de casa&lt;/strong&gt;: Si queremos que nuestro hijo empiece a asumir algunas tareas del hogar y colabore con nosotros en casa, no debemos convertir esa colaboraciones en imposiciones. Pedir ayuda a nuestros hijos afianza su autoestima en el hogar, ya que se sienten útiles y necesarios.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3. Paso a paso&lt;/strong&gt;: Tanto para las cosas de casa como para las responsabilidades más personales (las que decíamos que podíamos poner en la lista en la sesión anterior), debemos hacer como padres un trabajo previo. Antes de dar a nuestro hijo una responsabilidad debemos intentar desglosarla en responsabilidades más pequeñas. Cualquier proceso va evolucionando paso a paso; si saturamos a nuestro hijo con grandes responsabilidades lo estamos abocando al fracaso. Es más efectivo (aunque sea más lento) empezar por las cosas más sencillas, incluso insignificantes, y, paulatinamente, ir aumentando el nivel de dificultad de la responsabilidad. Es como un videojuego, nadie empieza por la última fase porque las primeras te van adiestrando para desarrollar la última con éxito.Un ejemplo para verlo claro lo encontramos en el momento de prepararse por la mañana para ir al cole. Si de un día para otro le exigimos a nuestro hijo que lo haga solo, es muy posible que se sienta desbordado y no lo haga correctamente. Sin embargo, podemos desglosarlo en responsabilidades menores como pueden ser asearse, vestirse, desayunar… e incluso dentro éstas podemos encontrar niveles. Así, asearse lo podemos dividir en lavarse la cara, peinarse… vestirse lo dividiríamos en ropa interior, ropa exterior, calzado… De lo que se trata es de hacer un camino que le haga ir evolucionando pero a un ritmo lógico. Si no sabe andar ¿cómo quieres que corra?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4. Orden y organización&lt;/strong&gt;: nuestros hijos suelen ser caóticos. Para ellos el orden no parece ser algo importante. Por mucho que les obliguemos a tener sus cosas en orden es difícil que consigamos que ellos interioricen la idea de que ser organizado es bueno. Siguiendo con la idea del paso a paso, no podemos conseguir que de la noche al día aprendan a tener ordenado su cuarto, pero sí podemos empezar por inculcarle la importancia del orden. Para ello, podemos fijar una frontera en la puerta de su cuarto. De puertas para dentro es su cuarto, su territorio, allí (dentro de lo que nos permita la lógica) puede hacer lo que quiera, pero de puertas para fuera convive con el resto de la familia y el orden sí es importante. Empezaremos por exigirle el orden en los espacios compartidos para luego ir conquistando poco a poco su habitación.En el caso de que nuestro hijo comparta habitación con su hermano, tenemos otro elemento para trabajar la importancia del orden para la convivencia. Seguro que hay problemas cuando uno coge las cosas del otro y las deja por ahí tiradas. Podemos usar esto a nuestro favor para establecer una serie de normas de organización de manera que ellos las vean como algo necesario.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5. El horario de nuestro hijo:&lt;/strong&gt; ¿Hemos calculado alguna vez cuánto tiempo real tienen nuestros hijos para ser niños? Durante la semana nuestros hijos tienen clases, actividades extraescolares, tarea para casa… y además tienen que comer, ducharse, dormir… ¿Cuánto tiempo les queda al día para ser niños y comportarse como tales? Os propongo que vosotros, no ellos, hagáis un horario semanal de vuestro hijo. Anotad en él las cosas que tiene que hacer vuestro hijo cada día y comprobad cuánto tiempo libre le queda. Seguramente existen pocos trabajadores con un horario más apretado que el de nuestros hijos. Encima, en esos ratitos libres, queremos que nuestros hijos sean responsables y que ordenen su cuarto y que empiecen a ayudar en casa y que traten bien a sus hermanos y que nos hagan caso…La propuesta es la siguiente. Intentad crear islotes de tiempo libre en el horario de vuestro hijo para que hagan en ellos lo que les dé la gana. No se trata de algo planificado y estructurado como si fuera una actividad más. Se trata de algo totalmente libre y flexible, como un niño. Da igual que los islotes de tiempo libre no sean siempre los mismos días a las mismas horas, lo que importa es que existan. Lo que sí es deseable es que esos islotes en el horario de nuestro hijo se correspondan con otros en nuestro propio horario. Así podremos compartir con ellos momentos de expansión y hacer juntos lo que nos apetezca en ese momento, lo que nos dé la gana. ¡Ya está bien de tanta planificación y estructuración, sintámonos libres y espontáneos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas son las Pautas Educativas que se extrajeron de la sesión del 6 de febrero, aunque no es lo mismo haber estado allí participando de su elaboración, que leerlas sin más. Por ello, invitamos a todo aquel que tenga alguna duda o quiera puntualizar algo a que añada un comentario a continuación, de manera que su duda pueda ser resuelta y todos nos beneficiemos al hacerlo de manera pública.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-6614943157881688697?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/6614943157881688697/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/mas-sobre-la-responsabilidad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6614943157881688697'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/6614943157881688697'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/mas-sobre-la-responsabilidad.html' title='Más sobre la responsabilidad'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_kSypjIrQaok/Sb5FJPTStoI/AAAAAAAAAKU/yD5L9I2QEKw/s72-c/fegauss.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4989020316896612768.post-2190687185594177095</id><published>2009-03-16T13:17:00.001+01:00</published><updated>2009-03-18T20:45:57.655+01:00</updated><title type='text'>Responsabilidad</title><content type='html'>Según acordamos en la primera sesión de nuestra Escuela de Padres, cada día empezaremos a trabajar comentando cómo nos ha ido la aplicación de las Pautas Educativas diseñadas en la sesión anterior. Se trata de comentar nuestra experiencia y de presentar y debatir nuevas ideas que poner en práctica. A continuación, nos centraremos en el tema del día. Cada sesión estará enfocada a un aspecto concreto. El tema será conocido de antemano y cada familia deberá traer de casa las dudas que tiene sobre él, así como algunos ejemplos reales que ilustren la conversación. Del análisis de los casos comentados y de la búsqueda de respuesta a las dudas planteadas, trataremos de extraer las conclusiones que nos ayuden a formular las Pautas Educativas que pondremos en práctica en la próxima quincena.&lt;br /&gt;Del trabajo realizado en la primera sesión, se extrajeron las siguientes Pautas Educativas para trabajar estas semanas:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1. Responsabilidades cotidianas&lt;/strong&gt;.Hacer con nuestro hijo una pequeña lista de cosas cotidianas de las que se pueda hacer responsable (es importante que sean cosas accesibles para él, realizables y que sean suyas, no responsabilidades familiares del hogar, sino totalmente personales), plasmar esas responsabilidades en un cartel y colocarlo en un lugar visible para él. Es fundamental que como padres hagamos dejación absoluta de lo que nuestro hijo haya asumido como responsabilidad, pues, de lo contrario, la medida no tendrá ningún efecto.Dejar el cartel durante una semana escolar y el fin de semana analizar con nuestro hijo cómo va la cosa. Es el momento de valorar si se cumple o no la responsabilidad asumida y, aún más importante, por qué motivos. También es momento de modificar la lista (ampliar, reducir o sustituir responsabilidades).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2. Responsabilidades escolares: la tarea. &lt;/strong&gt;Explicar a nuestro hijo que la tarea del cole es responsabilidad suya. Recordarle que tiene que hacerla y repasar con él qué cosas negativas pueden pasarle en el cole si no la hace, así como la parte positiva de hacerla. Es fundamental que la responsabilidad de nuestro hijo de hacer la tarea no la convirtamos en una responsabilidad nuestra. Debemos mostrarle interés por que la haga y preocupación por las consecuencias de no hacerla, pero hay que recordarles que los principales interesados en que la tarea esté hecha no somos los padres, sino ellos. Nosotros no somos el brazo ejecutor de lo que les mandan en el cole. Lo que queremos es que aprendan, que no los castiguen, que saquen buenas notas, que no les riñan…Jamás debemos perder los nervios y enfadarnos porque les cueste ponerse a hacer la tarea, si alguien se tiene que enfadar y reñirles es el profesor. Nosotros tenemos que ser dialogantes, comprensivos y pacientes. Se trata de convencerlos, no de forzarlos, y que nos vean como un apoyo, no como negrero.&lt;br /&gt;Siguiendo el sistema de trabajo diseñado, la próxima semana comentaremos cómo nos ha ido con la puesta en práctica de estas Pautas Educativas. De antemano os recuerdo que no existen recetas universales y que vosotros como padres sois los que mejor conocéis de qué pie cojean vuestros hijos, por lo tanto, estas Pautas no debéis entenderlas como un sistema infalible y estricto, sino que son una herramienta flexible a vuestro servicio, que debéis ajustar y adaptar como mejor os convenga para obtener los mejores resultados.No olvidéis que la educación de un niño es un proceso de ensayo y error, así que tened paciencia y tratad de ser tan creativos como vuestros hijos.La próxima sesión seguiremos trabajando el tema de la Responsabilidad en nuestros hijos, así que no olvidéis traer todas las dudas que tengáis sobre el tema, así como algunas situaciones que se den en casa y que puedan servir de ejemplo para analizarlo y comentarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4989020316896612768-2190687185594177095?l=asucadiz-escueladepadres.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/feeds/2190687185594177095/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/responsabilidad.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/2190687185594177095'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4989020316896612768/posts/default/2190687185594177095'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://asucadiz-escueladepadres.blogspot.com/2009/03/responsabilidad.html' title='Responsabilidad'/><author><name>asucadiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13790182848223557498</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
